domingo, 27 de mayo de 2012

Palabras mágicas

“Los líderes inteligentes creen sólo la mitad de lo oyen. los líderes con discernimiento saben cual mitad creer." John C. Maxwell
 Hace pocos días recordaba cómo Juan Camilo, con apenas tres y medio años de existencia, llegaba del Pre escolar de la Seño Muñe y se encontró con una conversación entablada entre su mamá, una tía y la vecina que nos frecuentaba con mayor asiduidad y escuchó una frase altisonante, grosera. Procaz. Y entre la sorpresa y la admiración negativa exclamó: “oye, mi tía está diciendo palabras mágicas”.

Más tarde, la profesora me explicó qué para contener el torrente de vulgaridades y groserías del incipiente vocabulario de los niños, les advirtió sobre la necesidad de eliminar tales expresiones, pues, quien las utilizara se convertiría en un ser “grotesco y repugnante” que nadie iba a querer.

Los niños son como las esponjas que absorben todo cuanto está a su alrededor y se impregnan de ello. En un ambiente donde el trato amable, la frase cariñosa y la ternura como menú del día a día dentro de un clima sano de afecto y comprensión; se crece con la solidez de una personalidad estructurada con las bases requeridas para superar los embates de la cotidianidad. Con esta armadura supo Juan Camilo afrontar el lenguaje verdulero de William David; los “carajos y no-jodas” de la tía Midia, junto con los años de bachillerato en una Institución Pública que albergaba estudiantes de todas las extracciones, rangos, estratos y raleas.

El dinamismo del lenguaje es casi infinito y se nota cómo fluye en los niveles de comunicación utilizados en todas las formas posibles de las relaciones humanas. En los momentos actuales, donde, como dijo alguien: “la tecnología nos acerca a los que están lejos y nos aleja de quienes están cerca…”; cuando donde están cuatro personas reunidas hay cuatro conversaciones simultaneas: “porque todos tenemos algo que decir y casi nadie escucha”, estableciendo, casi siempre, un “diálogo de sordos”; cuando la presunción de cada uno creyendo ser “único poseedor de toda la verdad” le impide el diálogo y suscita la controversia o la polémica; cuando el epíteto infame, la frase desacreditadora, la descalificación impune -cómo afirmaba un desmovilizado de Flor del Monte: “en el momento cuando se acaban las ideas hay que acudir a las balas…” o la estrategia belicista de ese personaje delineado por la pluma magistral de Sánchez Juliao, muy mencionada por estos días, La Niña Tulia; quien al quedarse sin argumentos para rebatir a su contendiente acude al “… y tú que vas a hablar?????” y de su boca brota un torrente de injurias y calumnias aromatizadas con frases de grueso calibre dentro de los parámetros de la procacidad y del comentario tendencioso- ; cuando la amabilidad, el buen trato, las buenas maneras, la solidaridad -el ponerse en los zapatos del otro- , parecerían fórmulas inicuas o recomendaciones de Museo (como aquel en el que han puesto a la Urbanidad de Carreño)

Bien puede valer el esfuerzo de acudir a la magia de la palabra porque: El deterioro acelerado de la armonía familiar; Los silencios hostigantes de la vida de pareja; la intolerancia proclive que mancilla el entorno comunitario; la brusquedad, la aspereza y la confrontación permanente que debilitan y enredan los lazos fraternales y la sana convivencia laboral, ameritan la aplicación del bálsamo de la palabra cortés, franca, sincera.

Cuánto nos podríamos ahorrar para no seguir pagando (hasta con la propia salud) el bodegaje de odios gratuitos, rencores, resentimientos, amarguras y malos ratos, si con hidalguía y nobleza de espíritu, unidos al coraje y la valentía de afrontar las situaciones para aclarar los malos entendidos dentro de los márgenes de la magia de decir:

-“Lo siento, me equivoqué…”;
-“Reconozco que no soy perfecto y fallé…”;
-“vamos a intentarlo de nuevo…”;
-“Eso no fue lo que realmente quise decir…”.

Se entiende que si quieres hallar en cualquier parte amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo; porque la fuerza del amor y de la generosidad supera con creces la fuerza de la violencia y del egoísmo. En esto radica la verdadera magia de las palabras.


JUAN JOSÉ ROMERO PARRA

Docente INEM
jjromeroparra@gmail.com
Cartagena, 26 de mayo de 2012