domingo, 11 de diciembre de 2011

LA MÚSICA DEL CARIBE COLOMBIANO

Por:
Jaime Camargo Franco

LA MÚSICA DEL CARIBE COLOMBIANO

“La música es como una lengua universal, que canta armoniosamente todas las sensaciones de la vida”.
Moliere
Jaime Eduardo Camargo Franco

La música es la organización de los sonidos en el tiempo; por ello se denomina el sonido organizado.

La música conlleva unas funciones sociales y estéticas dirigidas a las emociones humanas.
Antiguamente se dividía la Música de acuerdo a sus funciones. Posteriormente paso a rotularse como folklórica, Popular y Culta.

Lo folklórico hace referencia al saber del pueblo. Lo Popular obedece a propósitos económicos de venta, lo que le da un carácter pasajero, al depender de la moda (y hoy día del nefasto sistema de la “Payola”). Este rotulo de Popular confronta una categoría social opuesta a la elite, y conlleva un sentido de marginalidad, de vulgaridad. Para la sociedad de consumo mercantilista lo Popular es lo que vende, ya que el Capitalismo ha convertido todo en mercancía, de lo cual no se escapa la cultura, ni el arte y hasta la salud. Es así como hoy día lo Popular, ahora rotulado como “pop”, no es creado y realizado por el propio pueblo, sino que es manipulado por los magnates de la industria cultural, por lo que tal música debiera denominarse “pseudo popular”, ya que no es creada por el pueblo.

De otra parte, en este orden de ideas, lo “Culto”, a su vez, se identifica con lo selecto, contrapuesto en esta forma a lo Popular, lo vulgar. Es de recabar que esta conceptualización de los “ selecto “ es homologada con lo “ clásico”, cuando se quiere destacar lo “ culto” soslayando que la cultura no es otra cosa que lo que hace el ser humano en su cotidianidad; que es el registro de los acontecimientos cotidianos.

Retomando el concepto de Música, es de anotar que en ella intervienen cuatro (4) elementos básicos cuales son el ritmo, la melodía, la armonía y el timbre, constituyéndose el ritmo en su columna vertebral. La Música como sonido ordenado en el tiempo, se elabora dentro de un patrón rítmico. El ritmo es connatural a todo lo que suene. Musicalmente hablando no es otra cosa que la distribución aritmética de notas fuertes y débiles, de notas largas y cortas, a lo largo del tiempo.

Los instrumentos no son los que crean la Música. Es la Música la que crea a los instrumentos. Si la Música comenzó a manifestarse de algún modo, fue por medio de un instrumento rítmico percutivo, en este caso el tambor, el más universal de los instrumentos musicales, habida consideración de que la Música nació como una necesidad de comunicación; en las comunidades arcaicas, etnográficas, este fue el medio de comunicación más idóneo.

Ahora bien, el compás o cadencia de una pieza musical es cada uno de los periodos de tiempo iguales en que se marca el ritmo de una composición, cuya división natural viene indicada en el pentagrama por unas líneas verticales. El pentagrama es la renglonadura sobre la que se escribe la Música; está conformado por cinco (5) líneas, de ahí su nombre, cuya raíz etimológica “penta” significa cinco.

De otra parte, un acorde es el conjunto de tres (3) o mas sonidos diferentes combinados entre si.
Las notas musicales son (7) = (la, si, do, re, mi, fa, sol), y están ordenadas numéricamente, de donde a la nota LA le corresponde el numero y así sucesivamente.

A su vez las notas de la escala musical también se pueden ordenar alfabéticamente, lo cual nos da el siguiente patrón: = LA (A); SI (B); DO (C) y así continua. Estas letras tienen como función determinar en el pentagrama lo que se denomina como Clave de las notas (ya que hay otras acepciones para esta palabra), o sea el nombre de estas. De las siete (7) notas de la escala musical solo tres (3) poseen claves, así: DO tiene cuatro (4); FA dos (2) y SOL (1), para siete (7) claves en total.

