viernes, 4 de mayo de 2012

Los rectores del INEM: ¿Héroes o Villanos?

Por: Wilson E. Blanco Narváez
wilblanco4@hotmail.com
Coordinador INEM
Colectivo Ojo de Alcatraz

Wilson Blanco Narváez
Con la sorpresiva renuncia a mediados de Abril del profesor Miguel Pérez Márquez, ya son doce los rectores que han desfilado por el INEM. En los últimos doce años van nueve. Miguel Pérez, procedente de la I.E. Antonia Santos, llegó al INEM con la camiseta número doce. Traía un palmarés de buen administrador público y de una reconocida trayectoria como rector en Cartagena y Bolívar. En medio de una nube de prominentes rectores del Distrito y de la UNALDE en pleno, tomó posesión en Mayo del año pasado en la biblioteca Luis Carlos López de la Institución. Pero las expectativas y el optimismo duraron poco. Cuando menos se esperaba, viene el baldado de agua fría: renuncia irrevocable. ¿Un héroe o un villano más? El tiempo lo dirá. Ahora sólo falta esperar al nuevo Godot.

En el 2011 Pérez Márquez remplazó a Luz Elena Ocampo, quien a su vez había relevado en el cargo al ingeniero Alberto Cabrera Utria, rector encargado desde el 2009 y en cuya administración el INEM había tomado un segundo aire; impulso que Ocampo no supo capitalizar al perder la hoja de ruta que su antecesor le había demarcado, cayendo así en una especie de limbo administrativo teñido de “Patria Boba”. Cero y van tres en menos de tres años.

Entre el 2005 y el 2008 estuvieron en la “oficina gris” tres fugaces rectores. Uno duró sólo una tarde: Jorge Correa. Manuel Sixto Marrugo, a pesar de ser encargado, fue uno de los que más aguantó el chaparrón, pero tuvo que cederle la silla a Ubaldo Barranco, un ingeniero indescifrable y parco hablar que buscaba ser nombrado rector, después de largos meses de espera en lista de elegible y que por poco lo blanquean. Al igual que a Luz Elena, se le cumplió el adagio: “Nadie es profeta en su tierra”. Y en el 2009 dio campo a Cabrera Utria.

Todavía los olores a tierra mojada de la poesía del vate de Naranjal permanecían en la “oficina gris” cuando Ruth Arellano llega al INEM. Era la primera mujer que asumía el cargo de rector en 36 años de vida institucional. Pero en el 2004 tuvo que entregarle las riendas a Marrugo, quien a su modo de entender cree que logró direccionar al José Manuel Rodríguez Torices hacia un punto en el horizonte.

Arellano nunca pensó salir del INEM en la forma en que se fue: atravesando una calle de honor hecha por los estudiantes. El día que le recibió el cargo a Orlando Higuera Cárcamo en el año 2003, por su mente no pasó que viviría ese día aciago. El profesor Higuera tampoco lo presintió así, cuando tomó el mando de manos de Rafael Montes en el umbral del nuevo milenio, cuando apenas despuntaba el 2001. La tarde que Higuera se fue del INEM tropezó una placa levantada de las que habían a la salida, y con rabia dijo: “He debido arrancarme una uña porque no hice nada por este colegio”. “Hasta la luz me cortaron”.

Con Rafael Montes se inicia la era de la pirinola, seis años después que el INEM pasara a formar parte de la planta del Distrito. José Ramón Mercado, después de 23 años en la rectoría, entrega las llaves de la “oficina gris” a Rafael Montes, quien se desempeñaba hasta ese momento como vice-rector. En los tiempos de oro del INEM, dicen los que conocieron la administración de Mercado, que éste no sabía qué hacer con las partidas que venían del Ministerio, y que así como llegaban las devolvía al centro de poder. En uno de sus poemas deja entrever que su vida en el INEM transcurría en la más absoluta monotonía de una “oficina gris”, sin tiempo productivo. Su vida no hubiera sido más que una línea sin sentido ni historia, a no ser por los poemas que pudo arrancarle a la cotidianidad de la escuela. En este poema José Ramón se delata y dice sin ambages lo que pasó haciendo 23 años que estuvo en la “oficina gris”. Termina preguntando el poeta de Naranjal: “¿Ahora quién pagará los platos rotos de la fiesta?” (Léase Soy lo que soy, poema publicado en Poetas en el Camino, pág. 35). No es coincidencia que doce años después de su partida del INEM aún se sigan recogiendo pedazos de platos que la comunidad educativa paga con creces y a un alto precio.

En el año 1977 cuando José Ramón Mercado remplazó a Esteban Puello Pacheco, el INEM de Cartagena apenas cumplía seis años de creado. Los profesores aún imberbes y recién graduados poco tenían que hacer para poner a rodar la gigantesca máquina nueva y aceitada. Todos los que estuvieron en esta génesis aún siguen añorando aquellos tiempos bíblicos en los cuales “muchas cosas carecían de nombre y para nombrarlas había que mostrarlas con el dedo” (CAS, 1967).

Desde aquel 7 de Marzo de 1971 cuando Emiro Castillo Torres asumió como primer rector de la Institución, hasta el 19 de Abril del presente año, fecha en que Miguel Pérez Márquez renuncia a la rectoría por amenazas en su contra (véase El Universal del 30 de Abril de 2012), el INEM ha pasado por dos grandes etapas que lo definen y delimitan. La primera, desde 1971, fecha de su fundación, hasta 1994, año en que es aprobada La ley General de Educación. Y la segunda, desde que empieza a desmontarse el sistema de los INEM hasta el 19 de Abril del 2012, día en que Pérez Márquez hace oficial su renuncia ante la secretaria de educación Rosario Ricardo Bray, y así da la estocada final a un proceso de paliativas soluciones.

Se puede decir que el último lustro de la administración de Mercado está enmarcado en la segunda etapa que sea ha denominado de crisis para el INEM. Lo mismo que los gobiernos de los nueve rectores que después de él han desfilado por la Institución. ¿Por qué se debe tomar la fecha del 19 de Abril de 2012 como límite de esta segunda etapa? Por una razón muy sencilla: si el gobierno distrital, en manos de Campo Elías Terán como alcalde y de Rosario Ricardo como secretaria de educación distrital, no pone fin a casi veinte años (20) de crisis institucional, el INEM se irá inexorablemente por el desbarrancadero.

Esta coyuntura histórica que ha propiciado la inesperada renuncia de uno de los mejores rectores del Distrito de Cartagena, no se puede desaprovechar en discusiones innecesarias que poco o nada aportan a las soluciones profundas que requiere el INEM. La comunidad educativa debe exigir de una vez por todas una salida definitiva a esta problemática que ya cumple cuatro lustros. Esperar la llegada de otro Godot como redentor de los males de la Institución, es postergar la agonía de un enfermo que está en la UCI desde el mismo momento en que el gobierno local asumió los costos de su salud.

Cartagena, Mayo 4 de 2012.