lunes, 12 de mayo de 2014

Madre divina y hermosa

Madre te daré solo cinco razones por las cuales te llevo como una impronta indeleble en mi rasgado y herido corazón. Te he amado desde el principio de los tiempos.

α-ω. Me has llevado en tu amoroso vientre por días y noches cósmicas con una imperturbabilidad angelical

α-ω. Has cargado en tus poderosos y hercúleos brazos mi herido cuerpo, durante milenios inacabables sin mostrar el más mínimo cansancio, emulando a el magnífico san pablo.

α-ω. He ido montado sobre tus hombros para visionar el futuro insondable de mi vida con asaz claridad y refulgencia mística.

α-ω. He alimentado mi débil cuerpo desde el inicio de los tiempos con el líquido más níveo que me has proporcionado y por ese alimento este cuerpo se ha mantenido incólume ante las adversidades.

α-ω. Has sido mi faro, mi guía y mi consejera imperecedera en los avatares del más maravilloso y puro de los actos humanos como es el amor.

α-ω. Por ti puedo cambiar las reglas de las cinco razones y esbozar la última de ellas. La sexta, bríndame el suficiente tiempo para contarte que esta razón es infinita, dado que no me alcanzarían los minutos, las horas, los días y los años de todas mis vidas para contarte una a una cada una de las miles y miles de inacabables razones por las que te amo.

Te regalo un infinito campo, tupido y túrgido, de hermosas flores

Inem Cartagena Colombia José Manuel Rodríguez Torices


José Francisco Guerrero Bardi
sajosbirda@hotmail.com