martes, 29 de julio de 2014

John F. Kennedy y Colombia

"La propia palabra secreto es repugnante en una sociedad libre y abierta…"


Con esta frase introductoria contenida en uno de sus últimos discursos pronunciado el día 27 de abril de 1961 ante la American Newspaper Publisher Association, el presidente John F. Kennedy, alertaba a sus conciudadanos sobre la existencia de sociedades secretas que conspiran en forma “monolítica y despiadada¨; que ejecutan un “sistema de encubrimientos e infiltraciones” y, que son apoyadas con ingentes recursos económicos y humanos desde adentro y afuera del Estado norteamericano.

Esta forma de dominación, a su juicio, estaba en el aparato armado por el paraestado para violentar el orden y condenar la independencia y la libertad del ciudadano. Murió sin vislumbrar sus alcances, quizá uno de ellos contenidos en las estratagemas que ordenaron su asesinato.

Más adelante, en 1972 estalló el escándalo de Watergate, sobre el espionaje a la sede del partido Demócrata a instancias de Gobierno de Richard Nixon y sus centrales de inteligencia, y que en 1974 precipitaron su renuncia a la presidencia.
 
 
La Ley Patriota, cuarenta años después, legaliza todas las formas de opresión sobre el pueblo estadounidense y sus derechos civiles para confrontar al terrorismo, léase 9-11. Todo el mundo, me refiero a todos los terrenales existentes en extensión, se encuentran bajo sospecha, las garantías constitucionales están intervenidas indefinidamente en procura de la seguridad de la nación más poderosa del mundo.

Es aquí cuando los temores de JFK se hacen realidad y dejan de ser secreto, los norteamericanos interceptan en su casa y fuera de ella, lo delatan los reiterativos espionajes a sus aliados europeos revelados por la Wikileaks y el exagente de la CIA., Edward Snowden, hoy paladinos universales del antisecreto y contra la mentira y la hipocresía con que se maneja la política exterior del país del norte. Ahora, el temor se funda en el resto del vasallaje de la ultraderecha latinoamericana, que quiere mal interpretar los mecanismos de esa irregular ley de seguridad, para espiar desde la ilegalidad todo lo que sea oposición o amenaza a sus seguridades socio-económicas, o mejor, contra sus centros de poder político, astutamente llamado, democrático.

El hacker, las elecciones y Colombia
 
Lo pasado con el hacker profesional y las elecciones presidenciales de 2014, no representan un hecho aislado de la nueva forma de hacer política en Colombia. Es un hecho grave que no puede pasarse por alto cuando era estimulado por el más firme y favorito candidato para alzarse con el poder de la República. Se apeló al matoneo mediático del saboteo, usurpación y desinformación, de las campañas de sus adversarios, incluyendo la del candidato-presidente, el proceso de paz, y hasta de su mismo sirviente ideológico: Francisco Santos.  Operaba con dineros particulares. Apoyado por funcionarios estatales como antes lo había hecho el desaparecido Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), en un cínico abuso de poder del gobierno del corazón grande y la mano firme.

Ese sistema de interceptaciones y otras ilegalidades que deploraba JFK, quiso el gobierno de la Seguridad Democrática, elevar a norma constitucional mediante el Acto Legislativo No.02 de 2003. Ahora, no sabemos a qué seguridad era dirigida, pues, con el mismo rasero de peligrosidad se interceptaba el Senado, las Cortes, Alcaldes, las guerrillas, a nítidos periodistas y hasta muchos anónimos ciudadanos, desde luego, cuyo efecto se desconoce.

Quizá por solvencia moral, jurídica o de respeto al derecho fundamental del debido proceso y de las libertades protegidas en nuestra Constitución, la Corte Constitucional como último bastión impermeable contra la subordinación del miedo, no le dio el aval de constitucionalidad al pretencioso proyecto legislativo ideado para acabar con el terrorismo, en Sentencia C-816 del 30 de agosto de 2004. (Ms.Ps. Jaime Córdoba Triviño y Rodrigo Uprimny Yepes).

Otra Colombia seriamos si nuestras garantías constitucionales estuvieran sometidas al arbitrio de los sucesivos gobiernos despóticos. Sería esa nuestra “ley paranoica” contra los opositores y detractores de las seguridades económicas y personales envestidas como la seguridad colectiva del pueblo colombiano bajo el régimen de las corrupciones, injusticias y las guerras fratricidas interminables.


Por Heriberto Martínez Britton
hmartinezbritton@gmail.com
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