miércoles, 21 de agosto de 2019

Una escuela sin norte

Una escuela sin norte que dejó de ser atractiva para los jóvenes y padres de familia, en cuanto a que perdió su razón de ser y su naturaleza


No podemos los maestros abstraernos ni dejar de escribir y referirnos a la situación que vive la educación del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena Colombia, casi comparable con la de nuestros hermanos del Departamento del Chocó (Colombia), cuya crisis data desde tiempos inmemorables

El informe de Cartagena Cómo vamos, sumado a las denuncias permanentes de los sindicatos de maestros y directivos docentes, nos muestran un panorama desolador en el sector: altos índices de deserción escolar, decrecimiento significativo de la matricula oficial, infraestructura deteriorada, escuelas y colegios sin dotación, ausencia de programas de cualificación de docentes, niveles bajos en las pruebas del ICFES, sumado todo esto, a la penosa situación del Programa de Alimentación Escolar y a la intromisión de las drogas en las Instituciones Educativas, lo cual constituye un verdadero sitio a la educación, con las consiguientes consecuencias que de ello se derivan.

Una escuela sin norte que dejó de ser atractiva para los jóvenes y padres de familia, en cuanto a que perdió su razón de ser y su naturaleza, como un lugar para encontrarse desde la apropiación del conocimiento, la sana convivencia, el discernimiento fértil y lo más importante, como un lugar para construir proyectos de vida que posibiliten el mejoramiento de las condiciones y la movilidad social. Tal situación, cuya responsabilidad esencial es del gobierno distrital, encuentra su explicación en el desgreño administrativos, en el sentido de que la educación no es, ni ha sido un elemento prioritario en la agenda y en la política pública. Sumado, a un aliado histórico, casi congénito, como es, la crisis de la familia, caracterizada por el creciente número de hogares disfuncionales.

Todo lo anterior se ve complementado por un fenómeno que se originó hace más de tres (3) lustros, denominado “La desaparición de la Infancia” al que yo añado y de la adolescencia, que tiene que ver cómo, con el surgimiento de la tecnología, los chicos no viven esa etapa, sino que, literalmente pasan a la adultez, mirando tales elementos tecnológicos, “No por la perversidad de los contenidos o porque no eduquen suficiente, sino porque educan demasiado, con fuerza irresistible, envolviendo a los niños y adolescentes en cuanto disipan las nieblas cautelares propias de su edad”, mancillando su dinámica social y emocional

Es urgente rescatar la educación, sacarla del sitio y del ostracismo en que se encuentra, para construir una multicolor en términos de posibilidades, que presuponga un mejor futuro y los niños puedan leerse los libros que no pudieron leerse sus padres y pintar los cuadros que ha imaginado su conciencia fértil y el estrangulado y signado campo de su visión contextual, marchitado hay veces o casi siempre, por la absurda discriminación de su origen o de su condición.

Por Luis Alfonso Ramírez Castellón rector de la Institución Educativa Soledad Acosta de Samper en Cartagena Colombia (Especial para www.docenteinem.org)

www.docenteinem.org
Luis A. Ramirez



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