viernes, 24 de abril de 2015

Introducción a la hermenéutica

"Saber leer, es poner algo de lo mío en lo tuyo"
W.White, 2014.

CONCEPTOS BÁSICOS DE HERMENÉUTICA

Hermenéutica: Cuando hablamos de hermenéutica necesariamente tenemos que remitirnos a términos como entender, comprender, interpretar. Pero, entender, comprender, interpretar ¿qué cosa?: ¿La realidad? ¿Los actos de los hombres? ¿Los libros y textos antiguos? ¿El mundo? ¿La Biblia? ¿La historia? ¿La cultura? ¿La realidad? Si en un principio la hermenéutica fue considerada únicamente como un arte o la ciencia de interpretar la Sagradas Escrituras, hoy, no solo interpreta y trata de entender lo bíblico, sino que busca penetrar la realidad entera en procura siempre de dar con el sentido último de las cosas. Es decir, que hoy por hoy la hermenéutica ha de considerarse como una teoría generalizada de la interpretación o, para decirlo mejor, una teoría de sentido, ya que toda interpretación lo es en últimas del sentido.

e: http://goo.gl/UTWRVv
Fuente: http://goo.gl/UTWRVv

“Se entiende por hermenéutica- nos dice el profesor Quintanilla- (hermenéutica, interpretar) la técnica y arte de la interpretación textual; desde este sentido se ha conocido desde la antigüedad una técnica interpretativa poética, mítico-religiosa y teológica, jurídica, etc., y hoy se habla así mismo de hermenéutica psicoanalítica, sociológica, histórica, etc.; pero a raíz de las aportaciones decisivas de Seheleiermacher, Dilthey y Heidegger entendemos por hermenéutica filosófica una teoría generalizada de interpretación (Gadamer) o, mas exactamente, una teoría y praxis de la interpretación crítica”.

Intelección: Sin entrar a mirar minuciosamente la historia del problema de la intelección, digamos enseguida que “toda intelección es la comprensión de un sentido”, dado que “el problema de la hermenéutica es el problema del entender”. Queda, pues, expuesto a secas que la intelección es la base de toda hermenéutica cualquiera que esta sea. Tenemos asi, por ejemplo, que Scheleier Marcher al definir la hermenéutica como “el arte de comprender”coloca el aspecto de la comprensión como fundamento hermenéutico, para cual cree entender lo singular a partir de la “totalidad de un contexto de vida” de la que cada expresión o pensamiento surge. Es asi como Scheleier Macher distingue dos clases de intelección: Adivinatoria y Comparativa. La primera es un “presentir o un concebir inmediato de sentido”. La segunda, en cambio, es la comprensión, que se hace a partir de la comparación de varios datos aislados, pero todo relacionado con un contexto.

Por otra parte, Droyser nos habla de “esclararecimiento”e “intelección” al referirse al método de las ciencias naturales y al histórico. “Esclarecer”es lo que hacen los científicos de las ciencias naturales. Intelección por lo contrario, es la que hace el hombre cuando trata de penetrar los significados para llevar a la categoría de sentido. Significa, entonces, la intelección “la concepción de lo singular en su peculiaridad y en su significación”.

Entre tanto, Dilthey nos dice “esclarecemos la naturaleza, entendemos la vida del alma”. Con ello se está refiriendo al objetivo de las ciencias naturales, en contraste con el de las ciencias del espíritu. La primera averigua causas para formular leyes. La segunda busca comprender hasta llegar al sentido.

Rickert aporta a la discusión haciendo su aporte en el sentido de que opone a las ciencias de la naturaleza, la historia y las culturas históricas, y reconoce que la naturaleza esclárese por leyes, pero la historia y las culturas históricas son entendidas axiológicamente.

De todo ello se comprende que la “intelección” al estar en franca oposición al “esclarecimiento” señala claramente la distinción del conocimiento adquirido por las ciencias del espíritu (conocimiento histórico) frente al método utilizado por las ciencias de la naturaleza.

Otro aspecto a destacar de la concepción de los autores anteriores- aunque aquí no haya quedado del todo expuesto- sobre el problema de la intelección tiene que ver con que “la intelección de un contenido singular aparece condicionada por una totalidad entendida simultáneamente o precomprendida”.

