miércoles, 7 de diciembre de 2011

LAS ETNIAS DEL CARIBE

Apreciados amigos de DocenteInem, les estoy remitiendo dos ensayos escritos por el fallecido Dr. Jaime Camargo Franco, cartagenero que se asentó en Cali durante muchos años y que vino a su tierra prácticamente a morir. El Dr. Camargo fue el autor de varios libros sobre la cultura musical entre los que menciono: El manisero y Caribe soy. Asimismo, firmo inmunerables artículos musicales que fueron publicados en periódicos y revistas de Cali, así como de Cartagena. El propósito es que estos ensayos se den a conocer por intermedio de Docente inem. Gracias, Remberto Campo (Profesor INEM Cartagena 2011 campo0611@gmail.com)
Hoy publicamos el primero de esos artículos
Por: Jaime Camargo Franco

 DECANTACIÓN ÉTNICA DEL CARIBE COLOMBIANO 

Para el desarrollo del tema que se nos ha encomendado, nos ocuparemos de los siguientes tópicos:

1- El ámbito del Caribe en general.
2- Quienes fueron los Karib
3- La Presencia Histórica del Mar Caribe.
4- La Presencia Histórica de las Antillas.
5- El Caribe Colombiano.
6- El Ancestro Étnico del Hombre Caribeño: a. Culturas Precolombinas. b. Hibridismo. Transculturación. Trietnia.
7- El Hombre Caribeño colombiano: Su talante.



1- El Ámbito del Caribe en General

 Para la comprensión del Caribe en una forma global debemos focalizarlo como un sub-continente conformado por un Mare Nostrum. El Caribe es una inmensa paila en donde se han cocinado, decantado, y fraguado toda una variedad de culturas que ha desembocado en un ente socio- Político plural y único.

Su entorno geográfico está enmarcado al norte por las Islas denominadas Antillas Mayores (Cuba, Jamaica, Santo Domingo y Puerto Rico); al sur por las costas de Venezuela, Colombia, Panamá, y Costa Rica; al este por el collar de islas que conforman las Antillas Menores ( o islas de Barlovento); y finalmente al oeste por las costas de Nicaragua, Honduras, Guatemala, Belice y la Península de Yucatán en México.

 2- Quienes son los Karib

El rotulo de Caribe proviene de ese pueblo altivo, nómada, conquistador y guerrero que partiendo del Delta del Río Orinoco, se esparció por medio de varias oleadas invasoras a partir de 1220, por las costas continentales e islas del entorno de la cuenca de este Mar Mediterráneo Americano, sojuzgando a la población nativa insular conformada por los indios taínos y arawak.

El nombre “Karib” tenía en su lengua vernácula varias acepciones, ya que proviniendo etimológicamente de “ Karai” = señor, y de “ be” = “ fuerte” o “ poderoso” significaba “ bravío”, “osado”. Cuando salían a combate su grito de guerra era “solo nosotros somos gente” que en su lengua aborigen se decía: “ananacarine rota” . De otra parte, a su vez, se designaba con este gentilicio, el de “Karib”, a los sacerdotes principales, o a los augures.

 3- La Presencia Histórica del Mar Caribe

 “El Caribe no es un mar cualquiera. Es el mar de la leyenda, es el mar de la quimera, es el mar de la aventura alucinante, es el mar de Colon iluminado, es el mar del descubrimiento, es el mar del amanecer de nuestra historia. Por el llegaron las carabelas del mito, con sus velas henchidas por el viento y con sus almas henchidas de ilusiones”.

 El primer mapa de América fue elaborado en 1500 por Juan de la Cosa, quien posteriormente muriera a flechazos en Turbaco. En dicho mapa solamente aparecía el Mere Oceanum. Después fue que los españoles comenzaron a referenciar a un Mar del Norte, en contraposición del Mar del Sur descubierto por en 1513 por Vasco Núñez de Balboa.

