jueves, 19 de julio de 2012

El entierro del Sayayin

“AQUÍ ESTÁ EL SAYA… PARAO EN LA RAYA.” Canción Paola

Compa. Me advirtieron que no asistiera, pues con el antecedente del entierro del JHONKY donde hubo desmanes; el desorden convirtió un acto de duelo en una guachafita sin fin. La plena, Mi Compae, que acompañando tu sepelio se me pusieron los pelos de punta, quise llorar y no pude contemplando ese frenesí luctuoso de los pobres de Cartagena y me identifiqué con ellos. Me conmovió mirar a un grupo de mujeres mayores que tú, bailando al compás de tus canciones, extasiadas, en una actitud mística como si fuese una liturgia.

El entierro del Sayayin en Cartagena Colombia. El mejor cantante de Champeta,
El propio Saya

Tremendo espeluque, Mi Compae. Taquilla completa, como dice Juan Camilo. Te sobraste, tú el más pegado. Hasta unos periodistas franceses tomaban fotos y escribían notas acompañando el entierro. La gente del barrio se lució; El Runner hizo unas pancartas con los mismos colores y letras con las que invitaba a tus conciertos, las portaban moto taxistas y le reclamaban al alcalde Campo Elías por haber prohibido los bailes con picós. Había una que me llamó la atención porque le pedían al Alcalde que respete la cultura del pueblo de la que la champeta y los picós hacen parte, porqué, mejor, no prohibía el Festival del Burro de su natal San Antero.

Los chinos de Tuchín y de San Andrés de Sotavento estaban desatados vendiendo café y aromáticas; ni se diga de los vendedores de agua, ¡se la echaron! Imagínate, caminar desde el Estadio de Chiquinquirá hasta el Parque Cementerio fue una parranda condimentada con el sol de las tres y media de la tarde hasta las seis menos cuarto cuando apenas entraron con el féretro al cementerio. Míster Black, el mismo que estuvo en la boda paradisiaca del extraditable Fritanga, trajo su nave; los vendedores de gaseosas y cervezas en latas no se daban abasto. Por ahí observé a un boro con tres garrafones de ron.

Muchos estudiantes se escaparon de sus clases y yo, mi vale, caminé desde la Bomba del Amparo hasta el sector Santa Teresa, dónde te vas a quedar tú en la tumba 303. Todos los carros acompañantes trajeron la canción de Paola con el máximo volumen. Si vieras cómo bailaban tus vecinos de Olaya, toda la zona Sur oriental de esta ciudad estaba presente.

“PAOLA, TE CREES LA ULTIMA COCA COLA… DE NUEVO EL SAYA PARAO EN LA RAYA…” Uno de tus nuevos mejores amigos trajo un carro qué tenía un equipo con un golpe grandísimo. Olímpica Estéreo trajo un carro descubierto donde el Cheo Romero, más ronco que siempre, lucía despeinado, las presentadoras de RCN Televisión con sus cachetes bien colorados. Los malandros estaban de caleta porque los tombos estaban regados como verdolaga a lo largo y ancho de la vía y formaron una calle de honor en la entrada del camposanto.

“YA LE COGÍ EL MANI A LA SUEGRA, YA LE COGÍ EL MANÍ…” Retumba junto al estribillo que pregonaban los presentes: TE QUEREMOS SAYA, TE QUEREMOS. Moisés de la Cruz, uno de los primeros que se aventuró a programar la música champeta en la radio local, me comenta que “los picós le han quitado espacio a la promoción tradicional y colocaron la champeta en un nivel diferente”. Viviano Torres, Melchor, el Afinaito, Louis Tower llevaban el féretro.