Pero Heidegger todavía va más lejos en este asunto de la intelección al retraerla hacia la existencia del ser. No se trata ya solo de la intelección psicológica del otro hombre y de sus exteriorizaciones de vida, ni tampoco de la intelección de formas y estructuras de sentido histórico (ciencias del espíritu), sino que se trata de una intelección más originaria, la cual es dada por el” mismo ser de la existencia”. De allí que para Heidegger (El ser y el tiempo) hermenéuticamente “no significa ni la doctrina del arte interpretativo ni la misma interpretación, sino mas bien el intento de determinar la esencia de la interpretación a partir antes que nada de la hermenéutica”.

Mundo: El término mundo posee muchas acepciones entre ellas las siguientes: a.) el conjunto de las cosas; b.) el conjunto de todas las cosas creadas; c.) el conjunto de entidades de una clase (“El mundo de las ideas”); d.) una zona geográfica (El nuevo mundo”); e.) una zona geográfica en un período histórico (“El mundo antiguo”); f.) un horizonte o marco en el cual se hallan ciertos conocimientos, cosas, acontecimientos (“El mundo de la física”).

El concepto mundo también lo podemos ver desde una perspectiva más amplia. Es asi como podemos hablar de un concepto de mundo cosmológico y de un concepto del mundo antropológico. Cosmológicamente mundo significa la totalidad de las cosas experimentales, es decir, materiales, de la naturaleza. Es el concepto de mundo como realidad objetiva, no es mi mundo, sino en si.

No obstante, esta realidad objetiva, no es algo ajeno a nosotros, sino que nosotros hacemos parte de ella, es nuestro “espacio vital”, nuestro “ámbito de autorrealización”.

Ahora, el mundo en sentido antropológico no es otra cosa que el mundo humano, o mejor el mundo de los humanos. Otros dirán “El mundo del hombre tal como se encuentra en él, tal como le ha sido dado, tal como lo experimenta y entiende”. Su gran significado estaría entonces, en el hecho de que mundo antropológico es para el hombre el “espacio vital” y el horizonte de comprensión”.

Hermenéuticamente hablando, de todas las acepciones anteriores del término o concepto mundo, nos interesa esta última porque, en suma, es el hombre el único animal que se comprende así mismo y comprende e interpreta todo lo demás. Solo sabe que sabe. He ahí su mundo.

A propósito del tema, Coreth nos explica su articulo “El mundo de la intelección” cada uno de los elementos que pertenecen comúnmente a la estructura del mundo del hombre. Nos dice Coreth que en la experiencia el elemento primero y fundamental de “mi mundo”. Entiendo por experiencia la intelección activa que el hombre hace mediante su voluntad y libre accionar tanto practico como espiritual. Tambien acota Coreth que la experiencia humana aunque limitada es abierta. Y concluye diciendo que el hombre está abierto para un mundo abierto.

El otro elemento que Coreth menciona acerca del mundo es el del mundo histórico. Este mundo que ahora nos pertenece nos ha sido dado, es decir prestado. Poseemos un pasado que hace parte de nuestro ahora, sin el cual quedaría muchas cosas sin comprender en el presente.

Otro de los elementos expuestos por Coreth imprescindible del mundo antropológico es el que tiene que ver con el lenguaje como forma de interpretar y representar la realidad objetiva y humana. Ha sido a través del lenguaje como los hombres han podido acercarse desafiando fronteras inconmensurables y abismos históricos y culturas complejas, y para ello ha creado un mundo semántico, cuyos cimientos reposan sobre el terreno de la facultad comunicativa del hombre, la cual no puede dejar de trasmitir significados y sentidos en ningún momento.

Por último, trata Coreth el elemento ideológico entendido como “la totalidad de la comprensión valorada e inteligente del mundo y de la existencia humana en él”. Es importante citar aquí la palabra del Dr. Marquinez Argote refiriéndose a este tema: “El mundo como totalidad de lo real es para el hombre su horizonte y, al mismo tiempo, su estímulo, su hontanar y su desafío; su cuna y su crisálida”.

