viernes, 26 de abril de 2013

¿Hay Campo para todos?

El legado de Campo Elías


"No se puede juzgar la vida de un hombre hasta que la muerte le ha puesto término". Afirmó, hace algo más de 22 siglos, Sófocles. Y en la apoteósis de la mancha humana que hizo parte del cortejo fúnebre que acompañó los despojos mortales de Campo Elías Terán hacia su última morada se patentiza,  la amalgama de sentimientos de pesar, la ira contenida de los sueños frustrados, el desencanto ante la postergación de las promesas de cambio y mejoramiento secularmente anheladas.

El legado del Alcalde de Cartagena de Indias Campo Elías Terán dix

"Otra vez, será." Masculló, mostrando sus encias desdentadas, una señora delgada, envejecida -con cuarenta años de edad, seis hijos de padres diferentes, cinco nietos- en su ropa de luto y las chancletas polvorientas ( porque "me vine a pie desde  la invasión del último sector de Nelson Mandela , a despedir a Campo. Él era nuestra esperanza y algo se torció").

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad y en el caso de Campo Elías la búsqueda del poder político mató al periodista y acabó con esa persona dotada de una extraordinaria sensibilidad social, desprevenido, dicharachero, informal, afectivo, descomplicado, cariñoso -como la emisora de radio que regentaba- adalid en la solución de pequeñas causas. Untado de la precariedad que agrieta la piel del pueblo e inunda de rabia sus corazones.

Tales cualidades que catapultaron su popularidad y reconocimiento social, se convirtieron en defectos que debilitaron su proyecto político y le hicieron perder el norte en su labor como administrador y primera autoridad de una ciudad muy compleja que en su devenir ha pasado por episodios como el ser objetivo predilecto de corsarios, filibusteros, piratas; Heroica, que resistió los embates del "pacificador Morillo"; referencia obligada de turistas y destino de toda clase de  depredadores, hasta "la fantástica" según el último cantar de Carlos Vives que exalta las raices africanas de un concepto de ciudad que no puede sustraerse a su destino cósmico de hacer visibles a la inmensa mayoría de sus habitantes.

No es tarea fácil superar los atavismos, cambiar paradigmas y abandonar ese lastre ancestral de sometimiento, sumisión, esclavitud que han marcado generaciones y generaciones llevándoles a asumir una actitud negativa,indolente, pesimista de la vida; del futuro y de la necesaria e indispensable lucha por la superación, el progreso, el mejoramiento de la calidad de vida: La prosperidad.

Es aquí donde aparecen en  la historia de  nuestros pueblos, personajes marcados con un sino trágico que les obliga a levantarse por encima de la multitud, con una estatura que supera los límites normales de la estructura social en la que convivimos.

Guardando las proporciones, encontramos el mismo sino en Luther King, Mandela, CHavez, Obama y Campo Elías. Con las diferencias sutiles de las circunstancias personales, estos personajes encarnan el ideal común de la imperiosa necesidad de demostrar que SI SE PUEDE acceder desde la periferia -las minorías, la marginalidad- hacia los centros de poder y dirigir el manejo de la autoridad,  el gobierno hacia esa inmensa mayoría que clama por la aplicación de unas políticas que dignifiquen la condición humana de todas las personas. Desde la educación, la salud, el empleo, la vivienda, , el deporte y la recreación: satisfacer las necesidades básicas ayuda a que se luche, sí , no sólo por sobrevivir sino para engrandecer el medio social con el desarrollo pleno de las potencialidades, cualidades, destrezas individuales y colectivas.

Se le abona a Obama y a Mandela la fortaleza de concretizar la esperanza sobre el hecho que SI SE PUEDE gobernar por encima del color de la piel de aquel que rige el destino de una nación.
CHávez y Campo Elías comparten el destino de aquellos que sólo fueron vencidos por sus propias limitaciones, más allá de los malos augurios, las zancadillas y toda suerte de malabares y artimañas de los viudos del poder y sus hordas de vasallos que hipnotizados por el espejismo de querer ser como sus señores, adoptan sus discursos, opiniones y criterios sesgados y se convierten en multiplicadores gratuitos de ideologías que a la  postre les impiden asumir las riendas de sus propias cabalgaduras y ser dueños de su futuro.

Campo, abrió campos; pretendió ampliar el campo para que otros como él pudiesen transitar hacia los centros de poder y decisión, pero, el establecimiento y la corruptela que lo habita, la envidia y los celos de sus congéneres, la falta de visión que le impidió crear y consolidar un movimiento político; fueron algunas de sus fallas, además de permitir que "lobos disfrazados de ovejas se apoderaran de él y esas fuerzas oscuras con su influencia negativa le torcieron el rumbo, pensando en su propio provecho, mucho más que en la ciudad" Contó, en una ocasión, uno de sus asesores más cercanos.

Asaltado en su buena fe; envanecido con el poder; con la embriaguez de tener en sus manos algo (hasta ese momento) vedado para el pueblo. Surge la tragedia y la Parca mueve sus hilos y lo separa de este mundo.
Después de asistir a su funeral, conmovido con el llanto de Campito (el hijo que llora la ausencia del padre admirado y querido); recordando  el ataud sellado, le escuché decir a Juan Camilo Romero -titulado en Derecho y Ciencias Políticas- que "en Campo se patentiza cómo la política mata a una persona: Campo era una buena persona, pero, el ser buena persona no garantiza ser buen administrador" y al rememorar las caras de los asistentes, remata: "los amigos de la política no son los mismos amigos fraternales".

Fueron 163 mil personas, quienes con su voto refrendaron la  confianza de otorgarle el mandato a un representante de la clase popular y se tropiezan  con la descorazonadora realidad como la que vive la anónima señora de la última invasión del barrio Mandela, cuando le tocó regresar a su rancho con las chancletas rotas y la tristeza doble de no poder tocar, siquiera, el ataud   y no poder anotar el  número de la tumba en el juego del chance porque la Gata (usufructuaria de los juegos de azar) desde las horas de la mañana, bloqueó y vetó el número de la tumba de Campo de Elías.

Entre la multitud que se apiña alrededor de la tumba brota la voz de un exseminarista que entona una canción de la Misa Salvadoreña o Nicaraguense -no alcanzo a precisar su procedencia- : "CUANDO EL POBRE CREA EN EL POBRE/ BROTARÁ LA LIBERTAD..."

El Legado de Campo Elias Terán dix
Juan José Romero Parra
Cartagena, 26 ABRIL 2013