martes, 23 de septiembre de 2014

El Mono Pérez

“Le solicité a los vigilantes que sacaran al Mono y lo dejaran afuera del colegio. Ellos lo hicieron, lo sacaron, y este se agazapó en la entrada; en cuanto el vigilante –algo inusual en ellos- se descuidó en su labor de abrir- dejar pasar y cerrar las puertas, entonces el Mono apareció en el centro del colegio." Pacho Guerrero


“La perrilla”, aquel mísero can que inmortalizó la pluma del poeta; tiene su aposento en las aulas del INEM de Cartagena. Luis II Montero Abad, docente Emérito de Lengua Castellana, Literatura y Letras –un baluarte de la puntualidad y la consagración a la pedagogía- declara: “parece que de tanto insistirle a los estudiantes que lean las obras literarias en especial a los autores clásicos, hemos invocado esos espíritus que pululan por las escaleras, pasillos, salones de clases y demás áreas comunes. Es posible que por el hecho de tanto mencionarlos se hayan personificado.”

Sin decirlo, relata el caso de la obra cumbre del Hombre de las Letras –Miguel de Cervantes- cuyo hidalgo no sólo tiene su efigie en la plazoleta del Departamento sino que medra en la comunidad empastando libros, libretas de calificaciones y revistas; además colabora con las diligencias del servicio médico-asistencial de algunos docentes y le mienta la madre a quienes, casi lo hacen caer de su cabalgadura de dos ruedas, cuando en lugar de llamarlo por su nombre: “Nelson” le gritan “Don Quijote!!!” corren y se esconden.

www.docenteinem.org

“Mono”, así lo llaman las hermanas Pérez (Ana y Ruth) estudiantes de Séptimo grado, al cachorro émulo de “la perrilla”. “Él llegó al Coliseo, hace algo más de un mes. Se apareció en plena clase con el Profesor Vallejo. Fue amor a primera vista: nosotras lo miramos y él nos miró. Empezamos a acariciarlo y se dejó. Desde ese momento nos sigue a todos lados, le traemos comida, lo bañamos; una vecina lo conoció y le compró croquetas para perros en crecimiento. Lo llevamos a la casa nuestra, pero a mi abuela no le gustó porque ella tuvo una mala experiencia con un perro callejero que la lleno de hijos.

Antes, los compañeros se burlaban de él por su aspecto: raza indefinida entre criollo, chandoso y basto, lanudo, despelucado, flaco casi hasta los huesos. Ahora, nuestros amigos y amigas del curso y de otros grupos no permiten que lo maltraten.

El Mono se va con nosotras hasta la casa y se viene. Hoy lo amarramos, con una pita, al lado de la casa y salimos a escondidas; cuando nos dimos cuenta ya estaba detrás de nosotras, camino al colegio.”

“El animalito descrito por Marroquín en su poema se ha encarnado en el Mono”, Asevera el Profesor Montero y continúa: “acompaña a las gemelas Pérez por todos los salones durante la jornada escolar y si algún profesor le cierra la puerta para impedirle la entrada, se desplaza al salón contiguo y trata de asomarse por la ventana, buscando el contacto con sus protectoras”.

Algunos docentes toleran la presencia del Mono como un integrante más del ambiente didáctico de la clase, con otros la situación se torna tensa porque el Mono en cuanto los siente cerca “se le paran los pelos” y les ladra. Sucedió con el Profesor Remberto: “no puedo admitir la presencia de ese ejemplar de la raza canina por la mala fortuna que tengo con estos animales. Fíjense, por ahí anda otra perra, la Perra de Piña que apenas siente mis pasos ladra de manera enardecida. He tratado de hablar con su amo y protector, pero, dadas sus múltiples ocupaciones, mis esfuerzos han sido inútiles.”

“Al Mono le gusta entrar a los salones en plena clase y participa: cuando el Profesor Richard solicita un aplauso para quienes contestan correctamente, El Mono, también responde con un ladrido.”” Parece que entendiera.” Afirma otra compañera de Ana Pérez: “porque se sienta con las orejas paradas, muy atento a las explicaciones de la Seño Colombia; aunque ésta parece que no gustara de él.”

La Seño Colombia presentó su queja ante la Coordinadora Doña Rosilda –respaldada por el Profesor Remberto- “por la intromisión en su salón de clases de ese animalito que entra y sale cuando le da la gana”. Rosilda apela a la sabiduría ancestral que posee, heredada de su linaje Arjonero y decide enviar este caso al Comité de Convivencia Escolar porque “es la instancia creada por el Estado para establecer la ruta integral de atención a la comunidad desde los ejes de la promoción y formación para la ciudadanía; el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los estudiantes y mitigar la violencia escolar. Entre otros”, enfatiza con un ademán de sus manos.

Cuando la disertación de Rosilda avanza hacia los senderos de la conciencia ecológica, el respeto y la conservación del medio ambiente, el cambio climático, aparece Jorge Piña. Consejero, Orientador Escolar, Especialista en Filosofía, Auxiliador de madres desconsoladas, Asistente Técnico del Coordinador Jaime Mendoza; entre otras labores. Piña, adoptó a la perrita recién nacida que abandonaron en la puerta de su oficina –con una nota manuscrita que el único que sabe su contenido, además de Piña, es Toño Mendoza- y la dotó no sólo de cariño sino de todos los elementos veterinarios hasta el extremo de someterla en plena adolescencia perruna a una ligadura de trompas: “para que los rigores de una maternidad reiterada, permanente, no la afectaran”.

