martes, 24 de abril de 2012

Día del Idioma en el INEM Cartagena


El bilingüista

— ¡Todo esto es extraño! — Inquirió Felipe Aníbal para abrir la conversación con la persona que se encontraba sentada a su lado. — Llevamos más de tres horas viajando en este bendito bus… yo creí que el curso se iba a desarrollar en la ciudad — El compañero no le respondió, pero sí expresó cierto gesto de preocupación que se hizo más elocuente en la medida en que el verde del paisaje se tornaba más boscoso y los demás ocupantes del vehículo habían cesado de bromear y tomar fotos.

Se trataba de un programa de inmersión para el perfeccionamiento de la lengua inglesa, impulsado por una fundación de Gran Bretaña. En un principio, la expresión dibujada en el rostro de los dieciocho estudiantes universitarios era de gran felicidad. Ellos fueron seleccionados como ganadores de una convocatoria que reunió a más de cuatrocientos aspirantes de todo el país y, además, no tenían que gastar un solo peso durante los ochenta y ocho días que duraría el curso.

Con el pasar de las horas de recorrido, la incertidumbre aumentaba. Poco se sabía acerca del viaje; en la carta de la anhelada respuesta sólo se informaba que habían sido citados a las once de la mañana en la casa cultural de una población de la costa colombiana conocida como Verdería. Algunos ya estaban imaginando que se trataba de una estrategia para montar un reality de televisión o algo así. Llegaron a una lujosa finca después de casi cinco horas de viaje. La expectativa de los asistentes creció cuando fueron recibidos por los organizadores del curso. Todos eran gringos, pero lo que más llamó la atención fue la presencia de Tyson, el bilingüista, así era llamado un león entrenado que estaría acompañándolos en el lugar.

— Nuestra primera clase será sobre las expresiones que deben emplear para dirigirse a Tyson — En un inglés británico expresó el domador y continuó diciendo: — La presencia de Tyson entre nosotros se debe a que esta es una inmersión para hablar en inglés. El bilingüista está entrenado para atacar si escucha que ustedes están hablando en español. En todo caso, estaré siempre cerca de él para que se sientan más confiados —

El león no era el único animal que se encontraba en la finca Los Cueros. El lugar estaba lleno de serpientes y ranas, además, existía un zoológico y un criadero de caimanes cuyas pieles eran exportadas.

Con el pasar de los días el objetivo se cumplía; todos los estudiantes estaban dedicados a las tareas del curso. Pronto Tyson dejó de ser una preocupación; su mirada tierna reflejaba ansiedad de cariño y los participantes de la inmersión se lo proporcionaban. Ellos habían comprendido que todo lo que Tyson debía escuchar tenía que ser hablado en inglés. El propósito de la inmersión se estaba cumpliendo. George, uno de los comisionados británicos, fue de los participantes que mayor provecho le estaba sacando al objetivo: ser bilingüe. Él quería aprender el idioma español y en los ratos libres se iba a conversar con el equipo de mantenimiento, quienes descansaban de los tapabocas que debían usar para evitar un mal rato con el bilingüista, puesto que ellos no hablaban inglés. Un día George comentó que su interés por aprender español era porque había formalizado un noviazgo por internet con una argentina y después de la inmersión viajaría al encuentro nupcial, después de doce años de haberse deshecho su primer matrimonio.

El salón de clases era el sitio donde los estudiantes se sentían más confiados de no encontrarse con los demás animales. Especialmente las mujeres del grupo quienes no dejaban de pensar en el peligro que representaban algunas especies. Ellas fueron quienes más sufrieron en este sentido; vivían llenas de pánico debido a la presencia de serpientes y ranas. Un día guiadas por Luz Amparo, la más inconforme con la idea de permanecer en un zoológico durante doce semanas, se agolparon lanza en ristre contra la administración, en protesta por la tensión y el miedo que les causaba el encontrar hasta alacranes dentro de las carpas.

— Lo sentimos mucho, ustedes no se pueden marchar de este lugar por su voluntad, recuerden que firmaron un contrato. Las serpientes no son venenosas, y los animales enjaulados están vigilados durante las veinticuatro horas — Exclamó con firmeza Dolores, la dueña de la finca, a quien le costó mucho trabajo calmar al grupo.

— ¡Peligro corren si tratan de dirigirse a la salida!—Expresó con firmeza y rabia para sí misma Dolores, al momento en que se alejaba del alterado grupo.