Ahora bien, la G ( que en ordenamiento de las notas musicales por medio del uso de letras le corresponde la clave de SOL) está representada gráficamente en forma arábigamente estilizada ( barroca, si se quiere) por el siguiente símbolo : ; éste se ha popularizado en tal forma que cuando se quiere representar a “ lo musical”, este es el icono que se usa para tales efectos, quizá porque esa G es la de la “ gustadera” ; “ gozadera” , “gozón”; “ guaguancó”; “ guaracha “; “guacherna”; y “ guantanamera “. Clave de SOL que calienta la Música, nuestra música Antillana, que la hace girar alrededor del ritmo.

La Música de los pueblos va pareja a la danza, al baile, y estos se ejecutan de acuerdo al ritmo, y no a su melodía. La característica sobresaliente de la música caribeña es el ritmo. Lo que mejor representa al ritmo es el mar, en su flujo y reflujo; o al corazón, en igual función sincopada. Nuestro Mar Corazón, el Caribe, en su sístole concentra todas las variedades de ritmos de su entorno, para expelerlos y expandirlos en su diástole, transformados en miríadas de “átomos sonoros” dispersados por las brisas coquetas que se cuelan vagabundas entre el rosario de las alucinantes islas que lo conforman. Es así como es Mare Nostrum Americano desempeña un movimiento ordenador.

La cara alegre, festiva de nuestra amada Colombia (aun en estos desdichados momentos que tienden a destrozar a nuestro bello y entrañable país), está representada en su litoral norte, salpicado por ese Mar de ensueño.

Cada uno de los integrantes del hombre trietnico colombiano (que es rotulado, muchas veces peyorativamente, como “costeño”, como si Colombia no poseyera sino una sola costa que la distinguiera) está dotado de un rico bagaje musical. Los pobladores prehispánicos que habitaron nuestra región usaron un variado surtido de instrumentos musicales, dentro de los cuales cabe citar ocarinas, maracas, flautas, sonajeros, trompetas, campanillas, cascabeles y tambores. Con relación a la cultura Sinu es de destacar la pareja de gaitas que hoy encontramos presentes en la batería organológica del conjunto zambo de la cumbia, cuyo indigenismo (al igual que el de nuestro sombrero “vueltiao”, hoy convertido en símbolo de colombianidad) esta refrendado en piezas de cerámica pre- colombinas, en las cuales quedo plasmada su presencia y origen.

En cuanto a los Tayronas, los cronistas del “descubrimiento” y la colonia nos describen la existencia de “tambores hechos de un tronco vacuo de arboles gruesos”, de flautas hechas con la “canillas de los indios muertos, y trompetas de caracoles marinos”. Así mismo, es de poner de resalto la belleza de los pitos y silbatos elaborados en cerámica, notables por la belleza de su forma y decoración, como índice del grado de desarrollo cultural que habían alcanzado.

El principal aporte de los hispanos estuvo representado en la “vihuela del pueblo”, de cuatro órdenes dobles, instrumento muy popular en España en el siglo XVI, de la cual, en su evolución, devino la guitarra; tal aporte es complemento, analizado globalmente, con los modos poéticos y letristicos que facilitaron la supervivencia de la décima y el romance. En el marco de este análisis general cabe recabar en la figura de Juan Pérez Materano, “Josquin en Música” al decir de Don Juan de castellanos, quien a su arribo a Cartagena de Indias en 1537 fue chantre de la recién construida catedral de la ciudad. A Juan Pérez Materano o (Maturana) se debe el libro más antiguo sobre música escrito en las Indias, titulado “Canto de Órgano y Canto Llano”. Pérez fue Getsemaniense, y murió el 27 de Noviembre de 1561.

