sábado, 21 de mayo de 2011

"Vale más una cabeza bien hecha que una cabeza bien llena"

(...) la finalidad del aprendizaje no está en los contenidos, está en las estrategias con las cuales la escuela debe equipar la mente de los estudiantes para que accedan a la información.

“Vale más una cabeza bien hecha que una cabeza bien llena”, esta fue la tesis con que la UNESCO hace algunos años en un documento llamado “La Educación Encierra un Tesoro” planteó la finalidad de la Educación para el siglo XXI. En el marco de la didáctica de la filosofía escolar cabe justamente la aplicación de este principio si reconocemos que tradicionalmente en Colombia ha prevalecido la enseñanza bancaria de esta asignatura.
Al observar la escultura de “El Pensador” de Augusto Rodin se cree que el acto de pensar requiere de unas acciones especiales. Sin embargo, no es así. Para filosofar, por ejemplo, sólo basta estar vivo. Umberto Eco manifiesta que “un pensador piensa, pero no en los momentos dedicados al pensamiento. Piensa mientras coge una pera del árbol, mientras cruza la calle, mientras espera que el funcionario de turno le entregue un impuesto. Descartes pensaba mirando una estufa “. En este mismo sentido Husserl pide a los que comienzan a filosofar que se olviden de todo lo que saben y que simplemente, abran los ojos al mundo que sucede a su alrededor. Estos dos referentes plantean el mismo horizonte de la UNESCO: la finalidad del aprendizaje no está en los contenidos, está en las estrategias con las cuales la escuela debe equipar la mente de los estudiantes para que accedan a la información.

La filosofía, por ejemplo, surge del asombro inicial, del deslumbramiento interior que experimenta todo aquel que es capaz de ver el mundo que lo rodea como un misterio por resolver, en donde las cosas adquieren un sentido más profundo que el que se le otorga en la vida corriente. Así, entonces, la actitud filosófica permite plantear preguntas, tales como: ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Qué sentido tiene amar a otra persona? ¿Por qué algunos hombres entregan su vida por otros? ¿Qué hace más humano al hombre? Dar respuesta a interrogantes como estos constituye la ocupación principal del filósofo. Esta debe ser la misma ocupación de los jóvenes que asisten diariamente a nuestras aulas; sin embargo no es así. Todo porque los contenidos siguen siendo el centro del proceso educativo, y no las preguntas e incertidumbres que a ellos les preocupan como seres insertos en mundo que los condiciona y determina.

El legado con el cual cuenta la filosofía hoy ha sido el producto de una actitud especial humana. Por ello, hacer filosofía es un acto consciente que exige descubrir el sentido de lo que se hace, darse cuenta del porqué el hombre realiza cosas y la forma cómo las realiza; gracias a esta reflexión se construye la personalidad y la identidad humanas como actitud contraria a cualquier intento de absolutismo; pero inexplicablemente en Colombia llevamos años repitiendo contenidos en los salones de clases en contravía de esta actitud natural del hombre que rechaza la mismidad y la cosificación humana.

Ser filósofo hoy es un reto, un riesgo y una lucha; pues la sociedad contemporánea ofrece una multitud de modelos para imitar y espera que sean asimilados sin cuestionamientos. Esto obliga a las conciencias libres asumir un estilo particular de vivir la vida y ver las cosas. La reflexión como un develar constante de los problemas del mundo, del hombre y de Dios viene a ser el filosofar mismo. Esta actitud crítica y develadora del hombre hace que la filosofía, como un saber inacabado, se depure constantemente. Así, pues, el proceso de construcción de la filosofía es permanente y en espiral. Se parte de los mismos problemas, pero siempre se llega un poco más lejos, en una actitud constructiva permanente. Por ello enseñar filosofía no es llenar la cabeza de los estudiantes de nombres, de fechas y de sentencias filosóficas. Es, en cambio, despertar el entusiasmo en ellos y hacer que se apasionen por algo. Sin embargo en la realidad no ocurre así, ya que se ha impuesto la tesis que dice: VALE MÁS UNA CABEZA BIEN LLENA QUE UNA CABEZA BIEN HECHA.
Por: WILSON BLANCO NARVÁEZ. Coordinador en el INEM Cartagena de Indias puede escribirle a wilblanco4@hotmail.com