domingo, 16 de marzo de 2014

La historia de tus zapatos

Para el poeta Jesús Cos Cousse.
In memoriam.

Atardecer en San Andrés

Ha de ser por casualidad o por una malévola intención de vigilarme que en tu viaje anterior se quedó entre cosas envueltas un par de tus escarpines señoras zapatillas que me observan cada momento o por lo menos me acercan a ti en tanta distancia las que he encontrado y puesto junto a los míos sin embargo señalan tu espesa ausencia de pies idos y descaminados pasos se posan a la espera de mi reencuentro los veo con un halo de incertidumbre su cuestionamiento su silencio su paciencia al observarme y al saber que sin palabras influyen en mi como tu sombra una mariposa ha entrado en la estrecha estancia y revolotea entre las cosas relegadas a su olvido y se va picoteando  una y otra hasta quedarse posada en el tacón de tu zapato despliega las alas con esa suavidad de abrir y cerrar y abrirse con lentitud para descubrir que guarda dos ojos al descubierto que ahora me miran con fijación al pestañar para comprobar que son los mismos ojos que me devuelven a la noche del zigzaguear de una niña en su bicicleta que miraba desde el piso de la entrada de mi casa que tengo siete años y una soledad sin precedentes que camino asmático por un hospital un 24 de diciembre cruzando crudamente mi infancia hasta la otra noche novembrina frente a la ventana cenizal de unos besos suplicados y compulsivos y tú en overoles y tenis balanceándose en el nervioso roce de los labios  a la mañana que desperté con la convicción de no dejarte jamás trepando en la tapia insegura del deseo andando con los brazos abiertos de equilibrista sobre un madero angosto entre mi casa y la tuya sin ver hacia abajo al abismo de una calle de perjuicios y tu sosteniendo el tablón de otro lado con la blusa entreabierta y tus pechos lejanos  y yo avanzado ahora a gatas con las manos y las rodillas como la Talita de Cortázar en medio  dos absurdos destinos vuelta arriba el cielo estrellado y debajo el entejado de la vecina al zambullo en el mar de las desilusiones con la esperanza de que fueras mía más allá de tus recuerdos y vivencias y al asomarme hacia la playa  verte entrando  con tu libertad en busca de mi abrazo mi cuerpo bajo la lluvia de esa tarde y el calor de los cuerpos bajo el mar de las muchas lluvias de nuestro amor en mi habitación de estudio y el granizo cayendo como piedras sobre el techo de zinc y el murmullo del arroyo que busca el río ineluctable y tu voz lejana al otro lado del auricular hablando de la nostalgia que viene con la lluvia y el frío que viene en esa soledad ora  sofocado y anclado en el trancón de un mediodía yendo en tu busca para encontrarte en ese Kindergarten dando bendiciones a los cerebros y los niños de pie haciendo un alto a mis veinte años que no dejan de continuar precipitado a las muchas horas de viaje de regreso en la autopista de una ciudad a otra en el eterno peregrinar de ausencias en las muchas despedidas y reconciliaciones y convaleciente de muchas renunciaciones íbamos entonces tus ojos miraban con ilusión y el torso te crecía pródigamente y tus senos estaban allí para auxiliar mi soledad espantando desaciertos hemos vivido todo estos lustros y ahora en esta Isla vuelve a aparecer el recuerdo de tus ojos vigilantes y celosos de medusa que no me dejan andar sino por tus caminos y no me dejan pensar sólo en tu destino que me aguarda el amor ahora multiplicado en el vientre crecido y el sudor de muchos trabajos y luego flácida con unas botas de caucho puestas y mi camisa traslucen tus pezones erectos y el interior más allá de tu sexo de voz suplicante que me dice que no me debo ir en el almizcle de muchos besos y sinsabores envueltos en esa otra mañana con una resaca al sol ustorio sin saber a dónde ir y como llegar entrados en años a la calma de la aceptación de que no somos iguales en la dificultad del diálogo y retazos de la soledad ahora que separado por la geografía de un mar océano y que ya no quiero beberme y al mundo mirar más allá de esta orilla de caderas de la catira de voz apagada que trato de interesar de la india cuyos ojos titilan como luces de navidad que no puedo conquistar de la negra recién casada que me advierte más allá de sus buenos pasos que su cuerpo está en reposo por el esposo alejado y de los amigos interesados en el convite de muchas noches perdidas sin ritmo y sin lectura con el monólogo de creernos que nos las sabemos todas rumiando con la ansiedad de lo que no puedo asir con las manos y que está pululando en mi interior como la ausencia en presencia sombras de caras y de palabras que se han ido o que están por partir con sus gestos de amor señalando que la vida está en otra parte traspasando la ventana por donde ahora pasa aleteando la mariposa abriendo y cerrando estos recuerdos.-  

San Andrés, Isla,  frente frío de 2008.

La historia de tus zapatos
Heriberto Martínez Britton
hmartinezbritton@gmail.com