Para rematar esta coletilla, cabe anotar que por nuestra ciudad entraron los cuatro instrumentos musicales más importantes de la colonia, cuales fueron la viola pomposa, la chirimía tenor, (antecesor del oboe) y el bajón.

Por último, en cuanto a los bantú que los practicantes del mas oprobioso y deshonroso comercio cual fue el de la trata esclavista, dispersaron por la inmensa llanura caribeña colombiana, fueron los que a la larga configuraron el “estilo” y el “sonido” costeño centrado principalmente en el ritmo, a cargo de sus diversos y variados tambores.

Antes de ocuparnos de la parte pertinente al desarrollo de nuestra música vernácula, vamos a detenernos en clasificar los conceptos referentes a Folklore, Tradición, Música Vernácula, Autóctona y Popular.
El Folklore, rama de la Antropología, “es la ciencia del saber popular”; esta palabra y su concepto socio- cultural fue acuñada en 1846 por William John Thoms; analizada etimológicamente viene de Folk = Pueblo (concepto referente al conglomerado social protagonista y gestor del Folklor), y Lore, el saber del pueblo. Unamuno decía de él que es la infrahistoria de un pueblo.

Así mismo es de recabar que en general el concepto de Pueblo se refiere a las masas populares, a la base de la sociedad. Tal concepto tiene distintas connotaciones, de acuerdo con la óptica con que se mire: para el economista corresponde a las clases bajas de la sociedad, de escasos recursos económicos; para el aristócrata corresponde a las clases bajas y miserables de la escala social; para el político, pueblo es el sujeto de la relación entre gobernantes y gobernados; para el intelectual corresponde los grupos menos instruidos, analfabetas, y miserables; para el sacerdote es el sujeto que se une para religarse con Dios, mientras que para el jurista, el pueblo es el conjunto de individuos ubicados en un medio geográfico bajo un gobierno propio y dotado de determinados derechos civiles y políticos.

Ahora bien, una sociedad está caracterizada por un sistema de vigencias comunes tales como creencias, usos, costumbres, ideas, etc.

Los hechos que forman parte de estas vigencias pueden ser institucionalizados, popularizados o folklorizados. Un hecho para que sea folklórico debe ser siempre:
a- anónimo.
b- tradicional.
c- oral (no escrito).
d- popular.
e- de vigencia social (colectivo, socializado).
f- empírico (no institucionalizado).
g- localizado (regional).
h- funcional.

La música Folklórica es vernácula (o sea nativa, terrígena); autóctona ( o sea originaria del país) y tradicional, como supérstite del pasado.

La esencia de lo “tradicional” es su continuidad y permanencia. Por eso Hartland dice que el “Folklore es la ciencia de la Tradición”.

Con base en esto fue que Thoms señalo que este debe entenderse como “el saber tradicional del pueblo”. De otra parte, según Imbelloni, el vocablo Tradición (derivado del latín “trado” = entrega) es el abstracto operativo del verbo “tradere”, por lo que Tradición nos indica con propiedad un objeto, sino la acción de su transferencia. Por lo que en relación con la “transmisión” en el folklore, la Tradición indica el mecanismo por el cual heredamos los bienes y las ideas que fueron propios de nuestros mayores. Estas glosas las he considerado necesarias para enfatizar que todo lo tradicional no es folklórico, como tampoco lo sea lo Popular. La Música Popular es aquella que es creada espontáneamente por compositores del pueblo, que no está sujeta a ninguna regla fija de teorías tradicionales, pero que no obstante a veces caen dentro de normas establecidas por un instinto especial que predomina en los autores de esos estilos.

Esta clase de música que cobija a sectores amplios, pero que no representa o expresa el modo de sentir de un grupo, aunque es acogida rápidamente por el pueblo, tiene, no obstante, una vigencia pasajera. Lo más deficiente de estas composiciones es la armonía, que por lo general no se ajusta a ninguna formalidad. En cuanto a la letra, también adolece muchas veces de poseer calidad literaria. Sin embargo, si una composición que se ponga de moda resulta acorde con los valores culturales del pueblo, se podrá trocar con un hecho folklórico, ya que la Música folklórica se refiere no propiamente la obra en particular, sino al conjunto del sistema rítmico, tonal, y armónico en que se articula.