De las pocas personas que parecían ajenas a esa problemática eran Samuel y Liliana, a quienes la oportunidad de estar alejados de sus rutinas diarias, hizo que se encontraran en el lugar perfecto. Siempre a la hora del almuerzo daban rienda suelta a su pasión, gracias a la complicidad de uno de los vigilantes, quien se ganaba varios pesos conduciéndolos a uno de los ranchos deshabitados.

El asombro en el lugar se extinguía con los días, algunos se enfermaban de verdad, otros de mentira tratando de encontrar una oportunidad para ver, al menos, una carretera. Todas sus intenciones resultaron en vano; los médicos eran trasladados hasta la finca cuando se generaba la necesidad.

Había transcurrido casi la mitad del tiempo del curso, cuando en junta de directivos, se tomó la decisión de declarar una tarde libre de compromisos académicos al grupo. Tarde que en realidad no resultó ser tan libre porque los gringos habían dejado muchas tareas para realizar fuera de clases. Sin embargo, cansado de tanto inglés, a Lían se le ocurrió la idea de salir clandestinamente a tomarse unas cervezas al pueblo más cercano e invitó a Adith y otros dos compañeros más. La salida se efectuó con el argumento de que iban a trotar por los alrededores de la entrada principal. Cuando llegaron al pueblo más cercano, entraron a un bar. Allí fueron atendidos por unas damas de compañía; se sintieron tan emocionados el servicio completo recibido, que no se dieron cuenta del tiempo que permanecieron en el establecimiento. En la salida fueron abordados por desconocidos quienes se identificaron como vigilantes del área e inmediatamente se pusieron en contacto con Dolores, quien rápidamente ordenó un transporte al pueblo para que los recogiera.

Frente a lo sucedido, no hubo más tardes libres. Se ordenó que nadie comentara lo ocurrido a los demás integrantes del grupo.

— ¡Al parecer el bilingüista no es el único quien nos controla la lengua! — Expresó en voz baja Adith a sus tres compañeros implicados en el hecho, mientras hacían la fila para almorzar. — ¡Afuera, es donde están los animales peligrosos disfrazados de humanos!—agregó Lían.

Los días transcurrían en aparente calma y los estudiantes poco a poco fueron entrando en un estado de angustia y fastidio. Pronto concluyeron que Los Cueros no era el lugar atractivo de recreación que parecía cuando llegaron. No había para ellos un domingo o lunes festivo de descanso. La piscina se convirtió en una pintura a su vista, al igual que el salón de billar y otra serie de espacios de entretenimiento, a los cuales no tenían acceso puesto que no poseían tiempo para ejercer actividades recreativas. Permanecían ocupados con las tareas en el curso de inglés y siempre acompañados del bilingüista, quien parecía tener el don de la ubicuidad. Tyson estaba en todas partes. — ¡My sweet kitten! — le susurraba Maira, una de las estudiantes, al bilingüista, acariciando su oreja incompleta a causa del maltrato recibido en un circo irlandés. Hecho que fue demandado y desde entonces, Tyson fue refugiado en la fundación británica.

El restaurante quedaba un poco alejado de las aulas. Para llegar allí el grupo tenía que cruzar un lago durante diez minutos en canoa. Hacer esa travesía todos los días a la hora del almuerzo, les proporcionaba cierta tranquilidad y placer. En la noche la comida era llevada a sus carpas. No se podía salir porque afuera, los insectos imponían su ley en el sitio. El espectáculo lo conformaban los mosquitos luchando contra luciérnagas convertidas en pantallas de celulares porque ese era el único espacio donde, a ratos, llegaba la señal de los móviles. Resultaba algo chistoso ver la lucha que sostenían los jóvenes por encontrar la señal. Extendían el brazo hacia arriba con el celular encendido como si estuvieran invocando algún espíritu. — ¡Esto es una cárcel!— Gritaba Luz Amparo, quien parecía querer romper el dispositivo al ver que no se podía comunicar. — ¡No veo el día en que llegue el transporte a recogernos! — Agregó.

Faltaban cuatro semanas para que se terminara el curso. En realidad eran muy pocas las personas quienes no se preocupaban porque la fecha de salida llegara. Además de la pareja de enamorados, parecían estar contentos en Los Cueros Mayra e Isaías. Mayra se la pasaba en los pocos ratos libres imitando el sonido de algunos animales, como el pavo real, el león, la rana y el hipopótamo. Otro de sus hobbies era tomar fotos, había reunido ya más de 900 fotos en varias carpetas de su memoria. Se le podía olvidar el libro de inglés en las clases, pero de su cámara no se desprendía. Un día programó el automático del aparato para fotografiarse. En ese momento se atravesó una de sus compañeras y tan fuerte fue el grito que lanzó, que la desprevenida compañera salió corriendo despavorida creyendo que se trataba de alguna serpiente o del mismo Juancho, el agresivo caimán que se comió a un joven turista en las playas de Tolú y que tiempo después fuera atrapado y llevado a los Cueros. Nadie podía explicarse cómo ese animal había llegado hasta el mar.

