domingo, 12 de febrero de 2012

Es la hora de emborracharse

El torrentoso manantial de agua fresca que alimenta al INEM pasó desapercibido.


Excelente la invitación de Wilson. Sí hay una filosofía Inemista. No hemos bebido de ella. No hemos querido comportarnos como mayores de edad o por lo menos en la mayoría de las ocasiones, no lo parecemos. Brillante la cita de Kant “la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esa minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro…”.

Es cierto que Everardo es el inspirador del modelo filosofía Inemista, por su rigor y compromiso intelectual. En el himno del INEM está el resumen:

Por una mejor sociedad / Hay que luchar, hay que vencer / Nos haremos hombres libres / En el aula y el taller… / Condenamos la injusticia / Y el abuso del poder / Lucharemos por la paz… /…Sí al estudio y al trabajo / Nos sabremos ofrecer… /…En la unión está el poder. / El futuro será nuestro / Nunca atrás, mis compañeros…

La Secretaria de Educación nos metió a todos en el mismo saco oscuro y casi que sin retorno. Los rectores (nombrados o encargados) en los últimos once años han permanecido en el cargo un promedio aproximado de año y dos meses, lo que demuestra fragilidad en la conducción de la institución. El torrentoso manantial de agua fresca que alimenta al INEM pasó desapercibido.

Siempre hay una oportunidad. Hay que volver a beber en lo fundamental con voluntad política, como dicen.  No podemos solos. Necesitamos la poderosa mano del gobierno distrital y la sensatez de las directivas administrativas y pedagógicas para una restauración física y conceptual del INEM. Ellos y nosotros los docentes, a embriagarnos a la manera de Baudelaire:

"Hay que estar siempre embriagado. Ese es el secreto: ésta es la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del Tiempo que rompe vuestros hombros y os inclina hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua. ¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos. Y si alguna vez, en las escalinatas de un palacio, sobre la yerba verde de un foso, en la lúgubre soledad de vuestro cuarto, os despertáis con la embriaguez ya disminuida o desaparecida, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntad qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, responderán: "¡Es la hora de emborracharse! ¡Para no ser los martirizados esclavos del Tiempo, embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto”.
 ¿Somos capaces?