sábado, 28 de marzo de 2009

En las entrañas de la Sauria

AL CONVITE DE LOS HUEVOS –ALMUERZOS DE LA KALAMARY “Al contrario que el maíz, siempre en ocasiones escaseaba, la leche de nuestras cabras y vacas era siempre abundante.”
Nelson Mandela
Kalamary, por toponimia puede ser Sauria. Los que ahora hacen uso de la hegemonía en la ciudad, entran en diatriba por los catorce millones de huevos gestados en las entrañas de la Sauria. Son dos contendores, enfrentados en establecer condiciones para ceñirse las diademas que simbolizan el poder en la ciudad. Hay intereses sublimados de denarios anidados en la conciencia y en las entrañas de la Sauria. Afuera, esperan el parto de los catorce millones de huevos que calmarán la agonía de los que viven en el subsuelo navegado por la Sauria. Han pasado los meses de gestación y los seres embrionarios, potenciales almuerzos, entran a sufrir descomposición en sus estructuras. 
Pero sigue la contienda entre los seres que se han arrogado la decisión de dar salida del vientre de la Sauria a los huevos-almuerzos, subsanadores del hambre de los lisiados por diluvios de meses anteriores. Nada importa la condición famélica de los esperanzados, así se conozca el concepto científico de bromatólogos, fundamentados en la presencia de componentes determinantes para mejorar las condiciones alimenticias de los que subyacen en el mundo de la Sauria. 
Sólo basta la terquedad de dos seres hegemónicos que detentan los destinos de la Sauria. Ya se asoman fluidos purulentos de la descomposición de los catorce millones de huevos que anidan en las entrañas de la Sauria, pero nada importa para las conciencia de los esquilmadores e indolentes de la ciudad, ella tendrá que pagar con creces la demora culpable de los que tiran las monedas al aire, para obtener ganancias de aquel parto. Alumbramiento con derramen oneroso y peso de conciencia por las condiciones de los vulnerados por los desastres de las aguas desbordadas. Nada importa. Sauria es una ciudad refundada en el sacrificio, donde sus arcas, ovarios de ser iguanado, siempre han sido arrebatadas. 
La ignominia de contemplar la putrefacción de los catorce millones de huevos-almuerzos, que no llegaron a los estómagos de los que soportan el lastre de la Sauria se agiganta, cuando se crecen los costos de aquel magnicidio. Ahora se debe contener la acción de los olores fétidos que invaden la ciudad. Parece que se volviese a vivir, una de las tantas pestes que se han padecido siempre. Pero, aquí, hay, sólo dos culpables, que sus nombres deben ser sometidos al olvido y al castigo de nunca volver a aspirar a cargos oficiales en los organismo de la Sauria.
Los habitantes de Sauria, caminan en el olvido, han perdido el asombro, ante la placidez del descaro de estos gobernantes. No se inmutan ante la avidez de sus gobernantes y la terquedad por imponer sus ideas, así vayan contra el bienestar del pueblo.
Catorce millones de huevos-mercados, que incineran los gobernantes, para ofrecer a los dioses del hambre, para que los vencidos de los extramuros bailen al son de una champeta y sigan en el olvido de los gobernantes de la ciudad Sauria
Juan Vicente Gutiérrez Magallanes
Escritor cartagenero
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