Como resumen de todo lo anteriormente expuesto, el Folklor es el “estudio de las supervivencias
( o pervivencias) “, entendiéndose por supervivencias (o sur vivals) como aquello que sobrevive, lo que vive hoy, que pertenece al pasado.

Como hitos sobresalientes en el desarrollo y conformación de nuestra música costeña cabe anotar la fundación en 1886, aquí en nuestro “ corralito de piedra’, de la Orquesta de Andrés Fortich Gómez, que fue la primera orquesta de baile de la localidad. En 1918 el contrabajista Francisco Lorduy, Benito Revollo fundo también aquí en Cartagena de Indias la orquesta de los hermanos Lorduy; este colectivo adopto en 1923 el formato organológico conocido como Jazz Band, el cual se basa en una batería (o drums) , un bajo y un piano que armonizan la parte rítmica, descansando el peso melódico en dos trompetas, dos saxos y un trombón. De este modo la Jazz Band Lorduy se constituyo, con la Sagua Jazz Band de Cuba fundada en 1920, así como con la Cuban Jazz Band, dirigida por Jaime Prats, fundada en 1922, en una de las bandas pioneras en adoptar tal formato orquestal allende Nueva Orleans, en donde en 1917 había sido creado, y que habría de tener tanta vigencia y trascendencia.

A la Jazz Band de Lorduy ( esa famosa orquesta sin antecedentes en la historia orquestal del Caribe Colombiano, se debe el que de una u otra forma nacieran los cuadros musicales multiplicantes que posteriormente estuvieron representados en músicos de la talla de un Francisco de Asís Galán Blano ( Pacho Galán), Pompilio Rodríguez, Pedro Biava, Rufo Garrido Gómez, Luis Eduardo Bermúdez Acosta ( Lucho Bermúdez), Lalo Orozco, y Clímaco Sarmiento, Antonio María Peñaloza Cervantes, entre otros).

Como integrantes de la orquesta de los hermanos Lorduy cabe destacar la presencia de tres figuras cimeras de nuestra música, como son Ángel María Camacho y Cano (Arenal - San Estanislao de Kotscka - Bolívar 1901- 1993). Adolfo Mejía Navarro (Sincé - Sucre 1905- 1973) y Ladis lao Francisco Orozco Figueroa (Cartagena), que hicieron parte de la “primera oleada” de músicos latinos que en los años 20 posesionaron la música caribeña en Nueva York. Su labor fue tan meritoria que son los únicos músicos colombianos que tienen el honor de aparecer en la famosa obra de Richard K. Spoottwood “Ethnic Music on Records - A Siscography of Tehnic Recording Produced in the United States 1893 - 1942 (Música Étnica en Discos: Una discografía de grabaciones étnicas producida en los Estados Unidos en 1893-1942), que contiene en seis (6) volúmenes miles de grabaciones.

De Camacho y Cano cabe resaltar que fue el primer músico que enalteció nuestra música al orquestarla, lo que valió que el Maestro Rafael Hernández le facilitara su propia Orquesta para divulgarla.

Posteriormente al darse a conocer, conformo su propia agrupación en la cual se desempeño como cantante el Colombo- panameño Alcides Briceño ( 1886-1963), quien pasaría a convertirse en el primer artista en grabar nuestros aires vernáculos costeños ( mayor información sobre este tema y estos tres personajes lo encuentran ampliamente reseñada en mi reciente libro “ El Manisero” El Rey de los Pregones”).

A continuación referenciaremos que en 1925 Juan Pérez fundo aquí en nuestro terruño un colectivo musical.

