martes, 14 de octubre de 2014

Educación Poder y Corrupción

Causa expectación en el discurso de posesión el pronunciamiento de la educación como política de Estado, que ha emprender el gobierno Santos en su segundo periodo presidencial, al pretender hacer de la población colombiana la mejor educada y consagrarla para el año 2025 como la más preparada del continente americano. ¿Pero de que educación habla?

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La Educación per se no garantiza una sociedad justa, sana y ajena a la violencia y la corrupción. Puede demostrarse que no son mejores personas los más educados, cultos e intelectuales. Significa que debe permearse un cambio generacional por la moral social y la ética política.

Las promesas, promesas son y en los discursos traen grades desilusiones como los mismos programas de gobierno.Ningún elegido ha perdido su curul o se le ha abierto control político por no cumplir o no gestionar las promesas inscritas o lanzadas en campaña, un ejemplo de ello es la permanencia e incremento del impuesto transitorio que va en el 4 por 1000, en boga estos últimos 16 años en todas las propuestas politiqueras que lo han tomado como bandera -su desmonte gradual y eliminación definitiva- y que el gobierno Santos mantendrá (contrariamente a su promesa de segunda vuelta) de manera indefinida.

Por consiguiente, resulta no menos demagógico el tratar hacer una política de estado, la educación pública integral del pueblo colombiano, derecho fundamental que por décadas se ha mantenido estancado por la improvisación de modelos que no se ajustan a las condiciones y realidades de los centros de enseñanza, los docentes y el alumnado en general, cuya deficiencia es latente, según los estándares internacionales del saber, y de la deplorable condición de los establecimientos, de la falta de inversión curricular de los maestros (amén de sus pobres y mezquinos salarios) y la deserción en todos los niveles.

Si lo anterior puede ser cierto, no es menos cierto que la educación privada, goza de mayor preponderancia para poder hacerse con un cupo en la universidad pública y a las becas de estudios en el exterior, que regularmente quedan en manos de las elites socio-económicas que luego aterrizan a buscar sus jubilaciones en los centros de educación superior popular en todo el país.

Vemos que la oportunidad de las enseñanzas y aprendizaje se presentan desiguales y dejan de lado, lo que de por sí, está desnivelado y defectuoso a causa de un modelo de educación pública donde se hace necesario que se comparta la necesidad del trabajo docente con el avance de la tara de sapiencia del grueso de la población estudiantil.

Ahora, viene de todo esto, lo que deploro como la educación decadente, aquella ensañada con el “poder" para lucrarse y dilapidar las arcas del Estado; es el hecho que nuestra elite socio-política, aquella educada en los mejores y rancios colegios de la Capital y del país, que coronan sus estudios con becas, un tanto inmeritorias pero respaldadas por los mesanas de la dirigencia política preexistente, regresan a de volverle el favor al país en la gerencia de los entes descentralizados, las corporaciones públicas, de vigilancia y control, o bien, se hacen presidente de la república, ministro, gobernador o alcalde de su región o de otra región, según pueda escalonar en el concierto de sus ambiciones personales. Eso no es malo ni reprobable, eso es digno y meritorio cuando se ha conquistado con denuedo y tesón académico, valores y solvencia civil.

Es una lástima que hoy no tenga la juventud paradigmas en los hombres y mujeres públicos que gobiernan o detentan el poder burocrático en la historia reciente de la nación. Ha sido una verdadera desgracia ver la inversión en saberes, sus compromisos éticos y civiles, relegados a su hambre de dinero en su cuarto de hora de poder.

Bien nos enseña el cantautor Rubén Blades, sobre el poder, cuando afirma: “Dicen que el poder corrompe a la gente. Y yo siempre digo que el poder no corrompe, lo que el poder hace es que desenmascara. Es un cuento eso de que llegaste al poder y te volviste malo. No, tú ya eras malo antes, lo que tienes ahora es poder para hacer cosas peores. Dicen que los políticos son corruptos. ¿Y quién los puso allí? No fueron extraterrestres, los pusiste tú". Almas vendidas y compradas a precio miserable en el bazar de los que saquean la economía del Estado en cualquier orden y que nosotros ayudamos con su elección.

La presunción de inocencia es una garantía constitucional, pero es el colmo de la mediocridad civil, tratar de salirse con las suyas negando las claras evidencias de imágenes y testimonios sobre relaciones, acuerdos y compromisos con el crimen organizado, con esta perla por ejemplo “El elefante entró a mis espaldas”. Y con eso todas las negaciones: no hay paramilitarismo, desplazamiento forzado, falsos positivos, interceptaciones telefónicas, peculados y favorecimiento a terceros.

Y parece, que no contentos con eso, ponen en duda el estado de derecho, tachando al ente que les acusa e investiga dado el perseguimiento político que los victimizan, y alentados por su bancada política, se burlan de todos nosotros, toman el primer avión que los saque de este país estúpido, mezquino e ignorante, donde les tocó desgraciadamente nacer, que no les dio sino dolores de cabeza, pero que gracias a las sabias orientaciones de algún cómplice pudo escapar con coraje y sin pudor de las garras de la ley.

Estos señores nugatorios, dotados en las artimañas de la política por el poder y la riqueza, sin solvencia civil y moral para aceptar y pagar sus errores con la sociedad, representan lo más granado de la educación del país: Andrés Felipe Arias (Harvard University); Luis Carlos Restrepo (Harvard University); Sandra Morreli (Soborna y Yale); María del Pilar Hurtado (Universidad de los Andes); Samuel Moreno Rojas (Harvard University) e Iván Moreno Rojas (U.Nva.Granada). Las universidades escapan a sus flaquezas personales.
Si ellos desde sus alturas olímpicas no respetan a los jueces, el honor y a sus conciudadanos, que se deja para el ignoto de saberes y de reglas que viajan a pie por Colombia.

Si esperamos continuar preparando a una sociedad que se deja permear por la corrupción, el narcotráfico y la delincuencia en todos sus estratos, las políticas que se implementen en la educación, serán un fracaso, porque, lo que demuestra la actualidad, es que no importa de donde provenga el individuo o que grado de aprendizaje alcance sino en función de que utiliza su conocimiento, sea este en beneficio personalista o de caterva o en perjuicio de las mayorías.

Por Heriberto Martínez Britton
hmartinezbritton@gmail.com