 El nombre “Caribe” en la cartografía lo encontramos por primera vez en un mapa de 1656 de N. Sansón d! Aberville, cartógrafo del Rey de Francia, quien ubica a los Indios Caribes en el Delta del Río Orinoco. En un mapa elaborado por Seller, e impreso en 1685 en Londres, aparecen Puerto Rico, Dominica, Martinica, Guadalupe y Barbados, entre otras islas designadas como “Islas Caribes”, a la vez que ubica la mitológica tierra de “Caribana” situada en las Guyanas.

 La primera designación de nuestro Mar como “Mar Caribe” la encontramos en 1756 en un mapa dibujado por Juan Bautista de Burguignon D’ Anville, uno de los más connotados cartógrafos del siglo XVIII.

 4- La Presencia Histórica de las Antillas

 Ahora bien, de otra parte, este nombre tiene su origen en la mítica Isla de Antilla (cuyo significado literal era “lo que está cerca a la tierra”) y situada en el Océano Atlántico, que aparecía en cartas medievales anteriores al descubrimiento de América, producto de la imaginación (esa loca de la casa capaz de crear un sinnúmero de truculencias), con lo que se suplía el desconocimiento de la Geografía de la época.

Antes de ser designadas como Islas de Las Antillas, las islas dispersas en nuestro Mar Caribe fueron designadas inicialmente como Islas del barlovento ( correspondiendo a las actuales Antillas Mayores), e Islas de Sotavento ( denominadas luego como Antillas Menores). Para 1595 un mapa impreso en Ámsterdam y elaborado por Arnoldo Florencio Langen, denomino a las islas últimamente citadas como “Antillas”, término este que ratificó y terminó de acuñar en 1701 el holandés Herman Moll, residente en Inglaterra, y diferencia entre ellas a las “Caribbe Islands”.

De acuerdo con los antecedentes históricos cartográficos referenciados, los mapas de comienzos del siglo XIX se refieren indistintamente como Mar Caribe o Mar de las Antillas.

Muy en contra de este fundamento etno- histórico, los dirigentes políticos nacionales resolvieron a finales del siglo XIX desconocer el factor primordial que desempeño nuestro Mar en el desarrollo del país, y concentraron de ahí en adelante sus esfuerzos en conformar el triángulo de oro constituido por Bogotá, Medellín y Cali, y Colombia dejo de limitar con el Mar Caribe para colindar con el Océano Atlántico, el cual se encuentra lejos, bien lejos, al norte de las Antillas mayores, dándole la espalda a la región caribeña colombiana, con lo que al negarnos el centralismo imperante los debidos recursos de desarrollo, nos condenaron a un atraso en lo socio- económico. Afortunadamente, a partir de mediados del siglo pasado se inicio una campaña de recuperación de nuestra ubicación geográfica y de nuestro sustratum cultural, gracias a la labor de entidades, entre otras, como el “Observatorio del Caribe Colombiano”.

 5- El Caribe Colombiano

 La porción caribeña colombiana comprende el litoral correspondiente de este mar Mediterráneo Americano, y a una extensa y variada llanura enmarcada por accidentes montañosos. El litoral tiene una longitud de 1600 km. que se extienden desde Castilletes, a la entrada del Golfo de Coquibacoa, en la Península de la Guajira, al nororiente del país, hasta Cabo Tiburón , remate del Golfo de Urabá, que marca el límite caribeño de Panamá, en el extremo oeste. A lo largo de ese litoral se alternan las costas altas como remate de las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa marta, y las costas Bajas, anegadizas, pantanosas y de clima ardiente.

La llanura del Caribe abarca una extensión de 127.518 km². Esta región también es conocida como la “costa”. Hacen parte de ella depresiones, deltas, golfos, llanuras (denominadas “sabanas”), desiertos, islas y serranías montañosas. En su entorno sobresalen la Sierra Nevada de Santa Marta (el accidente litoral más alto del mundo), que emerge directamente del mar, y coronada por los picos Cristóbal Colon y Simón Bolívar, con 5775 m. de altura cada uno, la máxima cima de la orografía colombiana. También es de resaltar la “ Depresión Mompoxina’. Con la excepción de la sierra, todo el territorio de la llanura caribeña pertenece al piso térmico cálido, por debajo de 1000 m de altura.