Otra figura de gran relieve y prestancia fue el legendario trombonista José Pianeta Pitalua, quien en 1930 fundó la orquesta A # 1 en la que se formaron músicos como Lucho Bermúdez, Santos Pérez, Teófilo Tipon, Manuel de Jesús Poveda, entre otros. El Maestro Pianeta Pitalua, al fusionar las expresiones del porro cartagenero, con las del porro sinuano, marcaría pautas para ulteriores orquestaciones. Así mismo, este destacadísimo músico innovador introdujo para la historia de la música del Caribe colombiano (y quizá para el resto del territorio nacional) el trombón de vara, en reemplazo del tradicional trombón de llaves, o embolo, el cual se dice llego a sus manos envuelto en una leyenda de la cual fue personaje protagónico la legendaria Vicenta Díaz (La Carioca).

En 1939 Lucho Bermúdez fundo en nuestro patio a la famosa Orquesta del Caribe, cuya dirección alternaba con la Orquesta Emisora Fuentes, en donde actúo como percusionista el ya legendario y siempre bien añorado Sofronin Martínez Heredia, Orquesta a la cual estuvieron vinculados varios músicos cubanos (Cartaya, Jiménez, entre otros).

En virtud de todo este proceso podemos registrar en Barranquilla la agrupación “Sosa Jazz Band “(del maestro boyacense Luis Felipe Sosa), integrada, además, por esos trompetistas y compositores fuera de serie llamados Pacho Galán y Antonio María Peñalosa Cervantes.

Así mismo es de resaltar la Orquesta “Emisora Atlántico Jazz Band” dirigida por los trombonistas Guido Perla, colectivo fundado en 1940, que contó entre sus cantantes con Gilberto Castilla
(Castillita), quien fue pionero del porro en el interior del país, con mucha antelación en estas lides que Lucho Bermúdez. Otros cantantes de la agrupación fueron esas dos glorias de nuestra música, Luis Carlos Meyer, y nuestra coterránea Sídney Pernett Trujillo ( conocida artísticamente como Carmencita Pernett), cantantes ambos que hicieron parte del elenco de Rafael de Paz y Dámaso Pérez Prado.

Entre las orquestas Cartageneras de los años 40 es de destacar la de la Radio Colonial, dirigida por Filipino Teófilo Tipon (ya mencionado), y la Orquesta Melodía de Dámaso Tobison. La música del Caribe Colombiano obviamente pertenece a ese mundo sonoro variopinto del Caribe global; de ese proteiforme entorno mágico macondiano con el cual tenemos ineludiblemente contactos y relaciones, ya que estamos inmersos en una cultura que compartimos mancomunadamente puesto que “somos hermanos del mismo Mar”.

Desde los albores de nuestra nacionalidad, la región Caribana colombiana ha mantenido estrechas relaciones comerciales, políticas y culturales con el Caribe insular, en particular, Cuba. De La Habana nos trajo en 1756 Don Antonio Espinoza de los Monteros la primera Imprenta que hubo en Colombia. Un cubano oriundo de Matanzas, Pedro Romero, fue quien lidero las huestes populares Getsemanienses cuando se dio en 1811 la Independencia de Cartagena de Indias. Fue en la Habana en donde se exilaron prestantes figuras como José Fernández de Madrid, para así poder escapar de la ola de fusilamientos que desato el tal pacificador Pablo Morillo. Y por Jamaica y Haití deambulo en sus inicios el Bolívar soñador y alucinado.