Al único que vi embarrilado fue a un cachaco que cargaba una bolsa grandísima con chicharrones inflados, esos que hacen sólo con la piel del cerdo: ¿quién iba a tener ganas de comer con ese peso tan grande en el estómago ocasionado por el hecho de tener la certeza dolorosa de saber que no podremos contar más contigo y con tu música? Porque TU FUISTE UN INNOVADOR. Fuiste para la champeta lo que es Silvestre para el vallenato, o Don Omar para el reggaetón o Michael Jackson para el Pop. El Rey. El más grande. El más pegado.

Lloran los vales de Rincón Guapo en Ternera; la pandilla de las Marmotas declaró un cese de hostilidades con Los Poquiticos; La Puntilla pactó una tregua con los de La 14 de Fredonia. Hasta la gente de Loma Fresca, Petare, Palestina, República del Caribe bajaron a despedirte. Los aplausos de despedida parecen llegar más allá del cielo. A la señora Petrona, tu vecina, esa la que vive en la parte de atrás de la calle, se le rompió la chancleta de tanto bailar y caminar. Ya bajaron el ataúd a la tumba después de las oraciones de Mañe, el rezandero de lo Amador que aprendió su oficio bajo la supervisión del Padre Richard. Los acompañantes que se agolparon en el sector salieron en estampida porque a alguien se le ocurrió gritar que un tipo armado iba a disparar. Despavoridos. Si vieras como corren pisoteando las tumbas ajenas y tropezándose entre sí. “La gente todo lo vuelve berroche” – dice un señor con cara adusta y ceño fruncido.

La gente sigue bailando. “pilas, que se van los buses”. Parece que pudiesen exorcizar con la danza ese dolor tan grande; semejan a niños huérfanos que buscan con la mirada quién los ampare y proteja, quien les diga que todavía vale la pena seguir viviendo. Allá traen a tu hermana, la que vino de Brasil, desmayada. “Ábranse, échenle alcohol, denle aire”. Son los gritos de quienes la sostienen y tratan de socorrerla. De este golpe será difícil reponerse, Compa. Ahora, a la que traen es menguada es a tu señora. Se la llevan en una ambulancia.

Compa, me saludas a Luis Cuellar, el dueño del picó El GEMINIS; al PILO, él fue quien trajo la música africana que se producía en Francia; al MONO SUCIO, a OSCAR MOFLE, a ABELARDO PLÁTANO: todos fueron mecenas e impulsores de la música champeta que murieron en circunstancias similares a la tuya: balas disparadas por desconocidos que todos saben quiénes son. Putearon todo.

Me saludas al JHONKY, de seguro que el coro celestial se fortalece con tu llegada y le vas a meter todo tu ritmo y tu meke.

Mientras los indios en el Cauca irrespetan el orden jurídico al tratar de desalojar a las autoridades militares de su territorio, tú entras a hacer parte de la Historia. Tu gente te despide como solo se despide a los grandes: bailando tu música, tarareando tus canciones y unidos en una comparsa infinita reafirmando la legitimidad de la champeta como expresión cultural de un pueblo sumido en la postración, abandono y el olvido que sólo se hace visible con las noticias negativas que brotan como consecuencia de la espiral de violencia producida por la miseria, la marginalidad, la falta de oportunidades y la ineficiencia de un gobierno que engolosinó a los pobres con promesas de pavimento, de mejoramiento de la calidad y los estándares de vida y cuyo único hecho concreto ha resultado ser la prohibición de manifestaciones culturales buscando la fiebre en las cobijas.

Compa, TE FUISTE EN LA PROPIA NUBECITA, PERO, ESO VA. Tranquilo que nosotros acá seguimos parados en la raya. PORQUE EN EL FONDO TODOS TENEMOS ALGO DE CHAMPETUDOS. NADA IMPEDIRÁ QUE LE HAGAMOS SENTIR EL MEKE A LA HISTORIA. LA PLENA, VALE MIA. La buena pa ti.

El profesor Juan jose Romero Parra del INEM Cartagena Colombia
JUAN JOSE ROMERO PARRA
Docente INEM
COLECTIVO OJO DE ALCATRAZ
CARTAGENA, 18 de julio de 2012