A su vez a la llanura caribeña colombiana le sirven de límites varias serranías como la de Valledupar, Macuira, Cosinas y Jarara en el nororiente; las de Santa Bárbara y San Lucas en el centro, y las del Darién Abibe, san Jerónimo y Ayapel, al occidente. Estas serranías escasamente sobrepasan los 1 000 m de altura.

La hidrografía de la llanura del Caribe la constituyen el Gran Río de La Magdalena, el Sinú, San Jorge, Cauca Cesar y Atrato, principalmente, a la vez que un sinnúmero de lagunas, ciénagas, caños y jagüeyes.

 En el aspecto económico, la región caribeña colombiana contribuye al desarrollo del país con la explotación de recursos mineros de sal, carbón níquel, oro y gas natural; con la agricultura centrada principalmente en el banano y la palma africana; la ganadería, y la industria fabril petroquímica.

6- El Ancestro Étnico del Hombre Caribeño Colombiano

a. Culturas precolombinas.
b. Hibridismo- transculturación- Trietnia

 a. Culturas Precolombinas 

En un periodo que va de los 4.000 a 3.000 años A.C., cuando los grupos semi-nomadas trataban de adquirir nuevas formas de subsistencia tendientes a una vida sedentaria, establecieron ocasionalmente sus campamentos a orillas de las ciénagas, de los ríos, o del mar, de lo cual quedaron como testimonio de su presencia notorias acumulaciones de conchas que demuestran que los moluscos, además de otra clase de alimentos, fueron la base principal de su sustento. En concheros como los de Puerto Hormiga (localizado en inmediaciones del canal del Dique), y en Canapote, se encontraron las primeras cerámicas elaboradas en Colombia, cuya antigüedad ha sido fechada en 3.000 años A .C.

De otra parte, la región del bajo Magdalena contó en la época precolombina con una densa población compuesta por pueblos pescadores y agricultores que parece ocuparon estos territorios a mediados del siglo VII D.C. La Región de Tamalameque se distingue por las urnas funerarias encontradas en sus extensos cementerios, lo cual nos indica que correspondían a pueblos que alcanzaron un alto grado de desarrollo cultural notable, habida consideración de sus creencias y costumbres funerarias.

Ya vimos que la etnia “Karib” tuvo tal protagonismo que su impronta fue tan sobresaliente que rótulo con su gentilicio tanto a nuestro subcontinente como a su Mare Nostrum Mediterráneo.

De entre las varias etnias que poblaron a nuestro litoral caribeño colombiano solo nos ocuparemos a dos de las más sobresalientes entre ellas, las cuales fueron los Zenues y los Tayronas.

La extensa región geográfica de inmensas sabanas comprendida entre las Hoyas de los ríos Sinu, San Jorge, y Nechí, fue el hábitat de los pueblos indígenas autores de la cultura denominada Sinu.

A la llegada de los conquistadores españoles estos pueblos estaban políticamente estructurados en una Confederación constituida por tres cacicazgos denominados respectivamente Ficenu, Pancenu, Cenufana, ligados comercialmente con las regiones que hoy corresponden a la Sierra Nevada de Santa Marta, Panamá, y Antioquía. Sus asentamientos poblacionales estaban bien trazados con plazas y calles cual ciudades españolas. Se distinguieron por grandes obras de ingeniería hidráulica que comprendían camellones, canales, y terrazas de cultivo, los cuales aun se pueden apreciar en la actualidad.

 Fueron famosos por su exquisita orfebrería. Sus tumbas, provistas de un valioso ajuar funerario, desataron el codicioso vandalaje de los conquistadores hispanos. A más de notables orfebres fueron destacados ceramistas, de entre cuya producción sobresalen las figuras antropomorfas que eran verdaderas esculturas, que a veces servían como pedestales de copas y decoraban las paredes exteriores de las vasijas.