Nadie conoce el nombre con el que fue bautizada en presencia de los padrinos: Isaías y félix Ponce y las tres madrinas: Norelia y Janeth (quienes de casualidad llegaron tarde a la ceremonia) y la Coordinadora Sandra -la Bella Dama- quien hizo las veces de madre adoptiva de ese hermoso y tierno ejemplar canino. Todos la llaman “la Perra de Piña”.

Así aparece en la supuesta resolución rectoral que difundió Lucho Castellar, el Auxiliar Administrativo que con sus expresiones hizo enrojecer, de ira contenida, el rostro del Profesor de Matemáticas José Viecco (quien asumió como norma de conducta la actitud filantrópica y espiritual de ‘enseñar al que no sabe’, ‘dar de comer al hambriento’ y ‘vestir al desnudo’; filosofía de vida que cumple casi al pie de la letra).

José es un defensor a ultranza de los animales y sus derechos. Dueño de un perro labrador centenario, Simón. Padrote, semental que alquila por horas y días para sacar crías. Lleva seis cuadernos –como los que sugiere (de manera obligatoria) el profesor de Química Pura a sus estudiantes de grado Once- Tales cuadernos sirven para tomar los encargos de las “montadas” de Simón, las cuales se programan con cita previa y tiene compromisos adquiridos hasta la Semana Santa del 2018 después del eclipse lunar.

El secreto de la exuberancia libidinosa que posee Simón –envidiada por muchos varones de la comunidad como Haroldo y Marrugito quienes sienten como el peso de los años se concentra en la zona gonadal- consiste, el secreto, en el hecho que el animal de marras encontró un tarro plástico a la altura de su hambre insaciable y le metió el colmillo e ingirió el brebaje que contenía. El compadre más querido de José no pudo recibir el encargo que le envió el Doctor Junco, médico homeópata, naturista, bioenergético, hijo adoptivo de los Chamanes de las Piedras y el Bayano –reservas indígenas desalojadas por el conquistador De la Torre y Miranda, en el norte de Bolívar y vecinos de los indios Yurbacos- “Furumbao, Mero Macho, Mega Sex y otros potenciadores, mezclados con chontaduro, borojó, miel de abejas y kola granulada, sin efectos colaterales: larga vida para el cerebro, “ le explicó el Doc. Junco al compungido José, mientras le advertía que “de todas maneras me lo tienes que pagar”.

Viecco se siente aludido cuando Lucho refiere que por decisión de la Rectoría: ”tttoodos los animales serán recogidos y segregados de la vida comunitaria porque –entre otras consideraciones- el SIMAT no lo permite y cuando llegue la auditoria y el control fiscal de la UNALDE, habrá dificultades”
Le duele la suerte que pueda correr una gatita blanca de hermosos ojos grises. José, cada mañana le trae alimento concentrado y solicita las sobras del restaurante escolar para los perros. Es grande su consagración al cuidado de los animales que la gata y su camada de seis gatitos (los tuvo en su tercer parto de este año) en el momento que sienten su cercanía no solo maúllan con el tradicional “miiaaauuuu…” sino que parecen decir “VIIEEECCCOOOO…”Este testimonio lo ofrece, con la seriedad que lo caracteriza, el Reverendo Richard, docente de Educación Religiosa y Ética.

El profesor Mauricio Gómez, tercia en la conversación recordando que el INEM “bien podría considerarse un santuario de fauna y flora por la abundancia y diversidad de especies tanto vegetales y animales que han hecho parte de este entorno y anota que “hace pocos días le tocó llevar hasta sus casas a tres niñas de 6° grado que se sentaron en la entrada del Bloque de Informática y les cayó encima la deposición de las iguanas y caporos que deambulan entre los árboles que hacen parte del paisaje del INEM”.

Vale, meditar acerca del hecho que ante la crisis del sistema educativo, cuando los estudiantes no quieren permanecer ni en el aula ni en la Institución, sean estos animalitos quienes se empecinan en quedarse dentro del establecimiento; como lo menciona el Coordinador José Francisco Guerrero: “le solicité a los vigilantes que sacaran al Mono y lo dejaran afuera del colegio. Ellos lo hicieron, lo sacaron y éste se agazapó en la entrada y en cuanto el vigilante –algo inusual en ellos- se descuidó en su labor de abrir- dejar pasar y cerrar las puertas, y entonces apareció el Mono en el centro del colegio.

En sitios donde no caben las personas –se vive en hacinamiento- es impensable encontrar un lugar para los animales; muchos de los estudiantes provienen de lugares donde el contacto con las mascotas es mínimo, por tanto, acciones como las emprendidas por las gemelas Pérez, el profesor José Viecco, Jorge Piña y tantas personas con sensibilidad y compromiso con el medio ambiente, son loables y llaman a la reflexión sobre la necesidad que tiene la Escuela, como constructora de saberes, de abrir espacios para lograr una mayor comunión con la naturaleza: único camino para despertar la conciencia ambiental y ecológica y la responsabilidad con las generaciones futuras de legarles un ambiente sano. Donde todavía es posible.

www.docenteinem.org
Juan José Romero Parra
JUANJOSÉ ROMEROPARRA /FACEBOOK
@JUANJROMEROPARR/TWITTER
jjromeroparra@hotmail.com
Cartagena, 20 septiembre 2014