Un siglo después, en 1923, recalo en nuestro “corralito de piedra” el gran caricato habanero Arquímedes Pous, quien trajo como Director musical de su Compañía a Rosendo Rosell (Chepin), quien después adquiriría gran renombre con la famosa Orquesta Femenina cubana Anacaona, para la inauguración del salón Carioca durante los carnavales de ese año. En 1934 nos visito, a la vez que a Barranquilla, el Trío Matamoros, como remate de un increíble periplo por todo el territorio nacional. En 1939 actuó en ambas ciudades la Orquesta Casino de La Playa, dirigida por el violinista Guillermo Portela, y sus rutilantes estrellas Anselmo Sacasas y Miguelito Valdés , a quienes vi personalmente actuar en el Club Popa, y que su marcara y definiera mi gusto musical. En 1940 nos visitó el Cuarteto Marcano, con el legendario Panchito Riset, al cual también oí en el mismo sitio; cabe resaltar ese año porque también nos visito la orquesta de Rafael Muñoz, y porque a partir de ese año vivió en Barranquilla durante varios años Guillermo Portabales, tal como después, en 1953, lo hiciera Bienvenido Granda cuando se desvinculo de la Sonora Matancera. En 1941 nos visitaron la Orquesta Quisqueya, el Trío Habana y Johnny Rodríguez, y posteriormente la Orquesta de Noro Morales, y en Julio/ 54 el Beny More y su Banda Gigante. De ahí en adelante la frecuente presencia de artistas de la Hoya del Caribe paso a escribir la historia reciente de este accionar.

Pero esta impronta de la música Caribana en nuestro medio no se derivo solamente de la ocasional presentación artística de esta clase de profesionales, sino, sobre todo, al establecimiento de varios músicos en nuestro entorno, como fue el caso de José de la Paz y Montes, un clarinetista ( cubano para algunos, y puertorriquense según otros) , quien en 1880 anduvo por las antiguas sabanas de Bolívar ( hoy de Sucre y Córdoba), o también el caso del Director de Banda radicado en Montería Pepe Milanés, que tan fructífera simiente dejara en las nacientes Bandas Típicas de Viento ( mal denominadas después peyorativamente como “ chupa cobres” o “ papayeras” ), que tan altivamente cimentara José María Fortunato Sáenz.

Así mismo es de reseñar la presencia en las sabanas de Manuela (Caracolí- Cesar), en los alrededores de 1879, del cubano (natural de Manzanillo) Hernando Rico (Nandito El Cubano), quien dejo tras de sí fama de gran acordeonista, emulo de Luque y Silgado.

También es de acotar la presencia en Ciénaga (Magdalena) de la profesora cubana María Teddy, quien a través de si Escuela de Música tuvo alumnos que después resultaron ser músicos destacadísimos como el autor de la “Cumbia Cienaguera” Andrés Paz Barros.

En los inicios del siglo pasado, 1916, el curazaleño Guillermo Quat Sille, estuvo al frente de la Banda Armonía de Ciénaga; y de allí mismo, Ciénaga ( emporio de músicos de la talla de Ramón Ropaín, Guillermo Buitrago, Cipriano Guerrero, entre muchos otros), cabe destacar también a la legendaria Banda de Eulalio Meléndez.

En el año de 1923, en que fue fundada la Orquesta de los Hermanos Lorduy, según ya vimos, visito a la ciudad de Panamá Jazz Band, de la cual hacían parte tanto el Maestro Pedro Biava como el Maestro Guillomanne quienes se radicaron definitivamente en Barranquilla y Cartagena de Indias, respectivamente, ciudades donde dejarían en valioso acervo musical; aquí, en nuestro terruño, el Maestro Guillomanne fundó en 1930 la Jazz Band Demsey, en honor del famoso boxeador que en 1921 inauguro la radio en los Estados Unidos con motivo del combate sostenido el 2 de Julio por el cetro de los pesos completos de George Carpentier.

En virtud de este proceso de transculturación la música caribeña ha ejercido una enorme influencia en la música de nuestra costa norte.

Es así como de una parte, la danza cubana está presente en los acordes introductorios de nuestro porro) introducción que se dice fue innovación de un músico cubano de apellido Deschamps) ; así mismo el merengue dominicano, gracias a un cambio en el compás ( tal como sucedió con la evolución del bambuco), aflora en el merengue de nuestros “ cantos magdalenenses” ; y finalmente anotaremos que el espíritu del son cubano ( que en su universalidad pasará a tomar la credencial del “ son caribeño “) está presente, así mismo en nuestro folklor “ vallenato”.