Horizonte: El termino horizonte (del gr. Oros, limite) significa en el lenguaje cotidiano aquella línea lejana en la que aparece juntarse el cielo con la tierra. A este respecto dice el Dr. Marquinez Argote que “horizonte no es solamente la línea que limita mi visión ocular, sino tambien el campo que queda abierto ante mis ojos, al interior de dicha línea. Ahora bien, dado que nuestro entendimiento es una facultad visiva, podemos hablar tambien de la visión intelectual.

En este segundo sentido, horizonte es una línea que circunscribe y, por lo mismo, hace posible la búsqueda o investigación de algo. Cierto que puede desplazarse, pero de nuevo reaparece. El hombre ve y entiende todo siempre dentro de un horizonte de visión ocular o intelectual”.

Interesa, sin duda, a la hermenéutica este último sentido, ya que comprendemos y entendemos una cosa, un hecho enmarcado en un contexto histórico-social-geográfico específico, el cual actúa sobre nosotros marcándonos pautas de entendimiento e interpretación. De ahí que cada hombre posee su propio horizonte de comprensión (mundo de significación) en cada periodo histórico. Este horizonte le permite entender y comprender algunas cosas, pero tambien por momentos no llega a comprender otras, o mejor, llega a errores creyendo que ya ha llegado a obtener una verdad. “El que no tiene horizonte es un hombre que no ve suficiente y que en su consecuencia supervalora lo que le cae mas cerca). En cambio tener horizonte significa no estar limitado a lo más cercano sino poder ver por encima de ello. "Quien tiene horizonte puede sobrevolar correctamente el significado de todas las cosas que caen dentro de ellas, según los patrones de cerca y lejos, grande, pequeño”- ha dicho Gadamer-.

Cada época ha poseído su horizonte de comprensión, su forma peculiar de ver y de dar sentido a los fenómenos del mundo. Cuando el hombre se pregunta por el ser, por ejemplo, resultan tres horizontes diferentes de ver el problema a lo largo de la historia del pensamiento: el de la Phycis (los griegos), el de la creación (filosofía cristiana) y el del horizonte de la subjetividad (filosofía moderna).

Para concluir este aparte veamos lo que Coreth nos dice sobre el tema en su obra “Cuestiones fundamentales de hermenéutica”:

“Horizonte” significa, como se ha mostrado, una totalidad comprendida conjunta y atemáticamente o bien preencendida, la cual penetra condicionándolo y determinándolo, en el conocimiento-la percepción o la intelección- de un contenido singular que se abre dentro de esta totalidad de una manera determinada. Esta totalidad puede ser un contexto próximo o intermedio, o sea estrechamente limitado. De acción y de significado, el a su vez está en un contexto mas amplio y remite a el por cuanto por él es condicionado y determinado. Hay, pues, una multiplicidad de horizontes parciales a distintas escalas heterogenias, las cuales están dentro de un horizonte total comprensivo en el cual se realizan totalmente la vida y la antelación humanas. Un horizonte en este doble sentido puede ser tanto construido empíricamente, es decir, construido por contenidos de experiencias, condiciones históricas, etc., que creen conjuntamente hasta formar una unidad, como puede tambien ser proyectado a priori, ya sea que el proyecto se fundamente en la esencia de la autorrealización humana, ya sea que brote de la peculiaridad personal, de la libre decisión de la finalidad establecida y de la orientación de cada uno. Por mucho que el “Mundo” concreto todos estos elementos se enlacen y se crucen, sin embargo podemos distinguir entre horizontes empíricos y horizonte priori. Es, con todo, más importante el que a cada respectivo horizonte concreto le brota un totalmente determinado “con respecto a “, una manera formalmente determinada de ver o de comprender, a la cual el contenido singulares expone y se revela bajo la visión formal correspondiente (Coreth, p. p. 104-105.

Efecto histórico: Expresión introducida por Gadamer para quien significa “la acción del fenómeno histórico en la historia”. Es decir, que un suceso histórico siempre crea un haz de ondas que perduran y sobreviven a través del tiempo renovándose siempre su sentido y significadote acuerdo al horizonte de comprensión al cual se le somete. El hombre actual-por ejemplo- ve en “La Ilíada” lo que no pudo ver el hombre medieval ni el romano o el griego. Lo resaltable es que sin este hecho literario, la literatura tendría hoy otra historia y, tal vez, habría que buscarle otra significación o sentido.

