domingo, 29 de abril de 2012

La Gran Dama de Cartagena de Indias Colombia

El Colectivo Ojo de Alcatraz presenta hoy un cuento de Carmen Edith Moscote Bustamante alumna de la Normal Superior de Cartagena de Indias Colombia. Esperamos comentarios, correcciones  y críticas. Serán bien recibidas por la autora para su vital camino de alquimista de palabras e historias.

La Gran Dama de Cartagena de Indias
De repente lanza un suspiro como queriendo hacer venir lo que en el ayer fue. Su cabello resumido en una trenza hasta la espalda, y con el brillo encantador que solo puede ser suyo, pareciera recoger sus años de juventud al referir a sus visitantes algún tema de la vida. Dice que no todo lo que ha hecho y lo que tiene se lo ha ganado por su linda cara, porque según ella, de linda no tiene nada.
Doña Carlina Coneo, respetable señora de muchos años de vida, habita en una casa acorde a la edad que conserva su rostro. Una reserva de apacible ternura guarda como el más invaluable de los tesoros el recuerdo de una juventud extraviada en el ayer, y aun en la añoranza de lo que fue, en algún momento de lucidez se reanima lo ineludible de sus años maravillosos, ese reflejo lleva la marca de aquello que todos deseamos tener algún día; el sueño de la felicidad.

Tuvo residencias en muchas partes del mundo, amigos alrededor de éste, de muchas culturas y regiones, pero desde que se radicó en la vieja ciudad amurallada se volvió fiel inquilina de Araujo Y Segovia.

Entrar en ese mágico lugar es revivir una historia con sentido, pero no perceptible por muchos ojos, oídos, olfatos. Cada rincón es un segundo y cada segundo una parte del momento experimentado. Dentro de sus pertenencias se observan dos viejas mecedoras que solo se mueven con la sutil brisa que entra de vez en cuando refrescando el lugar. Su televisor es la prueba contundente de que en aquel tiempo tuvo dinero, lujos y comodidades, encima de éste, reposa la foto de un matrimonio feliz.

Sus muebles tienen marcados los signos de la edad, sus sillas son de un color opaco, tal vez era la moda de aquel entonces Un escritorio conserva los libros de su hijo; Dr. Álvaro Álvarez Coneo, y un ventilador apagado aun a pesar del insoportable calor. La terraza del cuarto piso del apartamento 103 del edificio David aún conserva las plantas en las macetas con flores, todas tatuadas por el pasar de los años.

Dona Carlina, siempre con una historia por contar, recuerda por un instante, cómo fue su vida, pregunta a los presentes y visitantes sobre la suya, sus aspiraciones, sus sueños y su familia, siempre un tema conlleva a otro, nunca hay vuelta atrás.

Los pasos recorridos de aquella señora son el andar de un manojo de lucubraciones y maravillas, de experiencias vividas, de sueños cumplidos, de realidades ineludibles, de una vida majestuosa. Enviudó hace muchos años, pero en su soledad acompañada por el viento, recuerda a su marido, señala su vivir, y en la envoltura de sus palabras pareciesen describir el hombre perfecto.

Entre sus historias recuerda haberle enseñado un poco de español a algunas amigas suyas nativas de San Andrés, en su mirada un destello de luz convence de que fue una experiencia deslumbrante. Cuenta que tuvo un negocio de automóviles, y también de bienes raíces, y meditando sobre un tema cualquiera afirma que por nada del mundo cambiaria una propiedad raíz por un auto.

De repente lanza un suspiro, como queriendo hacer venir lo que en el ayer fue. Su cabello resumido en una trenza hasta la espalda y con el brillo encantador que solo puede ser suyo, pareciera recoger sus años de juventud, al referir a sus visitantes algún tema de la vida. Dice que no todo lo que ha hecho y lo que tiene se lo hay ganado por su linda cara, porque según ella de linda no tiene nada.

Pero para los que tenemos percepción perfecta, es imposible desconocer la belleza de su alma, la pureza de su espíritu y la ternura de su corazón, pero ante todo, desconocer que su memoria es un baluarte de recordaciones, y que una palabra suya tiene el valor apetecible de un diamante en bruto.

Doña Carlina Coneo, para muchos una anciana solitaria, para ella misma; una persona del común, pero para los verdaderos perceptores, exploradores de vida, investigadores y simplemente detallistas; la gran dama de Cartagena.

Autora:
Carmen Edith Moscote Bustamante