Cabe anotar que debido a la presencia de trabajadores cubanos en nuestro medio (contratación del muelle de Puerto Colombia, montaje del Ingenio Central Colombia de Sincerin) perviven en Ciénaga y en el Palenque de San Basilio, colectivos soneros del formato sexteto.

Así mismo es de poner de resalto que a la par que se cultivo el danzón en Cuba, nuestros compositores (Daniel Lemaitre Tono, Ambrosio Franco, José María Fortunato Sáenz, Cipriano Guerrero, Ángel María Camacho y Cano, Joaquín Arias, Alejandro Barranco, y Daniel Guerrero) también componían este tipo de obras musicales (especialmente aquí en nuestro terruño).

Para terminar este recuento de los músicos y Orquestas que han mantenido la tradición de nuestra música folklórica y cultivado así mismo nuestra música popular, no podemos dejar de consignar los nombres de Pedro Laza Gutiérrez ( quien contó en su elenco con cantantes de la talla de los cartageneros Remberto Bru Macia, apodado en su tiempo como el “Ciclón del Caribe”, y la bolerista Rosita Franco) ; a Estercita Forero, y al inmortal compositor Maestro José Benito Barros Palomino ( el compositor mas prolífico que ha dado Colombia en toda su historia musical). Con respecto a Pedro Laza ( que lidero la famosa agrupación “ Los Pelayeros”), es de poner de resalto que entre los múltiples honores que recibió ( entre ellos la “ Carreta de Plata”, máximo trofeo a la mejor Orquesta obtenido durante la “ Feria de la Caña” de Cali del año de 1962 ) le cabe el de haber grabado el 20 de Septiembre de 1960 el primer Larga Duración en Estéreo producido en Colombia, y titulado “ Navidad Negra” (éxito de José Barros), siendo Presidente de la República “ Alberto Lleras Camargo.

La parte final de este ensayo la he reservado para citar algunos de los ritmos más destacados de la inmensa cantera musical con que cuenta nuestra región Caribana colombiana. Dada la extensión del tema, y ante la premura y el cansancio que parece que ya aflora en algunos de pacientes asistentes, solo me limitare a enumerarlos, adornándolos con unas cuantas pinceladas que figuren el bosquejo de ellos. (Aquí el Dr. Jaime Camargo Franco nos deleitó colocando melodías de acetatos y cassettes).

LOS RITMOS COSTENOS MÁS CARACTERÍSTICOS:

1- La Cumbia.
2- El Porro.
3- El Mapale
4- La Gaita.
5- El Fandango.
6- El Complejo de la Tambora.
7- El Merecumbe.
8- Los Cantos Magdalenenses.
9- Otros Ritmos.

TEMARIO


Que es la música.
Música Folklórica, Música Popular, y Música Culta.
Generalidades acerca de la Música.
Raíces Etnológicas Musicales.
Desarrollo de Nuestra Música:
a- Folklore.
b-Tradición.
c- Música Popular.
Orquestas.
Compositores.
Músicos costeños en Nueva York.
Agrupaciones Caribeñas que nos han visitado.
Presencia e Influencia de músicos caribeños en nuestro medio.
Los ritmos costeños más característicos:
a- La Cumbia.
b- El Porro.
c- El Mapalé.
d- La Gaita.
e- El Fandango.
f- El Complejo de la Tambora.
g- El Merecumbé.
h- Los Cantos Magdalenenses.
y- Otros Ritmos.


Nota del editor: Agradecemos a Remberto Campo y Luis Soto el interés por dar a conocer la obra del Escritor Jaime Eduardo Camargo Franco. A ellos le debemos el envío de los artículos y fotos publicados en www.docenteinem.blogspot.com