En suma, lo que se quiere decir con todo esto es que para toda intelección existe un condicionamiento histórico que nos viene dado por la repercusión de los hechos. Que en alguna época ciertos hechos se omitan o se oculten intencionalmente o se interpreten de manera errónea es cuestión del horizonte con el cual se hace el acercamiento al suceso.

Por ultimo, hay que destacar que ningún suceso histórico se muestra efectualmente como en realidad ha sucedido, sino como ha sucedido, sino como ha sido comprendido. Esto no quiere decir que el hecho histórico haya sido desfigurado, sino que se hace necesario ir siempre a la fuente histórica (horizonte histórico) para desde ahí iniciar el recorrido pasando por los demás horizontes de comprensión que se tenga del mismo fenómeno.

Precomprensión: Gracias a Gadamer el término “prejuicio” adquiere un significado y utilización positiva transformándose asi en lo que hermenéuticamente se llama “precomprensión”. Esta consiste, sin más, en ser “un primer acceso de la intelección que prepara el cambio a cualquier comprensión ulterior y más profunda, y, por consiguiente, es presupuesta por ésta”. Coreth a través de las siguientes líneas nos hace una claridad mayor acerca de esta revaloración del vocablo “prejuicio” hecho por Gadamer. Veamos:

Por “prejuicio” entendemos precisamente un juicio precomprendido, previamente fijado, que como tal es cerrado y no libera la mirada hacia la cosa, sino que la obstaculiza. Los hechos esenciales: que una precomprensión sea abierta y debe serlo, que se amplíe constantemente y se continúe formando, que en el transcurso de la intelección se deje de justificar o refutar, no están expresados en la palabra “prejuicio”, que más bien insinúa la representación contraria. Por eso, parece más correcto y acertado hablar no de prejuicio, sino de precomprensión, lo que- ello es cierto- en cuanto se pronuncia enjuiciado, puede convertirse tambien en prejuicio, incluso en un prejuicio, precomprendido, que desfigure la mirada" (Coreth p. p.113).

Con palabras un poco más claras, precompresión significa lo que ya tenemos entendido de ante mano en el momento en que tratamos de interpretar, comprender o dar sentido exhaustivo a un objeto que para nosotros es nuevo. Precomprensión es, entonces, como nuestro punto de arranque para ulteriores interpretaciones, o mejor, para llegar a la intelección.

Al respecto ha dicho Gadamer: “La primera de todas las condiciones hermenéuticas es la precomprensión que surge del tener que ver en el asunto mismo”.

Estructura del como: L a introducción de esta categoría se debe a Heidegger quien la sitúa como una estructura relevante de la intelección, es propia de ella. Es decir, que la estructura del como no es posterior a ninguna afirmación frásica, sino anterior a cualquier “afirmación temática”. ¿Es entonces algo apriorístico? Por supuesto que sí. La estructura del como pertenece “a la constitución existencial apriorística de la intelección” o sea, eso que yo como ser existente y poseedor de un mundo de experiencias aporto para poder penetrar el sentido del objeto que me sale al encuentro. Si nos fijamos bien esto no tiene nada que ver con lo que Kant llamó formas a priori del sujeto.

La estructura del como viene a ser entonces eso que “nosotros siempre entendemos como algo". Como mesa, puerta, automóvil, puente”. En nuestro aporte como seres plagados de experiencia, en medio de unas circunstancias determinadas, las cuales, en última, condicionan nuestra manera de hallar sentido a las cosas que se nos presentan para su interpretación.

Tradición: Hermenéuticamente hablando es ese cordón umbilical que en el presente nos nutre de algunas forma para encontrar respuestas y comprender muchas cosas. Tenemos, por ejemplo, que sin tradición cultural y espiritual el hombre de hoy estaría como amputado, incompleto. Que sería de él sin una tradición educativa, lingüística, moral, etc.? Ahora, para comprender un suceso presente se hace necesario siempre acudir de igual manera a nuestro pasado, el cual está siempre arrojando luces sobre nuestra realidad actual. Por tanto, quien al hacer cualquier interpretación ignora su propia historia, la de los demás y la del mismo suceso que enfrenta, muy posiblemente, llegará a un lugar distinto al que inicial mente se había propuesto. Pero quienes asumen el papel hermenéutico partiendo de la historia de las cosas, no está lejos de hallar una verdad acertada. ¿Pero que tiene que ver la tradición con la historia? Digamos que la tradición es algo que está dentro de la historia, y en este sentido, la tradición no es un prejuicio, sino una “comprensión básica en toda ulterior comprensión, interpretación o intelección. De ahí que la tradición es una herramienta hermenéutica necesaria e ineludible en muchos campos. En la comprensión de la afirmaciones bíblicas -por ejemplo- acudir a la tradición es un camino inevitable.