 De otra parte, los Tayronas conformaron una de las etnias más importantes de nuestra nación en el periodo precolombino. Su hábitat estuvo concentrado en las faldas septentrionales de la Sierra Nevada de santa Marta, distribuidos en numerosos y bien organizados núcleos poblacionales, comunicados entre sí por caminos empedrados.

Según lo anotado por Pedro Aguado en su “Recopilación Historial“, el término Tayrona en un principio fue utilizado como toponímico de una de las provincias que conformaban la etnia, el cual se ha generalizado después para denominar a los grupos que ocuparon las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus alrededores.

Antes de la invasión española alcanzaron un avanzado desarrollo en ingeniería y arquitectura. Así mismo se destacaron como magníficos orfebres, hábiles talladores en piedra y expertos ceramistas.

La base de su economía estuvo sustentada en la agricultura, especialmente del maíz, y el comercio con los pueblos costeros y andinos. Sus creencias mágicas estructuraron un complejo sistema religioso que aún subsiste entre algunos grupos indígenas supérstites que habitan las partes altas de la Sierra. En concordancia con tales creencias practicaban la sodomía religiosa, por lo cual fueron diezmados y perseguidos por los conquistadores, al punto de que 1610 ya prácticamente habían sido extinguidos.

 b. Hibridismo- Trasnculturalismo- Trietnia

La decantación étnica del Caribe colombiano parte del elemento indígena vernáculo. La irrupción en su entorno del invasor hispano (compuesto especialmente por Andaluces, Castellanos, Extremeños, y Canarios, y posteriormente por Gallegos, Vascos, Catalanes y Asturianos) y su posterior extinción trajo la forzada concitación para tal proceso del esclavo africano (perteneciente especialmente a la cultura Bantú), lo cual desencadenó una serie de manifestaciones raciales y socioculturales representada en ser mulato, y tri- híbrido. El conquistador español trasnculturó su sistema de vivencias y creencias en las sociedades con las cuales entro en contacto. En ese proceso primero tuvo lugar una etapa de “deculturacion” con choque violento, la cual llevo a la destrucción de gran parte de las culturas dominadas (la indígena y la africana) y la disminución de las etnias aborígenes. Este impacto llevo a las etnias sojuzgadas a “endoculturizarse”, o sea, asimilar las vivencias y creencias de la sociedad dominadora que representaba el conquistador. En una segunda etapa de este choque etnocultural tuvo lugar lo que se denomina “aculturación”, a través de la cual se realizó la “fusión” de los elementos étnicos y culturales de cada etnia que hizo surgir a las células etno-culturales ( o proto- etnias) que iniciaron el camino para la configuración definitiva de la etnia mestiza del hombre caribeño colombiano. Empero, hoy día aun persisten grupos étnicos que conservan sus lenguas, costumbres y creencias como son los Wayuu, Aruhacos, Motilones, Chocoes y Emberá, mientras que otros poseen los rasgos indígenas pero están totalmente aculturados, tal es el caso de los Antiguos Resguardos de San Sebastián de Uraba y San Andrés de Sotavento, en Córdoba.

 7- El Hombre Caribeño Colombiano: Su Talante

 La extensión y pluralidad de la costa norte colombiana ofrece distintos y variados tipos humanos. Es así como no es lo mismo un cartagenero que un vallenato; un barranquillero que un “sabanero”; un guajiro que un ribereño de Mompox o El Banco, o un “isleño”. Pero dentro del contexto global de nuestro país, el cual, a su vez, ofrece una surtida variedad de regiones definidas por la tipología propia, ese “costeño “ se caracteriza por su autenticidad cultural bien delineada, siendo sus rasgos más característicos el ser idealista e imaginativo; buen administrador, pero poco organizador de empresas; proclive a la literatura, las artes, el comercio, y las ciencias aplicadas; marcadamente ciclotímico que pasan de la euforia a la depresión, y de la rebeldía a lo acomodaticio; que a pesar de su individualismo es generoso con el extraño; así mismo es tolerante, pacifico, locuaz y festivo, cuya filosofía para vivir se concreta en que “ teniendo buena vida, no importa que se tenga mala muerte”, al identificarse plenamente con el verso “ Muerte, yo no vivo para ti”. 

