martes, 4 de septiembre de 2012

Jairo Puche y la alegría de vivir

“Puche/ Puche / Puche / Te queremos Puche…"  y él extasiado sonreía, levantaba los brazos, escuchando ese canto sin final. (Q.E.P.D)

Repleta de pasajeros, transitaba la guagua del centro de la Habana hacia Varadero. Dentro, Jairo Puche Tous embriagado de Cubanidad contemplaba  las delicias del paisaje natural  y humano de ese sueño convertido en una feliz realidad; en medio de la vocinglería propia de los habitantes del Caribe –a quienes les  cuesta permanecer callados- sobresalió la exclamación de Jairo: “¡… y es que Fidel ES UN VERRACO! . 
Jairo Puche Tous (Camisa Roja) entre amigos
El conductor detuvo la marcha del vehículo, en medio de un silencio sepulcral. Todas las miradas se posaron en el individuo con estampa aria, nariz aguileña y se toparon con el color verde-azul-gris de sus ojos de los que brotaba una mirada inocente, llena de interrogantes porque no sabía qué había sucedido; entre los  improperios y gestos amenazantes de los pasajeros se elevó la hermosura de una morena esbelta quien explicó a sus camaradas que el compañero  era colombiano, cartagenero, trabajaba en el Inem Cartagena Colombia, docente de Idiomas y disfrutaba de su primera visita al territorio libre de América; apeló a la comprensión de sus conciudadanos,  ella sabía que Jairo al lanzar esa expresión estaba tratando de halagarlos porque en su patria la verraquera significaba ser aguerrido, batallador, aquel que  lucha hasta conseguir lo que quiere y no se da por vencido. Ella, cubana, era su amiga y su guía turística.
Jairo Puche y Berina Villamil con docentes amigos
Jairo con esa bonhomía, característica suya, se levantó  y presentó excusas y solicitó un aplauso para El Comandante, el Caimán Barbudo. “yo dije `verraco´ y ellos como que entendieron `bellaco´…” Explicaba, después, a quienes  indagábamos sobre su periplo por la Cuba de sus amores. Porque Jairo es un hombre apasionado que siempre ha vivido a plenitud sus amores: amor a la vida; amor a sus convicciones;  amor a su familia; amor al trabajo; amor al Inem y a sus compañeros de labores; “amo el amor” afirmó con una  carcajada, en   alguna ocasión cuando se le preguntaba sobre sus experiencias amatorias.

“Jairo Puche es como un niño grande, un niño bueno”. Le escuché decir a César Rodríguez, refiriéndose a la grandeza de su corazón transparente, a su generosidad sin límites, a la inocencia de su espíritu que le impedía actuar con malicia y lo llevaba a decir de los estudiantes indisciplinados y groseros: “ellos son buena gente, ellos son buenos…” estudiantes que se aprovechaban de su fervor por Cuba y al inicio de la clase le preguntaban sobre este país y Jairo se extendía a hablar todo el tiempo necesario sin reparar en la intención de quienes trataban de escaparse de una evaluación o revisión de tareas. 

Con el mismo objetivo, hubo ocasiones, que lo recibían en el salón entonando un estribillo: “Puche/ Puche / Puche / Te queremos Puche…" y él extasiado sonreía, levantaba los brazos, escuchando ese canto sin final. Al culminar el año académico, quien reía era Jairo con la lista de estudiantes que debían habilitar su Área.

Humildad y sencillez  imprimen a su talante profesional el sentido de pertenencia suficiente que le permite trasladarse a la Primaria de la Sede de Isabel la Católica, donde combinó los fonemas del idioma de Shakespeare con los ejercicios de la Educación Física que impartía desde Primero hasta los estudiantes de Quinto, quienes lo adoraban, tratándolo como uno más entre ellos: chiquitines y traviesos.

 Cada uno de quienes conocemos a Jairo guardamos el recuerdo de  alguna anécdota o ocurrencia de este personaje que hace parte de la HISTORIA del Inem de Cartagena: el merito de la trascendencia  de las personas no radica en hacer cosas extraordinarias sino el hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien y Jairo Puche Tous con  su manera de ser se ha ganado este puesto.

