jueves, 29 de marzo de 2012

El tenor del 11 de noviembre en Cartagena Colombia

El tenor de chambacú en canto para el 11 de noviembre

"Antes de salir al bando inicial de las Fiestas del 11 de Noviembre, hacía un canto operático y acartonado por la humedad del ron blanco y las miradas silentes de su mujer...

Juan V. Gutiérrez M.
Era el cantor motivante de Toribio, aunque poco parecía, pero él era, Antonio Carlos Del Valle y Castro. Antes de salir al bando inicial de las Fiestas del 11 de Noviembre, hacía un canto operático y acartonado por la humedad del ron blanco y las miradas silentes de su mujer, se trasladaba de una hilera de accesorias a la otra, gesticulando con sus manos los compases de su canción o los de su poesía, lo mirábamos con admiración por oír los cambios que hacía con su voz de viejo tenor, guiñaba un ojo en la búsqueda de aprobación por su intervención artística en el patio del caserón de Chambacú:
Oye Toribio, con tu tambor
mi voz de brillante tenor,
que canta para ti y tu mujer
hoy día Once de Noviembre
bailando y gozando como ayer
Ayer , Antonio Carlos Del Valle
nacido en San Diego, calle Jardín
jugué beisbol en la vieja calle
del intermedio barrio de Pekín
Hoy canto para mi Alejandrina
pasillos de tiempo enamorado
ya en el Chambacú olvidado
Toribio, ve con pito y ocarina
al fandango de la Proclamación
que ya el bando está declarado
Antonio Carlos Del Valle y Castro , sabíamos que leía todo el periódico, El Siglo, era un conservador de seriedad seudoclásica y de silencio estatuario, sentado en su taburete inclinado sobre el ángulo del marco de la puerta, esperaba el paso de los golpes que hacían sus nietos sobre las láminas de Zinc, que se iban transformando en pequeños tanques – neveras de torcidos grifos que aprisionaban el agua fría o en barquitos unimotor que surcaban las aguas del lago de Chambacú en los adioses del Sargento Aguirre. Hoy sus bisnietos, en el Mercado de Bazurto, transforman hojas de zinc en recipientes que guardan esperanzas de luces para los alcatraces que han perdido el olfato.

Vivió en su juventud en el barrio del Boquetillo y San Diego, en éste lo hizo en una de las Bóvedas al pie de las murallas, dónde también vivía la que más tarde sería su esposa , Alejandrina . Había sido tenor de pasillos y vals al pie de las ventanas gestantes del barrio de San Diego y el Centro de la ciudad, su voz se encendía embebida en los anises de la época y evocaba con desgarrador sentimiento la ola del romanticismo del momento, eran los años de mil novecientos veinte, en que gobernaba al país el “bueno” de Marcos Fidel Suárez, amante de las letras y razones de buen decir, lo cual servía para dorar los sueños de Antonio Carlos en la búsqueda de la compañera ideal.

Una de sus canciones preferidas, que apenas recuerdo de manera fragmentaria:
No llaméis cobarde /
al que se dio la muerte /
al que dejó esta vida /
cansado de vivir /
Jamás será cobarde /
al que su pecho hiere /
la bala de suicidio /
no deja cicatrices /
Escriba en mi tumba /
que aquí reposa un cobarde /
o escribiré en mi loza /
Morir es descansar..
Al terminar la canción, expresaba de manera poética el amor que sentía por Alejandrina, ella lo miraba en silencio y continuaba en sus quehaceres de ama de casa, esperando que la voz de Antonio se apagara y buscara el asiento, donde descansaba los pasos recorridos en el Centro de la ciudad.

Cuando las calles de la ciudad recogen la bondad de las hojas caídas, y el brío de los caballos en manos de los aurigas se ha amansado, su voz de tenor se duerme para despertarse en las horas de la madrugada, cuando ya ha recorrido las calles principales del Centro de la ciudad y las brisas humedecidas por el rocío salino que viene del Mar Grande, acompañadas por el aroma del Anís de Coco, dirige sus últimos alientos a la panadería de los Benedetti, dónde compra la rutinaria bolsa de pan de sal que acompaña al café con leche con la mantequilla que elaboran los hermanos Lequerica.

Antonio Carlos, va en la búsqueda de iniciar un nuevo día en los lares de las accesorias del patio de Chambacú, han pasado los tiempos de canciones de la calle del Jardín, cuando por vez primera demostró sus dotes de tenor en contrapunteo con el Chino Paternostro, quien sabía no tener dotes de lírico, pero sus amaneceres de linotipista en El Diario de la Costa y entonador de pasillos, para despertar del sueño de la madrigada, lo impulsaban a esta competencia con el tenor Antonio Carlos . Se oyeron voces que desgranaban las uvitas de playa del patio de la familia Pomares y acallaron los graznidos de las mariamulatas. Ese día el ganador, llegó a donde Alejandrina con un dogal de flores de Cayena o Bonche alrededor del cuello y se sentó en su taburete para leer El Siglo, que su compre Juan Gómez, tejedor y barnizador de mecedoras Thonet, de las residencias de los barrios de Manga, Cabrero y El Centro de la ciudad, le regalaba todas las noches para que lo leyese al día siguiente.

Ya cuando los años fueron apagando su voz de tenor, se acunó en su taburete para escrutar las últimas noticias de El Siglo y esperar las realidades que prometía el Teniente General Rojas Pinilla. Antonio, había cambiado un poco su apreciación conservadora con respecto a su partido, pensaba en la necesidad de un gobierno castrense que no tuviera contemplación con desmanes, y menos cuando estos provenían de liberales mochorocos. Argumentaciones que hacía con respecto al liberal que vivía en la accesoria del ángulo opuesto a la de su familia. Antonio Carlos, había contado con a suerte de haberse unido a una mujer de una familia conservadora, por tradición legendaria, lo que servía para que se le perdonaran sus cantos de serenata a la madrugada de un lunes.

Sentado, como el oráculo del Caserón, esperaba las preguntas de Guillermo Gómez( Pelayo), quien aspiraba convertirse en reportero de uno de los periódicos de Cartagena de Indias o las interrogaciones que le hacían los pecadores, con respecto a las lluvias, porque él coleccionaba los Almaques Bristol desde los años cuarenta.

Pero con quien nunca dejó de ser el poeta, fue con Toribio, le componía décima y canciones alegronas para cantarlas en el recorrido del Bando del 11 de Noviembre:
Toribio Maturana, negro conservador
viva el 11 de Noviembre de Cartagena.
Bailemos en la Plaza con una morena
cumbias y fandangos en noches de luna llena
Ya entra a San Diego por la Serrezuela
llega al Jardín y pasa a la Carbonera
Buscando pasteles de Amada González
con aroma y sabores de Bijao que desvela
Con carretas, empolvados y capuchón
alegres en esta fiesta de Noviembre
bailaremos brincando cualquier son
brillando disfrazados plata, y cobre

Juan V. Gutiérrez Magallanes
juanvgutierrezm@yahoo.es