miércoles, 4 de diciembre de 2013

El sentido de la ética en un mundo globalizado

Facilismo o mediocridad. Desarrollo moral y desarrollo tecnológico. Felicidad y globalización. 


Los postulados  éticos mantienen su pertinencia desde la razón de ser de la ÉTICA misma. Como reflexión filosófica sobre la mora,l se encarga de ofrecerle al ser humano las respuestas que le permitan enfrentar todas las circunstancias  que rodean su existir; de ahí brota la vigencia y actualización  constante, que en el devenir de los tiempos hace de la ÉTICA el faro que ilumina el sendero  seguido por la humanidad,  para arribar a un puerto seguro.

Tocando las puertas

Situados dentro de un sistema social que se apoya en elementos  de las escuelas pragmatista y utilitarista, se constata que la relación existente entre desarrollo tecnológico y desarrollo moral, en muchos casos, es casi inversamente proporcional: mientras el desarrollo tecnológico galopa sobre el lomo del corcel brioso de la ciencia; el desarrollo moral, apenas, da pasos vacilantes en los pies de un sistema educativo anacrónico, retrógrado e imitador de otras realidades ajenas al contexto, que requiere una intervención urgente para responder –con asertividad- a los desafíos de las nuevas formas de vivencia que brotan.

Deberían avanzar concatenados: el desarrollo tecnológico con sus innovaciones científicas y el desarrollo moral con una visión renovada del ser humano, sus dimensiones, aspiraciones y anhelos, dentro del marco de una civilización que se educa, aprende y enseña, formando seres competentes.

Porque existen elementos comunes entre el desarrollo tecnológico y el desarrollo moral, determinados por la visión de ser humano que tenga la sociedad y por tanto, mediante la reflexión, el cuestionamiento y la curiosidad  -que sirven de eje a la investigación científica y al análisis ético- se responde a las necesidades, propósitos, objetivos y metas de ese ser humano  (sujeto y objeto)  de su propio progreso.

Bienestar, mejoramiento, calidad de vida, prosperidad, felicidad; son algunas de las motivaciones que involucran al núcleo social, en la tarea de transitar por la historia en busca de sentido y significado a su esencia y existencia. Aquí el desarrollo moral es indispensable para dotar de las herramientas adecuadas a cada individuo y a cada conglomerado social para que se mantengan en sintonía –sincronizados-  con todo cuanto se hace, se experimenta, surge o aparece.

Entonces, el papel, la función de la ética es fundamental: el análisis, la reflexión sobre el comportamiento humano frente a:

1. Los retos de un mundo concebido como aldea;
2. La responsabilidad con las generaciones  futuras;
3. Las nuevas formas de vivencia social, familiar y conyugal;
4. El compromiso con el medio ambiente;
5. El Deicidio o un mundo sin Dios;
6. Los fundamentalismos y fanatismo;
7. La prolongación de la vida, la clonación y la reproducción asistida;

Solicita con urgencia respuestas claras, precisas, veraces y contundentes que doten a cada ser humano de las herramientas  idóneas para asumir con éxito su papel como protagonista de su propia historia.

De esta manera, la ética orienta, asesora y cimenta el actuar de cada uno para que interiorice las normas, principios, prescripciones que puedan regir su deambular autónomo dentro de un mundo que en una constante y dinámica acción cambiante, crea nuevos paradigmas.

Así puede inferirse que, para el esclarecimiento y viabilidad del mundo actual, la ética debe aportar todos los elementos que fundamenten y enriquezcan el desarrollo moral para que vaya en consonancia con el progreso científico y las innovaciones tecnológicas:

1. Ampliar  el panorama de las luces del conocimiento y disipar la oscuridad de la ignorancia promovida por los medios de comunicación y amparada en un sistema educativo perverso (que desestimula con el facilismo y la mediocridad el “alcanzar los más altos grados de formación intelectual, profesional y humana”);

2. Dotar a la racionalidad de elementos sensitivos apropiados  para que la enriquezcan y la hagan fecunda (inteligencia emocional);

3. Crear conciencia sobre la necesidad de preservar el planeta (conciencia ecológica);

4. Rescatar el lugar y la dignidad del ser humano por encima de la tecnología y de las leyes del mercado (la oferta y la demanda);

5. Permitir que el poder que lleva consigo el conocimiento se extienda a todos los conglomerados sociales y haga visibles a aquellos que “la sociedad” excluye;

6. Hacer del acto educativo una realidad pertinente, eficaz y liberadora:

7. Promover la construcción de formas de gobierno y de relaciones intergubernamentales apoyadas en los valores que la soberanía y la dignidad de todos los seres humanos y todos los pueblos exigen y requieren.


Los anteriores, entre otros y muchos más aportes, comprometen a la reflexión y la investigación  ética en el surgimiento y emergencia de nuevos comportamientos y prácticas sociales. Porque tocan la línea medular, la razón de ser y el objetivo fundamental de la ética como rama de la filosofía que trata de ofrecer las respuestas ultimas.

En conclusión puede decirse que las preocupaciones y nuevas tendencias de la ética en el mundo actual, se orientan en el empeño de tratar de brindarle al ser humano de hoy, las respuestas que le impidan seguir ahogándose en el océano de su ignorancia o de la incertidumbre y de las tinieblas que arroja el postmodernismo, la globalización y la concepción mercantil del querer ver al hombre como un cliente o un objeto  que él mismo se compra y se vende.

La ética, Arte de vivir bien, Arte de la felicidad; dota de sentido y puede revestir  de significado la globalización, en la medida que cada uno de nosotros, asumamos  -con la seriedad que el momento nos impone- el compromiso de superar los embates de la ideología del sistema social que nos cobija y desde la educación, aprovechemos esta oportunidad de cambiar la historia, siendo competentes, proactivos y dotados del sentido de pertenencia suficiente para concretizar,  en el acto educativo, nuestra visión de generaciones gestoras y protagonistas de su propio futuro.

Como en el mito del eterno retorno, notamos que 26 siglos después tiene vigencia la reflexión sofista del relativismo ético: “nada es verdad, nada es mentira; todo depende del cristal con que se mire…” y aunque aún retumba la pregunta “¿De dónde venimos?” Hoy, sintiendo el cambio climático, preguntamos con zozobra “¿Hacia dónde vamos?”.

Y los interrogantes continúan.

Ética, moral y globalización
JUAN JOSÉ ROMERO PARRA
jjromeroparra@hotmail.com
Cartagena, Colombia. 3 de Diciembre  2013