martes, 8 de mayo de 2012

Cultura Desarrollo y Antropología

“Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el hielo” Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.
Carlos Manrique *
Los términos cultura y desarrollo son tan usuales y cotidianos al interrelacionarlos, que pocas veces nos ponemos a analizar sus profundos significados e importancias para la buena marcha del mundo social. El hombre es un ser que se expresa simbólicamente, y con tales presupuestos existe, también se asemejan estos términos a arquetipos sociales, que suelen caracterizar a elementos académicos o científicos, que con precisión alguien desarrolla en el “modus vivendi” de la sociedad. Es culto quien “sabe” y alcanzo una superación o desarrolló su potencial. Es toda persona que se destaque por manejar una retorica o poseer título universitario. De esta manera, en la vida diaria usamos estos conceptos de formas diversas, entonces si la persona es de modales refinados, de buen vestir y buen comer, es culta, quien no se visualiza de esta manera es vulgar, plebe “inculto”. La retorica, el hablar en público, manejar un saber es igual que ser poseedores de una gran cultura. Las Ciencias Sociales, acogiendo en su seno ambos conceptos, les da un significado técnico, preciso. No se trata de acabar la discusión, pretende ubicar en alguna medida los términos como han sido asimilados por todos, atreves del tiempo.

Pocos conceptos en las Ciencias Sociales han sido objeto de tan proliferas actividad re interpretativa como aquellas de cultura y desarrollo en las ultimas décadas.

Los críticos no han estado ajenos a esta situación y desde diferentes escuelas se analiza también la evolución interesante y amplían que en el tiempo, estos procesos han tenido.

Diferentes concepciones de cultura y desarrollo hay en todas partes, pero en lo que todos estamos de acuerdo es en la condición esencial de estos dos procesos si antropológicamente se quiere conocer el hombre inmerso en ese ethos histórico, y grupo social especifico.

La cultura y el desarrollo debe ser entendido desde la interdisciplinariedad, permeando lo que en si son, y entendiendo sus verdadero significado y el poder transformador que llevan en su morada. Solo desde miradas múltiples, variadas cosmovisiones las podemos entender.

El verdadero pluralismo cultural no resulta de la simple coexistencia de concepciones de mundos diferentes si no de la convivencia y el dialogo entre las mismas en torno a unos propósitos comunes. Y este es precisamente el espacio que se abre al desarrollo; y lograr el consenso sobre ethos mínimos que aseguran la convivencia con base no en principios deducidos de una coyuntura o una situación fortuita, si no en propósitos nacidos de la conciencia, de una responsabilidad social o cívica compartida.

Los griegos antiguos cuando se referían al proceso que explicaba su mundo hablaban de Ethos. Los latinos en este mismo sentido hablaron del Mos. Lo cierto es que ambas realidades o procesos impusieron su mundo y perspectiva. Los pueblos que se divorciaban de estos ejes explicativos eran llamados barbaros. Se podían conquistar, dominar y someter. No eran… Se deduce aquí que desde sus inicios los seres humanos relacionan estrechamente cultura y desarrollo.

Para que se pueda hacer una autentica transformaciones de la cultura y el desarrollo en el seno de una sociedad es necesario un estudio antropológico de los seres humanos que la habitan, es decir, saber que visión de hombre existe, en ese sector humano, como piensan, que aspiran y cuál es su perspectiva ante la existencia.

Hablar de desarrollo es hacer referencia a ese estado procesal por el cual la humanidad pasa para alcanzar niveles mayores de progreso. En esta interpretación de desarrollo se observa como un medio para alcanzar mejores niveles de bienestar, confort y comodidades colectivas. Como se interpretó en Tailandia cuando se utilizo el condón como medio para frenar la natalidad. Entendiendo que este aspecto de la reproducción humana estaba sobre poblando el país y que era necesario urgentemente hacer política que buscara disminuir la llegada de nuevos seres a esta nación asiática. Para ello fue necesario emplear estrategia en el sistema educativo y sobre todo conocer en lo más profundo la cultura de este país para poder implementar esta estrategia y obtener el éxito logrado.

Toda comunidad practicante de una cultura considera que esta es la ideal, también supone que esta le proporciona la riqueza y utilidad que añora. De ahí que sea transmitida de padres a hijos y de generación en generación atreves del tiempo. Es la herencia histórica más importante que una generación le puede dejar a otra. Es su misma identidad, es ella misma representada en lo que hace.

La cultura es un todo social, sus rasgos son la unidad más pequeña de lo que es. Un complejo cultural es la interacción de estos rasgos con miras a un propósito común.