Tradición en este sentido positiva significa entonces ese pedazo de historia propia del asunto que nos sale el encuentro, y del cual no podemos prescindir al momento de realizar el trabajo hermenéutico.

Mezcla de horizontes: Categoría usada primero por Heidegger, y luego estudiada de mejor manera por Gadamer para quien no es otra cosa que ir en busca de la visión que tiene el otro en determinado momento histórico. Cuando este salir de si en procura de ampliar nuestro propio horizonte, a través de la intelección de los otros, se logra realizar; decimos entonces, que ha ocurrido una mezcla de horizontes.

RELACION ENTRE HERMENEUTICA Y LENGUAJE

Siendo para Schleiermacher la hermenéutica “el arte de comprender” y para Gadamer el lenguaje “el medio universal en el que se realiza la comprensión misma”. ¿Cuál podría ser entonces la relación entre hermenéutica y lenguaje; y cómo podría darse tal relación? He ahí el problema que nos atañe.

“El problema de la hermenéutica es el problema del entender”, ha dicho Coreth. Pero, qué es el entender? Dejando la historia del problema a un lado, para nosotros en este momento no es otra cosa que el mismo problema del comprender. Pero comprender o entender una cosa, un suceso, un hecho es “penetrarlo”, “abrirlo”. Abrirlo con qué, con hacha?, con clavo?, con serruchos?, con machete? etc. Estamos seguros que con estos objetos no es posible hacerlo. ¿Cuál es, entonces, ese instrumento que nos sirve para “penetrar” las cosas hasta su sentido más hondo? El lenguaje, sin duda. El, a nuestro parecer, es la herramienta más adecuada que posee el hombre para hablar de su mundo, comprenderlo e interpretarlo. Es así como el lenguaje se convierte en un instrumento de comprensión, de explicación. Es decir, un instrumento hermenéutico.

De acuerdo con esto cabe preguntarse lo siguiente: ¿Qué sería la hermenéutica sin el lenguaje y cual el lenguaje sin una intención hermenéutica? Se puede afirmar que existe una relación de reciprocidad entre hermenéutica y lenguaje, mejor, el uno sin el otro pierde su esencia y razón de ser?

Teniendo en cuenta que lenguaje es comunicar algo, toda comunicación porta un mensaje; y que éste a su vez lleva consigo un sentido, un significado, el cual exige ser revelado, interpretado; y al ser la hermenéutica la búsqueda del sentido se puede, por lo tanto, afirmar que el radio de acción hermenéutico está siempre demarcado en el proceso comunicativo, sin el cual la hermenéutica no tendría razón cabida.

Es así como para entrar en el mundo de “La Ilíada”, por ejemplo, se necesita primero que Homero quiera decirme algo, lo cual manifiesta a través de un código específico en el cual viene envuelto toda una cantidad de mensajes que portan un sentido; y como segunda instancia, se requiere de que yo como hermenéuta esté realmente interesado en “hallar” ese sentido que Homero me ha querido transmitir. Pero entre lo que Homero me dice a través de su obra y lo que yo busco comprender para luego comunicarlo (a mis alumnos podría ser) – además de existir horizontes de comprensión distintos (el de Homero y el mío, el de su época histórica y el de la mía) -está el lenguaje como elemento medidor fundamental, sin el cual hubiera sido imposible la comunicación entre Homero y yo.

Ahora, el lenguaje ha existido antes de que existiera la hermenéutica, y los hombres se han entendido a pesar de este desconocimiento; que en determinado momento no supieran que se estaban trasmitiendo conocimientos y sentidos de las cosas, es otro asunto. Claro que la hermenéutica ha venido a dar un aporte enorme al proceso de la comunicación, en cuanto a que desde hace algunos siglos para acá sí estamos plenamente concientes de que todo mensaje debe portar un mínimo sentido y de que es obligación y necesidad nuestra “penetrarlo” hasta encontrarlo y explicarlo. He ahí el problema hermenéutico en lo que tiene que ver con el lenguaje.