Con dos pinceladas peyorativamente se le ha dibujado ( no sin cierta dosis de veracidad) como la persona “ quiere entrar a la política por la puerta ancha de un Ministerio; a los negocios de la alta Gerencia y al Ejercito con el titulo de General”, y ello, porque en las entretelas de su idiosincrasia está impregnado con la impronta del síndrome del “ dejao” (muchas veces visto como una situación de holgazanería o pereza), basado en el descuido a apatía de la gente costeña, su indisciplina e informalidad, como una manifestación de la filosofía del “ saber vivir y dejar vivir”. Este complejo del “dejao” es como una racionalización del mañana, consistente en “dejar” que las cosas hagan o avancen por inercia antes de comprometerse con ellas.

 Empero lo anteriormente expuesto, y como una desconcertante paradoja, nuestro entorno caribeño ha producido grandes valores que se han destacado no solo en el ámbito nacional sino internacional, en los campos de la literatura, las artes, las ciencias y el deporte en general, tal es el caso de García Márquez, Obregón, Grau, Cepeda Samudio, Rojas Herazo, Darío Morales, Vargas Vila, Rafael Núñez, el Tuerto López, los hermanos Zapata Olivella, Emilio Yunis, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, el Maestro José Barros, Francisco Zumaqué, Peñalosa , Juan Pablo Llinas, Napoleón Franco Pareja, Alfonso Bonilla Naar, Alejandro Hakin, Petaca Rodríguez, Pambele, Rocky Valdés, Helmut Bellingroth, Edgar Rentaría, Orlando Cabrera, la “chechi” Baena, para solo citar unos cuantos, ya que la lista sería interminable.

Las anteriores consideraciones son solo un esbozo general del tema que se nos ha encomendado con el rotulo “Las Etnias del Caribe Colombiano”; por consiguiente, para su desarrollo no nos propusimos agotar el tema, porque como habrán podido percatarse el tema tiene tanto de largo como de ancho, por lo que en él hay mucha tela de donde cortar o recortar. Por consiguiente, finalizado nuestro cometido, estamos disponibles para tratar de resolver o ampliar aquellas preguntas o temas que tengan a bien plantearnos, todo ello dentro del marco de nuestras posibilidades y limitaciones.

Les quedo inmensamente agradecido por haberme dispensado su atención..
Jaime Eduardo Camargo Franco Nació en Cartagena de indias el día 2 de mayo de 1927. Se graduó de bachiller en 1945 del Colegio de la Esperanza de su ciudad natal. Su balance vital hay que enfocarlos desde dos ángulos: como médico y como escritor. Obtuvo el título de médico y cirujano en la universidad Nacional de Colombia en 1954,con la tesis de grado “Enfermedades Profesionales”, la cual fue galardonada por el Juradocalificador. Curso estudios de especialización en Medicina Del Trabajo En La Universidad DeCincinnati (Ohio) – USA EN 1961, habiendo obtenido el título de Máster of Science con la tesis degrado “Physiopatologyc Effects of Industrial Noise”. Perteneció a varias sociedades científicasnacionales y extranjeras. Durante muchos años estuvo dedicado a la docencia en las universidadesJaveriana; Nacional de Colombia; del Rosario; Antioquia y Valle; en la C.T.C. y en el Centro deEstudios de la Costa Atlántica (CERCA). Ha colaborado con artículos de su especialidad en “HeraldoMedico”; Tribuna Medica”; Revista del Consejo Colombiano de Seguridad Industrial y Revista delMinisterio del Trabajo.