viernes, 3 de junio de 2011

Sangre de Deportista

MORON: ARTE Y GOL
Argumentos de Educacion y Pedagogia www.docenteinem.blogspot.comEl nombre de Jaime Morón León siempre será recordado por los cartageneros de las generaciones venideras, gracias a la loable idea de rebautizar al templo del fútbol local con su nombre, después de haber llevado por 45 años el del fundador de Cartagena, Pedro De Heredia, quien perdió a la hora de evaluar si valía la pena seguirlo conociendo con ese título. Reconozcamos que a Heredia en los últimos años su reputación cayó al suelo, después de los resultados obtenidos al escudriñar su vida de conquistador, la cual estuvo envuelta en muchos hechos dolosos y corruptos. El Concejo Municipal muy sabiamente, al momento de escoger los nombres para los nuevos escenarios deportivos construidos para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2006, aprovechó y desmontó al desnarigado español, para reconocer los sobrados méritos de Morón.

Jaime Morón, desde su nacimiento corría por sus venas sangre de deportista. Traía el paquete genético de su padre Alfonso Morón, lanzador destacado en el béisbol de la década de los años 30 en Cartagena. Hizo la hazaña de amarrar a la toletería dominicana en diciembre del 31 ganándole 2x1. El 26 de enero del año siguiente, jugando con la novena Kola Walter, le da no hit no run al Águila y a punto de dar juego perfecto sino concede una base por bolas. Hizo parte de la primera Selección Bolìvar, en 1935, a los Juegos Nacionales realizados en Barranquilla, y, fue integrante de aquel selecto grupo de lanzadores de aquella época que integraban Eugenio Díaz, Luis Cabarcas, Samuel Saltarín, “Venao” Flórez y Víctor Pedroza.

Pero su hijo Jaime el béisbol apenas lo vio, el baloncesto lo albergó por ratos, lo suyo primero fue el atletismo y luego el fútbol. Era rápido y ágil como la gacela, de contextura delgada y fibrosa, con talla y porte de atleta, sobre todo para las carreras de velocidad. Esa calidad de velocista era innata, hasta el punto que una vez cronometró 10’’4/10 en el hectómetro. Un entrenador samario, Andrés “Bolón” Acosta, lo vio por casualidad corriendo tras un balón bajo la canícula de un día cualquiera en esta ciudad y tuvo el pálpito que en la desgarbada figura de ese muchacho de rápido tranco como una gacela, que buscaba la portería contraria, con la cabeza gacha, había una promesa del balompié. Le vio inteligencia, habilidad para sortear a los contrarios, arte y magia en el tratamiento de la pelota, hambre de gol y un gran definidor.

Acosta lo llevó a la selección Bolìvar juvenil en 1967. Tenía 16 años cumplidos. Luego integró las oncenas del 68, 69 y 70, jugando al lado de Pedro Jurado, Cesar Poveda, Julio Rocha, Álvaro Àngulo, Pio Solano e Ildefonso Hoyos, entre otros. Pero muy pronto se casò con la gloria, y es llamado a integrar la selección nacional que participa en los Juegos Panamericanos realizados en Cali en 1971, ahí lo descubre Jaime Arroyave quien clava su profunda mirada en ese jugador espectacular y, el equipo Millonarios, el club màs ganador de Colombia es su siguiente paso, importante para la vida de cualquier futbolista en nuestro medio, en aquel entonces. Está en la misma nómina que integran “monstruos” como Alejandro Brand, Hermenegildo Segrera, Arturo Segovia, “Maravilla” Gamboa y Willington Ortiz. Estar en ella era un lujo que pocos se podían dar. Se convierte en un jugador màs técnico y màs funcional, logrando así que el éxito lo abrazara. Dejó de ser el “caballo” desbocado que muchos conocieron.

Es llamado a la tricolor para las eliminatorias olímpicas a Múnich 72 y allá lo encontramos, regresa a su Millonarios del alma y empiezan los triunfos, integra otra vez la selección, esta vez para las eliminatorias del mundial de Alemania, hasta 1974 que sale al Atlético Nacional y luego al Deportes Tolima, regresando como el hijo pródigo en el 77 a Bogotá en donde se mantiene hasta 1982. Al año siguiente juega con Quindío y cuelga sus guayos cuando apenas tenía 33 años de edad.

Fueron 322 partidos jugados en la rama profesional, llegando a perforar las vallas contrarias en 103 oportunidades. Fue campeón con Millonarios en 1972 y 78, participó en dos Copas Libertadores, con Colombia vistió 29 veces su camiseta anotando 12 veces.

Por RAÚL PORTO CABRALES
Especial para Docente INEM
Periodista, historiador, investigador,
escritor, docente universitario.
Miembro de la Academia de Historia de Cartagena
Correo alterno: rportoc@gmail.com