Podríamos llegar a la conclusión de que la reciprocidad entre el lenguaje y la hermenéutica le es inherente al primero, ya que desde que el hombre posee lenguaje está transmitiendo sentidos y comprendiendo a su vez lo que envía a través de éste. La diferencia está en que a partir del surgimiento de la hermenéutica hemos empezado a ser conscientes de que en todo acto de lenguaje va inmersa una concepción portadora de sentido que requiere necesariamente de un descubrir, de un desvelar, de un penetrar de parte de quien es afectado por ella. Y este penetrar la cosa que está en frente no es más que comprenderlas tal como se nos manifiesta, cosa nada fácil. En estas andanzas penetrativas siempre ha estado presente el lenguaje. No existe otra herramienta humana capaz de decir lo que otro quiso decir utilizando palabras nuevas y llenas de juventud que no sea la del lenguaje. En este sentido entendemos las siguientes líneas de Gadamer “Comprender lo que alguien dice es ponerse en lugar del otro y reproducir sus vivencias” (Verdad y Método).

Queda expuesto, pues, que el lenguaje es para la hermenéutica su herramienta numero uno, sin la cual su labor sería como la del minero sin pico y sin pala. Y que la hermenéutica a su vez es para el lenguaje su conciencia en cuanto a que no hay ningún mensaje que no exponga sentido y no requiera de intelección, de comprensión. Las cosas así nos dan a entender que hermenéutica significa, no un saber teorético, del fenómeno comunicativo, sino un saber práctico, que requiere de la acción práctica y de la utilización de técnicas para llegar a la comprensión o a la interpretación concreta de un texto, bien sea hablado o bien sea escrito; o, en últimas, de entender la realidad total humana incluyendo el problema teológico.

Por último, así como la hermenéutica utiliza el lenguaje para “descubrir” y “desenmascarar” sentidos, para “penetrar” realidades, para entender sucesos y hechos en forma positiva; los representantes de otras disciplinas o ciencias –como la política, por ejemplo- lo utilizan para justificar actos inmorales, para oprimir y para engañar, a través de sofismas de distracción que las masas consumen inmisericordemente.

CIRCULO HERMENEUTICO

Según Scheleiermacher: Entiende Scheleiermacher por círculo hermenéutico de un asunto aquel ir de las partes a través de un proceso comparativo. En otros términos, el círculo hermenéutico Scheleiermacheriano consta de dos momentos que se necesitan recíprocamente: el uno es llamado “adivinatorio” y el otro “comparativo”. El primero cumple en la interpretación la función de ser el primer acceso, es el presentir que de inmediato se tiene de algo; y el segundo, apoyado en el primero, establece una comparación de todos los elementos individuales que ha aportado el momento inicial hasta llegar a una intelección más profunda. Tanto el presentir (primer momento) como el comprender (segundo momento) se reclaman mutuamente, de ahí lo de círculo hermenéutico o círculo de la intelección.

A través de un ejemplo sería lo siguiente: para llegar a la intelección de una obra como “Cien Años de Soledad” no nos bastaría haber comprendido sus oraciones, sus párrafos, sino que se hace necesario remitirnos al conjunto de obras como unidad de sentido para poder comprender mejor sus partes, y luego a través de la reunión comparativa de esas partes buscar el último sentido o, lo que es mejor, llevar a la interpretación. Qué pasaría si al leer “Cien Años de Soledad” lo hacemos sólo preocupados por la conformación estructural de sus frases y párrafos y atendiendo el manejo que del lenguaje hace el autor (estilo literario) ? Estaríamos con esta actitud haciendo una tarea hermenéutica a la manera Scheleiermacheriana, la cual exige, que tanto el conjunto como las partes se hagan presente en todo momento interpretativo. Igual cosa nos sucedería al enfrentar un texto poético nos conformáramos sólo con el análisis métrico y retórico sin hacer ninguna referencia de conjunto o de sentido, en últimas. O si, por el contrario, nos fijáramos sólo en lo que de total significa la obra sin tener en cuenta para sus partes interesantes. En ambas casos el problema de la intelección ha quedado trunco, o mejor se ha llegado (por lo tanto) a una interpretación errónea (incompleta).

