lunes, 6 de febrero de 2012

Everardo Ramírez Toro: Titán

Prometeo Ilusionado. Everardo Ramirez Toro. www.docenteinem.com

Prometeo ilusionado
Por: Richard Nieto González

Este poemario de Everardo Ramírez Toro editado en octubre de 1977 en la Imprenta Canal Ramírez – Antares de Bogotá, es prácticamente su única obra poética, aunque a mediados de los años 75 al 76 se conoció una publicación de poemas, como él mismo lo comenta en la presentación del libro que a continuación estudiaremos: “Este libro de poemas que hoy sale a la luz bajo el título de: Prometeo Ilusionado, comprende composiciones elaboradas en diferentes épocas de mi vida. Muchas de ellas habían sido publicadas, a instancias de mis amigos, en un cuadernillo titulado: Ars Longa…”
El mito de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, resulta inextinguible. La riqueza simbólica del personaje, la polivalencia de sus funciones y las distintas variantes que, como las cambiantes figuras que adopta el fuego, se suceden en sus distintos tratamientos, hacen que la presencia del dios, como el fuego que trajo a los hombres, se multiplique de manera incombustible a lo largo de la historia.

Dentro de esta tradición, lo más característico de la recreación poética del mito en la obra Prometeo Ilusionado de Everardo Ramírez Toro, es la identificación y apropiación que para sí hace de la figura del titán a fin de expresar su más honda inquietud. Así lo deja ver en su poema “TIERRA”:

“Siento que mis entrañas se caen a pedazos
en contacto con la torrencial lumbre solar.
Mis ojos son devorados por mil arcángeles ciegos,
mis manos están pobladas de sinsontes con las alas amputadas,
que trinan con un canto escultural”

Así es, se trata de «no morir del todo», de alcanzar una inmortalidad individual y consciente. Este es su más íntimo anhelo, así lo afirma en la “CANCIÓN PARA EL DÍA DE MI MUERTE”:

“Un día he de morirme de amargura.
Llevaronme a la negra sepultura.
Un día moriré como los lirios.
Velarán mi cadáver blancos cirios.
Cubrirán mis despojos de amapolas.
Me quedaré con mi dolor a solas.”

Así son los poemas de Everardo dedicados a la figura de Prometeo, ellos encierran, ante todo, esta inquietud y este deseo: La ilusión desborda por sus labios.

Nacer a la libertad

Para Everardo, el nacimiento a la libertad es el nacimiento del hombre. En el mito, Prometeo es la fuerza que hace posible, en aquel mundo de los orígenes donde el hombre no tenía nada y los dioses lo tenían todo, que el hombre nazca a la libertad. El hombre antes de la acción de Prometeo no podía dolerse de sí, acuciado por la necesidad; el destino, la incertidumbre no podían presentarse ante su conciencia sumergida en un ser desposeído de todo; habían nacido hombres en un mundo que no les esperaba y, sin la acción de Prometeo, la existencia misma del hombre no hubiera podido establecerse. Es invocando la figura de Prometeo, por sus resonancias míticas, como Everardo pretende explicar la condición indispensable del hombre, porque es Prometeo quien se la procura a aquellos seres fantasmales, los hombres, quienes al principio, aunque observaban, hacían observaciones sin objeto, y oyendo no oían, sino que, semejantes a las figuras de los sueños, a lo largo de toda su vida se movían confusos al azar. Es importante que Esquilo haya hecho hincapié en la debilidad original del hombre, debilidad a la vez espiritual y material, su difícil esfuerzo para transformarse del niño que era en un ser dotado de pensamiento. En el poemario Prometeo ilusionado, Everardo, revela y simboliza ante todo al hombre, el ser que nace a la conciencia. El hombre, «el hombre de carne y hueso», es, en la ontología everardiana, un ser concreto, libre, es decir, un ser que tiene conciencia de sí, aquello a lo que Everardo llama ilusionado. La ilusión de Everardo es evidente en su poesía “IBA A LA ESCUELA”:

“Iba a la escuela con su estómago vacío
y su mente llena de ilusiones.
¡pobre Juancho!
A veces se comía las rosas silvestres
y las rojas amapolas del borde del camino
para matar al hambre”
Amar a los humanos

El Prometeo de Everardo declara el origen de su tragedia, no en el nacer a la vida, sino en el «nacer a la libertad»; pues bien, es precisamente el dolor el que la revela en su poema “ME INTERROGO”

“Después de haber llorado me interrogo,
por qué he sufrido y sollozado tanto;
y por qué es tan inmenso mi quebranto
y por qué siento a veces que me ahogo

¿Por qué vivo arrastrándome en la tierra?
¿Por qué no hay alas de ángel en mi espalda?
¿Por qué no son mis ojos de esmeralda?
Y, ¿por qué el horizonte se me cierra?”