Cuando el desarrollo implica modificar los soportes de identidad que sostiene a una cultura, generalmente los grupos humanos se resisten a abandonar sus prácticas y el cultivo de costumbres y tradiciones que han logrado a través del tiempo a favor de obras nuevas, que le son extrañas y diferentes. En Tailandia también por su forma milenaria de vivir sin control de natalidad no fue fácil implementar la política de natalidad. Su población inicialmente miró escépticamente esta nueva costumbre o forma de comportarse que le venía del exterior, en otras palabras rompía con lo que sus antepasados le habían dejado en un amplio y nutritivo ethos históricos. Cambiar estas costumbres no estuvo excepto de dificultades y se necesitó llegar decididamente a su núcleo cultural sin alterarlo en esencia para poder penetrar la política del control natal. Como en todo lo que se hace desde afuera trajo complicaciones, pues los grupos humanos no están dispuestos a remplazar de un solo golpe lo que de generación en generación han sembrado. El desarrollo que se les ofrece es desconocedor y en ocasiones rompe con su identidad. El discurso embellecido con versos y frases alentadoras cae al vacio si de negar su cultura se trata. Las naciones unidas en su propósito de llevar el desarrollo occidental a los países subdesarrollados y en eco a lo ya dicho por el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman en su acto de posesión el 20 de enero de 1949, sentenció en un documento lo siguiente:

Hay un sentido en el que el progreso económico acelerado es imposible sin ajustes dolorosos, las filosofías ancestrales deben ser erradicadas; las viejas instituciones sociales tienen que desintegrarse, y los lazos casta, credo y raza deben romperse y grandes masas de personas incapaces de seguir el ritmo del progreso deberán ver frustradas sus expectativas de una vida cómoda. Muy pocas comunidades están dispuestas a pagar el precio del progreso económico. (united nations, I 95 I : IS)

El desarrollo en su afán de transformar puede entrar disfrazado de ventajas económicas, científicas o tecnológicas. Esta última es uno de los agentes más importantes del giro cultural. Es una herramienta muy útil en el sentido de penetrar más fácilmente en todos sus rasgos característicos. En ocasiones cambios tecnológicos acelerados traen también cambios vertiginosos. Un factor importante en pro del cambio el tecnológico es crear necesidades sentidas que se insertan como fundamentales e indispensables pero que pueden ocasionar trastornos en la cosmovisión del grupo humano intervenido. Lo aculturiza, lo aliena. En definitiva es lo que subyace.

Para conocer el comportamiento cultural del hombre tailandés fue necesario antropológicamente estudiar qué tipo de hombre vive en esta nación, cuáles son sus intereses y de qué manera aprecia la existencia y como se puede alcanzar de él y con él, resultados que mejoren su vidas sin que sientan amenazadas su condición histórica alcanzada luego de grandes batallas en el mundo asiático.

Todo estudio de carácter antropológico debe tener por objeto, nuestro ser, debe reflexionar sobre la realidad histórica. Sobre las raíces, los problemas comunes y la idiosincrasia de grupos humanos receptor de sus reflexiones.

Una dimensión cultura genuina que se introduzca en un proceso y cuyo objeto sea el hombre debe depurar los elementos aditivos presentes en la aculturación. Mientras esto no ocurra solo se imitará o copiaran los temas, modelos y problemas extraños a la propia realidad. Cuando la gente se dedique a pensar y expresar su arte, bajo su propia inspiración, sobre temas y problemas propios, de SU realidad cotidiana, cuajará una autentica cultura, como dimensión del desarrollo

En síntesis la cultura y el desarrollo de la liberación intenta no solo una reflexión seria y fundamentada sobre el ser autentico, liberado, construido, libre, suficiente y autónomo. En palabras de Enrique Dussell “no hay liberación nacional ante los imperios de turno sin liberación social de las clases oprimidas”

El ejemplo de Tailandia puede servir como punto de partida para hacer transformaciones culturales en nuestro país reflexionando desde nuestra propia realidad y buscando alternativas de solución a partir también de nuestra propia condición de nación. De esta manera tal vez podamos encontrar la respuesta que hemos buscado del porque la violencia ha sido en nuestro país eterna desde el nacimiento de la república hasta nuestros días.

*Carlos Manrique carlosm20012003@yahoo.es es Licenciado en Filosofía e Historia de la Universidad de Santo Tomás de Bogota Colombia. Actualmente trabaja en la Institución Educativa Fe y Alegría de Cartagena Colombia  y es catedrático de la Universidad de Cartagena Colombia. Ademas es candidato a magister en Cultura y Desarrollo con la Univ. Tecnológica de Bolívar en  Cartagena Colombia.