sábado, 9 de enero de 2021

Mesa por la Educación en Cartagena Co

Una mesa que asegure la vida y el feliz retorno a la presencialidad


Lo de las ‘mesas’ está muy de moda, no importa si, al fin y al cabo, algunas no funcionan, y no por culpa de quienes profesional y éticamente la conforman sino porque sus recomendaciones y muchas veces sus súplicas no encuentran eco en quien o quienes tienen el deber legal y moral de tomar las decisiones.

En el caso de Cartagena, ello está demostrado con la llamada ‘Mesa por la Salud de Cartagena y Bolívar’, presidida por uno de los médicos más ilustres de la ciudad: el neurocirujano Rubén Sabogal Barrios, un espacio para las deliberaciones y el rigurosa análisis de los temas de su competencia que más bien debe llamarse ‘Mesa por la Vida’, teniendo en cuenta el momento excepcional y trágico que estamos viviendo los cartageneros y cartageneras como consecuencia de la pandemia que azota al mundo y que aquí, en La Fantástica (Cartagena de Indias), ha encontrado unas condiciones y un terreno fértil para golpearnos con todo el ímpetu de su agresividad, para lo cual solo basta observar las estadísticas de contagios y fallecidos en la ciudad, las cuales son las más altas del país por millón de habitantes.

Una mesa que asegure la vida y el feliz retorno a la presencialidad
Photo by André Ravazzi 

El mes de diciembre 2020 y lo que va del mes de enero 2021 han sido las dos épocas de mayor contraste, como reivindicando esa condición histórica que siempre ha tenido y caracterizado a la ciudad desde tiempos inmemoriales: por un lado, la opulencia, el turismo y el placer; y por el otro, la miseria y el dolor, siendo que, en esta oportunidad, este último ha golpeado a todos los sectores sociales, sin contemplación alguna. Al respecto retrotraigo lo que alguien decía jocosamente, en medio de su evidente y legítimo miedo: "si hay algo que valorarle a esta peste es que no respeta ni discrimina a nadie", y esa es una verdad a rajatablas.

Pero si por la salud llueve, por la educación no escampa, y el panorama no es menos doloroso. La escuela en su naturaleza, como un lugar esencialmente para que los niños, niñas y jóvenes se encuentren desde sus sentimientos, sus emociones, sus intereses y sus diferencias, no existe en estos momentos. Solo existen unos procesos poco fértiles de aprendizajes, mediados en algunos casos por un recurso tecnológico o pantalla y, en otros casos, solo por la buena voluntad de los maestros, a quienes les ha tocado hacer todo tipo de malabarismos para llegar al oído receptivo de sus alumnos, dada la falta de recursos disponibles en las escuelas y en los hogares, fruto de la nada o débil concurrencia del Estado. 

Es por ello que, en medio de la incertidumbre que rodea y envuelve a la educación pública de la ciudad, que es la misma de todo el país, sería menester -y quiero hacerlo en mi nombre y quizás en nombre de la escuela y de toda la comunidad académica – conformar también una ‘Mesa por la Educación’, aún a riesgo de correr la misma suerte de la de la Salud, que está en cuidados intensivos, como esperando la generosidad y la piedad de la Divina Providencia.

Sería una mesa donde quepan todos los sectores de la sociedad pero, especialmente, los actores principales y dolientes legítimos de la escuela: los estudiantes, los padres de familia, los docentes, el sindicato de maestros, académicos y, por supuesto, el gobierno, donde se discuta y se acuerde la justa inversión, dotación e infraestructura adecuada, la alimentación escolar digna y universal y las garantías de bioseguridad con vacunación inmediata a docentes, administrativos y directivos.

Y que además asegure la vida y el feliz retorno a la presencialidad, para que maestros y alumnos celebremos juntos nuestro reencuentro y el ser sobrevivientes de esta horrorosa tragedia, y podamos pasar de la angustia a la esperanza en una nueva actitud pedagógica para que los chicos estudiantes tengan condiciones de descubrirse, conquistarse y formarse como sujetos de su propio destino histórico.

Una mesa donde quepan todos los sectores de la sociedad pero, especialmente, los actores principales y dolientes legítimos de la escuela: los estudiantes, los padres de familia, los docentes, el sindicato de maestros, académicos y, por supuesto, el gobierno, donde se discuta y se acuerde la justa inversión, dotación e infraestructura adecuada, la alimentación escolar digna y universal y las garantías de bioseguridad con vacunación inmediata a docentes, administrativos y directivos.

Luis Alfonso Ramírez Castellón
Maestro, educador, pedagogo.
Rector Institución Educativa Soledad Acosta de Samper Cartagena Co.

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