domingo, 19 de agosto de 2012

'Loncha' y Marilyn Monroe en el imaginario de la generación del 62

Valía más lo tangible, y para eso estaba 'Loncha', porque lo imaginado con la Monroe en la soledad de Onán, se lo dejábamos a la humedad del sueño cuando cabalgábamos en la satisfacción de lo intangible. 

Han pasado cincuenta años y siguen trajinando la mente, los sueños húmedos de los que se recreaban en profundidades insondables de aquella que pronunciaba frases, que enmarcaban la marquesina de un teatro, como : “Nunca fui Santa”, nominación de una de las películas de Marilyn Monroe, pero en el sustrato del mundo de la generación que frecuentaba a 'Loncha' , se establecía una especie de paralelismo o mejor dicho analogía, ya que tanto la una como la otra, atrapaban los sueños y transportaban a una especie de éxtasis existencial por la contemplación de la forma femenina, que para algunos, no tenía razón de ser, por no alcanzar los parámetros de la belleza exigida por los cánones de los Concursos de Mis Universo.

Fernando Botero escultura Cartagena Colombia by Edgar



Allí se mostraba 'Loncha' con su cuerpo de una estatura menor de un metro con sesenta, de forma casi boteriana, con glúteos de poca prominencia, como muestra de los rasgos de nuestros aborígenes, adornado por la redondez del rostro mostrado por la cortina de los cabellos negros acerdados que cubrían su cabeza. Mientras la Monroe era una mujer de belleza versátil que podía jugar con las diferentes formas de la lindeza femenina, ya fuera su estilo platinado de labio rojos sensuales anunciadores de la voluptuosidad de su cuerpo que se mostraba a través del tejido ceñido, cantada por poetas y grandes magnates del mundo, sí, era lo antónimo de la 'Loncha' de esa generación del 62 en lo referente a los corpóreo, 'pero había un no se que 'en 'Loncha' la de la calle De las Flores. 

Ella, era la despuntadora de estípites virginosos que se erigían con dinamismo ante los despidos de una edad puberiana, nada contrastaba con la visión de las múltiples imágenes de la Marilyn, así se dijera que “Los Caballeros las prefieren rubias”. Era 'Loncha' la que finalizaba las emociones recibidas, que se habían generado en la contemplación de cualquieras de las películas actuadas por la Monroe, sólo bastaba crear el imaginario corpóreo de la actriz, para sumirse en los sueños momentáneos de los encuentros en la calle De las Flores , donde se podía escuchar la coqueta risa de la actriz en el nuevo comienzo de la proyección en el teatro Variedades del barrio de Torices .

Así como lo plantea Daniel Samper Pizano sobre el mito: “Mito es alguien superior que nace en extrañas condiciones, desciende a los infiernos, se remonta luego a las alturas, muere ritualmente y resucita”. Observo lo que ha pasado con 'Loncha', cuando esta generación del 62, se regodea y eleva con fruición espiritual en los recuerdos de la búsqueda del orgasmo de los dioses, se alinean en la nostalgia para quedarse en aquellos tiempos de la revista Luz y las miradas pícaras por una “punta” de las escuálidas piernas de 'Loncha' y sus muchachas de ojos escondidos en la horizontalidad de una túnica de vieja lona con gritos crepitantes por la resequedad del almidón y las oxidadas tachuelas y no la marmórea figura contorneada de la Monroe. 

Valía más lo tangible, y para eso estaba 'Loncha', porque lo imaginado con la Monroe en la soledad de Onán, se lo dejábamos a la humedad del sueño cuando cabalgábamos en la satisfacción de lo intangible. Después con el transcurrir del tiempo se endurecieron las emociones, para no permitir volver a los recuerdos de aquella despuntadora de anzuelos, que estaba guardada en el arcón de las cosas olvidadas. Bastó que se alcanzaran los años de blancos cabellos para volver a la nostalgia y surgió 'Loncha', la que se transformó en un mito para los del barrio.

El escrito cartagenero Juan Vicente Gutiérrez Magallanes nos recrea con el significado de Loncha para la generación de 1962 en Cartagena Colombia y concretamente en el barrio Torices.
Juan V Gutiérrez Magallanes