 Amigo, solidario fue a visitar un compañero docente recluido en la Clínica Blas de lezo; comenzaba el mes, ya habían cancelado el salario  correspondiente. Jairo le preguntó sobre su salud y en la charla le mencionó sobre el pago, situación que aprovechó el enfermo para solicitarle doscientos mil pesos en calidad de préstamo que en poco tiempo le repondría, Jairo se lamentó de no tener los recursos disponibles para ayudarle en esta afugia. Días después el mismo comentaba: “hombe, estuve en la Clínica visitando al profesor X, ya está bastante mejor, se recupera satisfactoriamente, pero, ¡tengan cuidado que está vacunando!”

Deportista consumado, infaltable en las practicas sabatinas de preparación a los Juegos de la Confraternidad, su disponibilidad le permitían medírsele a la disciplina que le propusieran: “…yo no sé pero aprendo…” y se comprometió con el atletismo de pista. Después de la jornada inaugural en la ciudad sede de ese año, la mañana de la primera eliminatoria recibieron al Equipo con un desayuno de arepas asadas, huevos sancochados y café con leche adosada con una fuente de rebanadas de papaya y bananos maduros. 

Varios compañeros decidieron no desayunar y optaron por bebidas energizantes o aromáticas: “hombe, eso no se puede dejar, fíjense que hemos pagado mucha plata para llegar hasta aquí y la comida está incluida en tales costos…” Apoyado en tal razonamiento, Jairo recogió de la mesa de la Delegación seis huevos, cuatro arepas, tres bananos que guardó en el bolsillo de la sudadera y dos tazas de café con leche; no le sirvieron los requerimientos de Demócrito que invocaba la dieta casi monástica de Amparo Reina y  de Nancy Guerrero y sus ayunos beatíficos antes de subir al podio, tratando de impedirle degustar su improvisado banquete. Y  lo hizo.
Jairo Puche con atletas compañeros
Quedaban  veinticinco minutos para saltar a la cancha y Jairo todavía tenía un banano a medio pelar. Se acomodó en el carril número siete de la pista atlética, cuando sonó el  pistoletazo dando inicio a la carrera, todos vieron caer a Jairo, cuan largo es, desvanecido por la hartura.

Las enfermedades son los intereses que se pagan por los placeres. Nuestro colega y amigo Jairo, con sus 65 años, iniciando su vida de pensionado, padece los rigores de una enfermedad que mina sus fuerzas, pero, no le apaga su sonrisa ni el vigor de sus convicciones.

Jairo que sonríes con las ocurrencias de quienes te visitamos en tu lecho de enfermo. Enseñas y nos ayudas a aprender que a la muerte no se le teme porque si morir es dejar de ser, dejar de existir; la muerte no podrá tocarte a ti: como Berina, escribiste tu nombre con trazos firmes y fuertes en el libro de la Historia del INEM y el Libro de la Vida de quienes te conocemos, te tratamos, te queremos.

Después de la dolorosa despedida tributada a Berina Inés Villamil, quien pasó  a hacer parte de nuestra historia como un ser excepcional que transitó por este mundo, dejando a su paso, impresas –en  su familia, entre sus vecinos, en la comunidad educativa, en el corazón de quienes la amamos-  las huellas imborrables, indelebles de un Alma Grande. Porque esta hermosa negra, enseñó con su testimonio de vida que la Belleza, la verdadera Belleza es la conjunción, la suma, la armonía de las líneas perfectas del cuerpo con las virtudes arraigadas en un espíritu que vive la alegría, el entusiasmo de encontrar la verdadera felicidad dentro de la generosidad y la abnegación, la entrega desinteresada desde la propia vocación realizando  así su proyecto de vida. Nos preocupan tus padecimientos. Recuerda cuando te sientas abandonado que Dios se queda contigo.

Existes y existirás por siempre en la vida y en los recuerdos de quienes compartimos contigo tantas vivencias y experiencias de vida.

Tú no has de morir porque la verdadera muerte es el olvido.

JUAN JOSÉ ROMERO PARRA
Cartagena, 27 de agosto de 2012