martes, 25 de marzo de 2008

La Cueva y el Grupo de Barranquilla



"Ese no fue un tertuliadero literario ni na­da de esa vaina que se han inventado los cachacos con su prosopopeya seudointelectual. La Cueva era una tienda donde ven­dían yuca, arroz y manteca, y después Cerveza Águila cuando Álvaro la surtió.(…)

(…)Entonces surgió aquello de la tertulia, pero no se trataba de tertulias literarias ni artísticas, sino ro­neras. Allí lo que se consumía era ron en cantidades alarmantes y se hablaba pura mierda, mi hermano…Si, allí le mamábamos gallo a todo el mundo y hablábamos pura mierda, ni más ni menos. Nada de Faulkner, ni Joyce, ni Hemingway…Nada de Bach, Mozart o Beethoven. Allí lo que sonaba era la rumba, el son cubano, el cha cha cha, el ritmo tropical, Celia Cruz, el inquieto anacobero Daniel Santos…Y eso sí!…nada de vallenatos. En esos tiempos no existía esa vaina(...)

¿Qué es hablar mierda? Hablar mierda era lo que hacían en la Cueva de Barranquilla y es lo mismo que se hace en cualquier parte del mundo, cuando no quieres cargar sobre tu espalda los compromisos del acuerdo y las verdades. Cuando se habla mierda nadie tiene la razón (así dice en la entrada de la Cueva: "Aquí nadie tiene la razón"). La razón es lo primero que se pierde, debes renunciar a ella.

Cuando se habla mierda se parte de cualquier lugar y se llega a cualquier otro lugar, es como una navegación con piloto automático. Por lo general cuando se habla mierda no hay registros, simplemente quedan escombros, es como un vendaval sin rumbo. Cuando hablas mierda no hay límites, ni espacio, ni tiempo. Para hablar mierda hay que ser inteligente y serio. Hablar mierda no cansa y además te sientes poderoso.

Cuando se habla mierda no se pide la palabra, hablas cuando quieres y siempre puedes interrumpir. Pueden hablar todos al mismo tiempo y no pasa nada. Puedes irte por un rato y luego vuelves y puedes retomar la conversación sin pedir resúmenes o que te pongan al tanto. No necesitas conocer a nadie, simplemente te metes. Cuando se habla mierda de la pura, no hay discusiones ni peleas.

Hablar mierda genera altas dosis de endorfinas, por lo tanto ayuda al organismo. Hablar mierda fascina. Después de hablar mierda siempre se duerme bien. Hablar mierda es un arte porque puedes expresar percepciones y sensaciones que no son explicables de otro modo.