jueves, 28 de abril de 2022

Volviendo a la escuela

Muchos nos habíamos preguntado y habíamos advertido ¿a qué escuela volveremos? y ¿a qué escuela queríamos volver?

Hoy, después de tres meses del retorno a la presencialidad que el gobierno anunció con bombos y platillos, pero con los mismos moldes, la misma estructura deficiente y alejada de la incertidumbre y los retos que nos trazó la pandemia, maestros y padres de familia estamos inmersos en el mayor y más complejo viacrucis de funcionamiento que haya vivido la escuela y la educación oficial en gran parte de su historia republicana, manifestado todo en los crecientes y alarmantes casos de bullying, ciberbullying, abuso sexual en entornos familiares e indicios o, numerosos casos, de conductas suicidas escolares.

Ello ya lo habían vislumbrado investigadores del tema educativo, como el Dr. Julián De Zubiria, uno de los más connotados estudiosos de la educación en el país y América Latina, y lo habíamos advertido muchos maestros en el país, sin que el Gobierno Nacional nos hubiese escuchado.

Muchos nos habíamos preguntado y habíamos advertido ¿a qué escuela volveremos? y ¿a qué escuela queríamos volver?
Foto de Crissy Jarvis en Unsplash

Interesante y diciente el artículo ‘La protección de la niñez y la juventud’, de la Dra. Edna Cristina Bonilla Seibá, secretaria de Educación de Bogotá, publicado por el periódico El Tiempo el pasado 10 de abril. En él, de manera objetiva y cruda, su autora pone de presente las circunstancias difíciles en los espacios educativos y sus entornos en las últimas semanas en Bogotá, originado por la situación socioemocional de muchos niños, niñas y jóvenes, la cual califica, sin ambages, de dramática, y en la que acentúa que, quizás, lo que más dolor le genera a las autoridades es la violencia sexual, flagelo este que, a su juicio, es una tarea pendiente que tenemos como sociedad, que requiere de cambios y medidas urgentes de parte de la familia, el Estado, los medios de comunicación y las autoridades.

Si ese es el panorama sombrío de Bogotá, donde la educación ha sido prioritaria en la agenda pública de los últimos gobiernos, en uno de los cuales estuvo como secretario de Educación el profesor Abel Rodríguez Céspedes, un maestro ilustre, ícono del magisterio colombiano, al que recordamos por su amor por la escuela y por los niños; si ello ocurre en la capital del país, donde existe una infraestructura adecuada, unos programas de cualificación pertinentes de maestros, un Programa de Alimentación Escolar -PAE – digno de cobertura universal, unos verdaderos equipos sicosociales y un Sistema de Alertas Tempranas para registrar las situaciones que afectan a los estudiantes de las instituciones educativas para acompañarlos socio emocionalmente y activar los protocolos establecidos en la Ley de Convivencia Escolar, podremos imaginarnos lo que sucede en otras ciudades del país.

Es el caso concreto de Cartagena de Indias, donde, la realidad no es menos grave, dada la deuda histórica que se arrastra de hace más de tres décadas, en la que sucesivos gobiernos mantuvieron a ese importante renglón social en el ostracismo. Es necesario y urgente que el gobierno local haga mayores esfuerzos, destinando suficientes recursos financieros y humanos que conjuren o al menos mitiguen la crisis de funcionamiento del sector, que no es menos grave que la descrita situación de Bogotá en razón a que también en nuestras escuelas es creciente el problema de violencia escolar, derivado del extrañamiento que experimentaron los chicos durante la ausencia de su espacio natural de convivencia y relación afectuosa con sus pares y sus maestros. No hacerlo ya puede constituirse en un gran detonante que podría profundizar su crisis.

Por ello consideramos que es oportuno y coyuntural el Foro Educativo Distrital que se anuncia para el próximo mes de junio, en el cual maestros y Gobierno, tal vez en un hecho sin precedentes, en un acto de mayoría de edad y de comprensión política de la naturaleza de la Educación como eje de transformación y movilidad social, se sentarán a discutir y diseñar una política pública que impacte al sector en términos de cobertura, infraestructura, dotación, calidad, participación e interlocución válida.

Abogamos -desde ya – porque ese gran evento se constituya en lo que tiene que ser: un espacio verdadero y fértil para que la Educación y la escuela sean ejes y fuentes reales de posibilidades de mejores condiciones de vida.


Luis Alfonso Ramírez Castellón
Maestro Educador Pedagogo
Rector de la Institución Educativa Soledad Acosta de Samper. Cartagena Co.


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