Everardo tiene este aspecto en cuenta en la elección simbólica del titán como alter ego, pues en su figura se revela el prototipo del «sufriente». Su búsqueda de la inmortalidad sigue el camino esquíleo del «aprender padeciendo». A partir del dolor y del sufrimiento, de la conciencia de la propia finitud, brota la compasión hacia uno mismo y hacia los demás, y de ella brota el amor, como lo expresa en el poema “CEMENTERIO”:

“Hoy he ido a rezar al cementerio
y he gustado su paz dulce y profunda.
He odiado mi existencia vagabunda
y he probado la copa del misterio

Hoy he aprendido a amar la dulce muerte.
Hoy sé que el mundo es vanidad y engaño.
Hoy he aprendido que es un fiero daño
el no hallarse contento con su suerte”

En verdad no sabemos tener corazón, estómago o pulmones, mientras no nos duelen, oprimen o angustian. Es el dolor físico, o siquiera la molestia, lo que nos revelan la existencia de nuestras propias entrañas. Así ocurre también con el Prometeo Encadenado de Esquilo y con el Prometeo Ilusionado de Everardo. En esta tragedia poética, el dolor se convierte en el signo específico del género humano. Aquella creación de un día, trajo la irradiación de la cultura a la oscura existencia de los hombres de las cavernas. Si necesitamos todavía una prueba de que este ser encadenado a la roca en escarnio de sus acciones encarna para Esquilo el destino de la Humanidad, la hallaremos en el sufrimiento que comparte con ella y multiplica los dolores en su propia agonía. A la hora de la verdad, sólo nos damos cuenta de la libertad hasta que ésta nos duele. El mayor grado de «libertad dolorosa» es, para Everardo, la conciencia de la propia finitud, y ello se aprecia, ante todo, en la conciencia de la temporalidad, como se deja ver en el poema“CANSANCIO DE LA VIDA”:

“Cansado de vivir quiero la muerte
Duro es este destierro y sin descanso.
No hallo a mi sed ningún fresco remanso.
No hay nada que mejore ya mi suerte.”

Lucha contra la tiranía

Everardo también se sirve de la figura de Prometeo para expresar su rebeldía ante «la situación que se le ha creado a él en cuanto existente». La lucha central en la tragedia de Everardo, es la situación de injusticia reinante en la sociedad colombiana, sobre todo en la corrupción representada en las estructuras del poder político. Así lo deja ver en el poema “LLEGARÁ UN DÍA”

Llegará un día
en que el trigo y el arroz estallarán
en el plato del cruel explotador

Llegará un día
en que el chicle se vuelva subversivo
y se pegue a las palabras
de los demagogos del sistema

Llegará un día
en que la Coca-Cola se torne corrosiva
como el ácido sulfúrico
en la garganta y las entrañas
de los alegres bebedores de cocteles”

Águila/ Buitre/ Lechuza/Ángel

Hay otro aspecto que es importante señalar, el hecho de que el ave que devora las entrañas de Prometeo es un águila celestial. Esta es el ave que aparece en los versos de Hesíodo y Esquilo. Según una creencia común que podemos rastrear ya en la antigüedad, el águila se relaciona con el Sol. Su alto vuelo la acerca al rey de los astros. La altura y el fuego son símbolos del espíritu. El ave de Prometeo, con la que se identifica Everardo, no es ya el águila mística de los griegos y de los egipcios, ni es la lechuza o el búho de la ciencia occidental, ni el buitre de los Incas saciándose de carroña, sino un ángel autista que se devora a sí mismo en el dolor para ser libre en la existencia. Por eso dice el poeta en “AUTOBIOGRAFÍA”:
:
“Soy un velero roto en la tormenta,
soy un pájaro herido en las entrañas;
soy un hombre con ínfulas extrañas
que se agita febril y se atormenta

Soy un ángel del cielo desterrado,
con las alas prendidas en el lodo,
que pugna por volar y no halla el modo:
¡soy un ángel hundido en el pecado”

El Prometeo Ilusionado de Everardo, expresa los sueños, las ficciones, los frenesís y las ambivalencias de los humanos combatientes de la existencia. Pero ante todo manifiesta una ilusión persistente, enloquecedora, parecida a la de García Márquez en “El coronel no tiene quien le escriba”: “-La ilusión no se come –dijo la mujer. –No se come, pero alimenta –replicó el coronel-” Así es, la ilusión es el espíritu de la libertad.

Richard Nieto González
Profesor
Educación Religiosa
Educación Ética
INEM
28 de Septiembre de 2010
Cartagena