sábado, 2 de junio de 2012

El Calabacito Alumbrador

“el compae Menejo bajó de la montaña/ y nunca había visto luz eléctrica / en su vida un día bajó del monte para Sampués / y no sabía que hacer al ver la luz encendida…despácheme un calabacito que sea alumbrador…” Calixto Ochoa
El homenaje que le tributó el Festival Vallenato de Valledupar, en la versión de este año, a Calixto Ochoa; sirvió para que muchos desempolvaran la discografía de este juglar, quien le ha cantado a las costumbres provincianas y a las características singulares de los habitantes de esta región del país con personajes como Remanga, el Compae Chan y el Compae Menejo.

Así sale a colación la historia del Calabacito Alumbrador: el campesino que desconoce la existencia de la luz eléctrica y demuestra su admiración y su ingenuidad ante los adelantos tecnológicos de ese entonces y le lleva a su consorte –tan ignara como él- las bombillas eléctricas para que las siembre, confundiéndolas con calabazos “atropellados por el verano”.

De la candorosa actitud del personaje, hijo de la fecundidad creativa del Maestro Calixto, ante el uso de la energía se transita hasta situaciones donde se derrocha un recurso cuyos costos de producción son, cada vez, más altos:

- Dejar el televisor encendido, aunque nadie lo utilice;
- No apagar las luces cuando se sale de un recinto;
- Tener dos televisores sintonizados en un mismo canal dentro de una casa;
- Abanicos o acondicionadores de aire funcionando en una habitación vacía;
- Permanecer con la nevera abierta o abrirla repetitivamente;
- Utilizar la lavadora con sólo unas pocas piezas de ropa;
- El planchado apenas cuando se va salir.

Son algunos de los mínimos detalles que en el transcurso de la rutina diaria manifiestan la falta de conciencia ecológica y la inexistente responsabilidad social en la preservación y uso racional de la energía unidos al desconocimiento del compromiso ético y moral con las futuras generaciones de dejarles el legado de un ambiente sano y limpio, como el recibido por nosotros.

Entre las múltiples racionalizaciones y justificaciones que respaldan las conductas anteriores se pueden mencionar:

- La falsa creencia, según la cual los recursos naturales son inagotables;
- El contar con la disponibilidad económica para cancelar los costos de los servicios públicos (“para eso hay plata…);
- Una cultura de indiferencia e infravaloración del medio vital en que se desarrolla la existencia;
- Una visión pesimista del mundo y de vida;
- La falta de una educación ambiental fundamentada en la Bioética y en valores que privilegie al ser humano 
como sujeto de derechos y deberes, que considere como sagrado “el mínimo vital requerido para desarrollar una existencia digna en un ambiente pacífico y sano”.

Se requiere, con urgencia, que en los diversos escenarios de la convivencia comunitaria se conjuguen esfuerzos y acciones eficientes y eficaces tendientes a neutralizar hasta extinguir el flagelo de la mentalidad anteriormente enunciada. “La escuela, concebida como comunidad integradora de saberes, -como la define el Licenciado Leonardo Luis Castillo- debe apropiarse dentro de áreas fundamentales y obligatorias como la Ética y Los Valores Humanos, La Democracia y el proyecto de Competencias Ciudadanas, las Ciencias Naturales y puede tratarse como eje transversal que oriente hacia la Construcción de ciudadanía, transformadora y guardián de su entorno.

“Cuando se valoran, en su verdadera dimensión, los costos que suponen la generación de energía; entonces, empieza el cambio de mentalidad”. Enfatiza el docente Jaime Silva Duque, quien acota: “la escuela debe trabajar en la doble vía de formar la conciencia ecológica de los estudiantes y también comprometer a los Padres de Familia y a todas las personas mayores para que enseñen con el ejemplo y podamos contrarrestar la acción funesta que nos ha llevado a sentir los rigores del cambio climático”.

El INEM José Manuel Rodríguez Torices, de Cartagena como comunidad educativa, desde todos sus estamentos, intenta responder con acierto a éste desafío de la historia, - según cuenta Jorge Ruiz, docente que ha liderado proyectos pedagógicos como “vive lo natural”- porque es indispensable el aporte de cada uno tendiente al ahorro de energía y de agua a partir del uso racional y responsable de estos recursos.

Mientras, el sonido de las canciones remasterizadas del juglar vallenato salpican de nostalgia los corazones de quienes a través de tales relatos evocamos los tiempos idos con la añoranza que el tiempo futuro sea mejor: QUE EL CALABACITO JAMÁS DEJE DE ALUMBRAR.

JUAN JOSÉ ROMERO PARRA.
jjromeroparra@gmail.com
Docente INEM
CARTAGENA, 1 DE JUNIO 2012.