sábado, 23 de junio de 2012

Animalito del monte

Elementos para una semblanza de TOÑO MENDOZA
En alguna parte, no precisa dónde, se encontró con esta frase de Platón: “no es digna de ser vivida una vida que no se hace preguntas…”. Y empezó a vivir. Recuerda como si hubiera sucedido ayer cuando el silencio de la noche Monte mariana lo rasgó ese sonido, inaudible al comienzo, pero que se prolongó más allá del tiempo. Guacabó. El canto del Guacabó: Cronos, Tanatos y Hermes (Hermes el mensajero con Tanatos a cuestas, se desplaza en el lomo de Cronos, quien, cual caballo desbocado recorre las calles polvorientas de su Ovejas natal; utilizan al Guacabó como su traductor simultáneo para comunicarse con los habitantes del pueblo.)
Antonio Mendoza Rivero
En la majestad del entorno Caribe se debate en la duda de elegir entre Chavarrí o Guacabó, Pisisia o Barraquete. Como una lluvia con el sol afuera, de la misma forma es la vida de aquellos que desconocen sus raíces y se niegan a asumir su relación con los ancestros. ¿Por que´ la gente tiene que compararse con los animales? : La fiereza del león; el poderío del tigre; la agudeza del ojo del lince; la sabiduría del búho; la laboriosidad de la hormiga; la solidaridad de las maría mulatas; la promiscuidad de las perras y de las zorras; la exuberancia sexual del mico o del perro; la fuerza toro; la fidelidad del cangrejo.

Cuestionamientos, preguntas, interrogantes, dudas, desconfianzas. Tremendo revoltijo. La cabeza le ardía y casi no podía dormir. “vivo para encontrar una respuesta” –se dijo y acudió donde el Padre Gilberto con sus trece años y dos meses de estancia por este mundo- “Somos animalitos”. Nunca podrá olvidar cómo le hablaba el sacerdote. “animales racionales, pero, animales al fin y al cabo y las comparaciones surgen como una expresión poética de establecer un punto de entendimiento entre aquellos que quieren comunicar algo.”
Toño Mendoza
Y descubre la música a través del sonido de la gaita. De la mano de los Zapata Olivella –con quienes recorren medio mundo llenándolo de melodías- aparecen los Gaiteros de San Jacinto. Siente como si se le arrugara el alma cuando de la garganta del Soplavientero Catalino Parra escucha: “tres golpes, tres golpes na má…” O la invitación a Manuelito Barrios. Le ha quedado grabado en el corazón este:

Animalito del monte / que sale de un matorral/
A comerse toda mi yuca / y yo tenerla que sembrá/

Puerco manao déjame trabajá/
Animalito del monte/ No me deja descansar.

Un pensamiento postergó sus ansias de llegar hasta el final. Impelido por esa frase que taladraba su cerebro, se dijo: “retroceder nunca, rendirse jamás.¨”. Sí, sería el protagonista de su propia película.

“Ninguna afugia nos hará perecer”. Solía recordarle su paisano y padrino José Ramón, este afirmaba que el mejor poema todavía no se había escrito todavía porque la vida misma es poesía. Puedes hacer de tus días una oda o una elegía, demarcar tus fronteras con la métrica de un soneto decimonónico o abrir tus alas y abarcar la plenitud del cielo, no como esas aves de corto vuelo que merodean las orillas de los puertos, las plazas de mercado y los arrabales; sino con la amplitud de miras de un albatros, un pelícano o una gaviota. Los halcones, las águilas y los cóndores, pertenecen a otras latitudes.

A la sombra del Maestro se robustece su alma. Después de trasegar como un ave sin rumbo, encontró un nido, claro que no hizo como el Chavarrí que toma posesión de la nidada ajena y se ahorra la tarea entretejer ramas, hilos, hojas.

Aprendió que para el hambriento el pan se cocina lentamente. Aún añora esos momentos mágico cuando deambulaba por pasillos y bloques a la diestra de José Ramón en actitud de escucha: “piensa antes de hablar; eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices. No hagas como aquellos que además de ‘darle fresco ‘a la lengua con sus afirmaciones, vierten torrentes de bilis. Esa es la maledicencia…”.

Guacabó, pregonero de la muerte, luto y dolor. Voz cargada de presagios, envuelves en tus alas pesares y derrotas. Calla. Ruidos de fusiles y metrallas te opacan. Ya no tenemos lágrimas. Nuestros difuntos se las llevaron con la avalancha de sangre e injusticia que tiñe la tierra de los Montes de María. Alza el vuelo, entre el humo y las tinieblas. La oscuridad nos cubre con su manto. Regresa, cuando aparezca el sol.

La vida le sabe a porro –como cantaba el Compae Pablo Emilio Flórez, alma bendita, cuando junto a María Varilla, Pola Berté, Sánchez Juliao y Álvaro Triviño, armaban el fandango. Una orgía de velas derretidas, abarcas pisadas, sudores, guapirreos de machos cabríos y polleras levantás. “Hasta que el sol nos escupa la cara.” Como vociferaba Euclides Flórez, empinando el codo con cada trago de licor.

El exilio le obliga a observar el terruño desde afuera. Porque “si regresas te matan… y a los Riveros, les interesa más contar con un cobarde vivo, que con un valiente muerto”. Le recriminaba, hasta la exasperación, su tía materna mientras en una caja de cartón –que posaba como maleta- le empacaba sus pertenencias: dos mudas de ropa, el librito de misas que le obsequió el Padre Gilberto –cuando trató de sonsacarte, siendo monaguillo, para que le llevaras amigos tuyos e investirlos como colaboradores del altar- el almanaque Bristol y unas hojas de tabaco para tu tío abuelo que te recibiría en Barranquilla; puerta de entrada del progreso a Colombia y puerto de salida de los embarques de marimba que los vocingleros guajiros empacaban por toneladas hacia los mercados del Norte, donde los hippies que las consumían proclamaban “haga el amor y no la guerra”.

Con la trashumancia por latitudes costeras y andinas, surgió, también, el devaneo ideológico. Se confundieron las orillas. El amigo de andanzas del Caballero Martín, machete en mano, botas pantaneras, organizando a la Asociación de Usuarios Campesinos, enemigo de terratenientes y colonos explotadores; trocó su ideal de lucha, después de fraternizar con los cuadros elenos de la U del Atlántico, de echar piedras y armar barricadas con los desmovilizados de Flor del Monte asentados en el barrio El Bosque de Curramba la Bella; después de ser huésped de honor de los Valdeblanquez y agente infiltrado entre los Cárdenas, dentro de la guerra fratricida de estos clanes.

Animalito del monte / que se esconde por ahí/
Cuando se acaba la yuca/ le corre al maíz/

Y en el instante preciso cuando todas las incertidumbres, búsquedas, desencuentros y avatares coincidían en su existir, la vida dejó de ser un carnaval con la aparición de Stella Laocuture, con su raigambre Sirio-Libanesa llegó para quedarse y ponerlo todo en orden.

Es inobjetable el sentido de pertenencia y el amor a la institución que contrastan con esa sed de polémicas y ese afán de armar controversias.

¿Por qué tienes que decirle a tu paisano Wilson que el porro está por encima de la gaita?

¿Y también, que la verdad del canto del Guacabó se antepone a la mirada panorámica del primo del pelícano y sus zambullidas falaces???

JJ. Romero. P
JUAN JOSE ROMEROPARRA
DOCENTE INEM.
COLECTIVO OJO DE ALCATRAZ.
Cartagena, 21 de junio de 2012