De acuerdo con esto la intelección de cualquier asunto sólo se hace posible cuando se emplea estos dos momentos, cuya posibilitación recíproca es condición imprescindible para llegar a la interpretación de todo cuanto se hace presente, de todo cuanto enfrentemos.

Según Heidegger y Gadamer: Para Heidegger y Gadamer círculo hermenéutico es ese venir en aumento de la comprensión en la cual se enriquece con cada nueva vivida en el mundo por el ser. A medida que el ser va comprendiendo cosas está incorporando nuevos sentidos en el horizonte de su intelección. Pero el círculo de la intelección no se muestra hasta que el ser que pretende comprender no tenga conciencia de que para llegar a la interpretación debe haber previamente entendido lo que busca interpretar. No es un círculo cerrado o vicioso, sino un círculo en espiral, progresivo de tal manera que el radio de acción de nuestro mundo cada vez abarcará más comprendiéndolas mejor. De aquí se desprende tambien que podamos ir perfeccionando poco a poco un conocimiento precario de algo hasta llegar a interpretar cada vez mejor. Esta primera lectura nos permite mejorar la segunda, y ésta a su vez nos proporciona entender mejor la otra; y así sucesivamente. Al respecto ha dicho Heidegger “toda interpretación si ha de contribuir a producir una comprensión, debe haber ya comprendido la interpretación”.


En el caso de una lectura interpretativa de “Cien Años de Soledad” desde la perspectiva latinoamericana nos conllevará necesariamente a enfrentarla como algo cercano a nosotros los latinoamericanos. De ella sabemos algo de ante mano porque tiene cierto parecido con nosotros, y esto nos facilita entenderla mejor, explicarla y buscar un sentido más adecuado, tal vez mejor que aquel que un europeo pudiera hacer. Es decir, poseemos una “precomprensión” (Gadamer) o una “estructura del como” (Heidegger) de “Cien Años de Soledad) debido a que forman parte de nuestro mundo y por estar dentro de nuestro horizonte de intelección. Esto es de por sí una gran ventaja. Aquí se inicia lo que hemos venido llamando círculo hermenéutico heideggeriano y gadameriano. Lo que viene de aquí en adelante es todo ascenso, subida, progreso, en la comprensión por ir alcanzando poco a poco la cima de la interpretación. Porque quién ha de interpretar sin antes haber precomprendido y comprendido; y quien puede explicar la interpretación de algo sin haberlo comprendido antes? Lo que se quiere decir que a medida que avanzamos en el nivel de la comprensión, avanzamos también en el nivel de la interpretación, y viceversa. Mi primera lectura, por ejemplo de “Cien Años de Soledad” en calidad de estudiante de bachillerato, está a un nivel más bajo de la que realicé hace unos dos años, y esta última, está por debajo, a su vez, de la que hoy estoy haciendo después de haber leído hipertextos del tenor de “Macondo somos todos” y de “Para leer a García Márquez” de Germán Marquínez Argote. Sin duda, que mi calidad interpretativa ha ido en aumento a medida que he ido incorporando nuevos elementos a mi existencia de lector. Es decir, la estructura del como que sobre “Cien Años de Soledad” poseía, ha variado cada vez que me he acercado a ella en las diferentes épocas que he descrito. Esta interpretación ha cambiado porque de igual forma las nuevas experiencias por mí vividas han variado mi ser; porque en últimas, yo también soy parte esencial del círculo. Lo que me hace pensar de manera distinta cada vez que me acerco al texto referido, y de alguna manera, me afecta y me hace cambiar de opinión o me amplía el horizonte intelectivo desde el cual estoy asumiendo la lectura; cuya finalidad al cabo de todo, no es otra que tratar de poner algo de lo mío en lo tuyo, es lo que me hace original al momento de evidenciar lo comprendido.

El autor agradece de manera infinita a Zoe María Marrugo Hernández (Q.E.P.D.) la transcripción y revisión del material manuscrito utilizado en esta conferencia.

Wilson E. Blanco Narváez
wilblanco4@hotmail.com
Lic. en Filosofía y Letras

Cartagena, 1990.