jueves, 24 de mayo de 2012

Del Chisme al Cuento

“Amicus Plato sed magisamica veritas” **
(Es Platón amigo del amigo, pero es más amigo de la verdad).

¿Si especulamos tanto del comportamiento de los animales, que no razonan, qué se puede esperar de los juicios de valoración que lanzamos hacia los demás humanos? En la historia de la humanidad siempre ha existido el chisme; ese “por ahí se dice”, “eso está rega’o por todos lados”, no es otra cosa más que la muestra de mediocridad de aquellos que no son capaces de ver en otros, el ejemplo a seguir y hacen prosperar la calumnia, porque es la manera como pueden justificar y satisfacer su incapacidad de construir con sus supuestos, cualquier historia u obra de arte. En esa medida, recurren al chismorreo como quien va en busca de su alimento.

Cuadro: El chisme.  Norman Rockwell

Murmurar, chismear o chismosear es un oficio cautivante, sabroso y fácil de digerir como los jugos de frutas que prepara fosforito, el representativo personaje del chisme creado por Sánchez Juliao. El problema del chismoso radica en no poder trascender ese nivel subcultural. Digo chismoso y no chismosa porque el murmullo como oficio sólo le luce a la mujer, cuando no lo ejerce con fines destructivos y es parte de la convivencia social como lo hace doña Tulia, otro simbólico personaje de Sánchez Juliao, caracterizador de la mujer chismosa, desocupada y metida en el buen sentido de la palabra.

Estar por encima del chisme no significa necesariamente poseer unos niveles académicos superiores. Una persona de escasos estudios escolares puede ser antichismosa si no cierra su mente al lleva y jala, dime que te diré; si no reduce su cosmos al comentario de los demás; si es capaz de viajar por el mundo, aunque sea a través de imágenes y letras. Los antichismosos saben que por su superioridad humana no se dejan influenciar y la mejor defensa que utilizan es el silencio, la prudencia. A ellos no les interesa creer en verdades que no buscan; no hacen eco a lo que dice el chismoso porque sus mentes están ocupadas en sus propios asuntos. El virus del chisme reconoce que su víctima elegida, sin groserías ni arrogancias, le hace ver que no siente curiosidad por conocer detalles del comentario y se aparta inmediatamente buscando otras personas con quienes sabe que se puede propagar.

En su terreno abonado, el chismoso se cree juez y sin decirlo, deja entrever que es superior a la persona de quien está especulando. Su intencionalidad nunca será expresar una verdad o infundir una mentira, sino hacer daño en su run run motivado, muchas veces, por un sentimiento de venganza y, en ocasiones por envidia porque carecen de sindéresis.

El chismoso es cobarde, no argumenta ni discute frente a frente, le gusta propiciar polémicas entre bambalinas y máscaras. Acude al anonimato, no se expone a la pelea, se oculta en el discurso falaz, utiliza al ingenuo, al ignorante y al desubicado del tema para hacer veraz su chisme; luego toma distancia. Por esta razón, es común que talentosos empleados, empresarios, artistas, etc. sean blancos de calumnias, intrigas, traiciones y componendas nefastas en contra de su integridad moral. De allí el éxito de muchos programas de farándula.

El chismoso se reconoce por su escaso discurso: no legitima, es indirecto, impersonaliza, es ambivalente, manipulador; siempre está disfrazado de carnaval para ganar adeptos y simpatías en los desfiles y las plazas de bailes públicos. Y claro que gana adeptos, además de otros chismosos, cautivan la atención y el interés de los reyes del palacio, políticos y gobernantes antiéticos. Ellos, caminando por los pasillos del poder, utilizan al chismoso como estrategia para afianzar la cultura del rumor y así, disfrazar las verdades de sus actos; que todo quede como fiesta de carnaval; cuatro días y después el olvido.

A pesar de todo, aunque el chismoso no emplee conjeturas, abducciones o inferencias para reinventar creativamente sus injurias y hacer de ellas un cuento, no está condenado a morir en su falso carnaval si se encuentra con un antichismoso que le facilite las herramientas, para que sea capaz de edificar sus realidades ficticias y volverlas verosímil. De este modo, el chismoso verá la posibilidad de emprender la cacería de nuevas víctimas, pero ya no para hablar de ellas en forma negativa y sin fundamentos, sino pensando en ganar críticos, argumentativos y desenmascarados receptores. Algunos no son ruidosos, pero también se encuentran en todas partes.


** Amicus Plato sed magisamica veritas es una locución latina cuya traducción literal es: "Platón es mi amigo, pero la verdad es más mi amiga". Fue citada por Ammonio en su obra La vida de Aristóteles.


JJ. González M.
Por: José Mario González
Presidente Colectivo Ojo de Alcatraz
Docente INEM
Cartagena, 23 de mayo de 2012.