El otro que se mantenía complacido en la inmersión era Isaías, llamado por sus compañeros de carpa como Polocho; se trataba de uno de los dos agentes de policía favorecidos con el premio. Ambos alternaban su trabajo con estudios universitarios. Isaías, siempre se encontraba alegre, se inventaba un balón de futbol con lo que fuera y reunía a varios compañeros para practicar en los ratos que no existían, aunque no era muy hábil en el dominio del inglés, se ganó la confianza de la directiva del curso y conseguía salidas cuando el gerente de la finca se disponía en su auto a realizar alguna transacción. Él y Felipe Aníbal, se hicieron amigos por su adicción al alcohol. Las bebidas alcohólicas estaban prohibidas para el grupo de estudiantes, sin embargo, cada vez que Polocho lograba una salida, sus compañeros de más confianza, le reunían el dinero para que comprara whisky. — Al menos el bilingüista no está entrenado para atacar si olfatea el alcohol, jajajaj! — Exclamó Felipe Aníbal la segunda noche que se reunieron en una de las carpas a beberse la botella.

Faltaban ya tres días para que se terminara la inmersión en los Cueros. Desde muy temprano, la noticia se filtró hasta llegar a oídos de todo el grupo: — ¡Juancho se escapó del criadero! — Gritó Lían en un español contundente al ingresar, como siempre tarde, al improvisado salón donde recibían las clases. Hacía dos días de la desaparición del asesino caimán y la implacable búsqueda de los empleados de la finca había traído inútiles resultados. Dolores no había querido hacer público el hecho, para evitarse más molestias y discusiones con ellos y en especial, con Luz amparo, quien no asistió al aula de clases esa mañana como era la costumbre. Algo muy cierto era que si alguien deseaba más que llegara el día de la clausura del curso, era Dolores.

El pánico fue cobrando fuerza entre el grupo de inmersos en la medida en que transcurría la mañana. Ese medio día, todos se negaron a seguir cruzando el lago en canoa para ir al restaurante. La preocupación crecía por cuanto nadie sabía del paradero de Luz Amparo. La última vez que recuerdan haberla visto fue en el restaurante la tarde anterior. Por este motivo la protesta se incrementó y ya se les había olvidado seguir hablando en inglés. El español se hizo un idioma muy fluido y agitado en el recinto. En medio del furor nadie se había percatado de la presencia de Tyson, el bilingüista, quien en ese momento se encontraba sin domador.

De repente, un repetitivo rugido silenció las voces. Todos quedaron como paralizados del miedo. Sorprendidos notaron que no era Tyson, al contrario, el león se notaba más amigable que nunca. Al parecer los oídos del animal se habían adaptados al bilingüismo, gracias al cariño que recibía del grupo. El rugido se seguía escuchando con fuerza. Tampoco era Maira imitando a Tyson. Pronto se percataron que se trataba del ringtone del celular de Dolores, quien era la única que no tenía problemas con la señalización. Se apartó del grupo a contestar la llamada que provenía de las mismas personas que denunciaron a los estudiantes encontrados en el bar. Esta vez, se comunicaron con ella para informarle que encontraron el cuerpo de Luz Amparo dentro del lago, atravesado por dientes de acero, no precisamente por los dientes de Juancho, el caimán. FIN

José Mario González Maza (mariomaza1@gmail.com) es Presidente del Colectivo Ojo de Alcatraz, un Proyecto Cultural que se desarrolla en el INEM Cartagena y presentó el cuento EL BILINGÜISTA el Día del Idioma ante los estudiantes. Fue muy aplaudido.

Hoy traemos a www.docenteinem.com la versión original del cuento, y se convierte desde este momento, en insumo del Proyecto Ojo de Alcatraz. Estamos ansiosos de conocer comentarios, críticas, observaciones, y aportes acerca del cuento. Sin penas y sin vergüenza. Sinceros. Con todo. Es la única forma de avanzar.


Adenda: Felicitamos a todos los actores del Día del Idioma en el INEM Cartagena, liderados por los profesores de Español y Literatura y a los Coordinadores Hugo Riaño Barragán, Wilson Blanco Nárvaez y Sandra Castro Herazo.